El documento propone un camino de discernimiento, escucha y comunión que involucrará a diócesis, conferencias episcopales y continentes hasta culminar en una gran Asamblea Eclesial en Roma
La Secretaría General del Sínodo dio a conocer el documento “Hacia las Asambleas 2027-2028. Etapas, criterios e instrumentos para la preparación”, un texto que define el proceso de implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad y establece un itinerario pastoral para acompañar a las Iglesias en la consolidación del camino de escucha, discernimiento y participación impulsado entre 2021 y 2024.
El documento presenta un proceso escalonado que desembocará en la Asamblea Eclesial de octubre de 2028 en el Vaticano, considerada como el momento culminante de un recorrido que quiere consolidar una Iglesia “sinodal misionera”, donde se viva la escucha, el discernimiento comunitario y la corresponsabilidad.
Nueva etapa del Sínodo impulsada por el Papa Francisco y confirmada por León XIV
El texto recuerda que las Asambleas de 2027 y 2028 forman parte de la fase de implementación del Sínodo, tercera etapa del proceso iniciado con la consulta al Pueblo de Dios entre 2021 y 2023 y continuado con las sesiones de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos celebradas en octubre de 2023 y octubre de 2024.
Asimismo, señala que esta nueva fase fue inaugurada por el Papa Francisco con la entrega del Documento Final y posteriormente “confirmada y promovida” por el Papa León XIV.
El documento señala que el objetivo no es repetir consultas ni añadir estructuras burocráticas, sino ayudar a las Iglesias locales a transformar la experiencia sinodal en “sabiduría compartida”.
Pregunta común para toda la Iglesia
Como eje articulador del proceso, el texto propone una pregunta común que deberá orientar el discernimiento en todos los niveles eclesiales: “¿Qué rostro concreto de Iglesia sinodal misionera y qué nuevos caminos de sinodalidad están surgiendo en su comunidad?”.
Según el documento, esta pregunta permitirá releer la experiencia vivida desde la conclusión del Sínodo 2021-2024, identificar transformaciones, reconocer dificultades y compartir los frutos surgidos en las comunidades.
La propuesta insiste en que las Asambleas no deben entenderse como “verificaciones técnicas” ni como ejercicios sociológicos, sino como espacios de discernimiento espiritual, escucha mutua y acción de gracias.
Participación, corresponsabilidad y escucha de las periferias
Uno de los elementos que resalta en el documento es la insistencia en una amplia participación eclesial. La responsabilidad del proceso recaerá en los obispos diocesanos, presidentes de conferencias episcopales y responsables continentales, siempre en colaboración con equipos sinodales y organismos de participación.
El texto señala que las Asambleas deberán garantizar la presencia de hombres y mujeres, jóvenes, personas en situación de vulnerabilidad, laicos, sacerdotes, diáconos, religiosos y miembros de movimientos eclesiales. También pide valorar voces que no procedan directamente de estructuras eclesiales e incluso abrir espacios a representantes de otras Iglesias cristianas y religiones cuando sea pertinente.
Además, se remarca la importancia de mantener vivos los equipos sinodales creados durante el proceso 2021-2024, considerándolos no solo estructuras organizativas, sino experiencias de escucha y corresponsabilidad.
Cuatro verbos para el camino sinodal
El documento organiza el proceso de implementación del Sínodo a partir de cuatro grandes etapas sintetizadas en verbos: “hacer memoria”, “interpretar”, “orientar” y “celebrar”.
La primera fase, prevista para el primer semestre de 2027, estará focalizada en las Iglesias locales: diócesis y eparquías, y tendrá como objetivo releer espiritualmente la experiencia sinodal vivida.
En esta etapa se buscará recoger experiencias de renovación misionera, prácticas de corresponsabilidad, procesos de discernimiento, reformas estructurales y nuevas formas de presencia pastoral.
Las diócesis deberán elaborar un relato narrativo sobre el camino recorrido y, posteriormente, redactar una carta dirigida a otras Iglesias locales del mundo para compartir los frutos más significativos del proceso.
Conferencias Episcopales: interpretar el camino común
La segunda etapa, prevista para el segundo semestre de 2027, reunirá a las Iglesias locales de cada Conferencia Episcopal nacional o regional.
Aquí el objetivo será ofrecer una interpretación teológico-pastoral del camino recorrido, relacionando las experiencias de las distintas diócesis y reconociendo convergencias, tensiones y desafíos comunes.
El documento propone elaborar fichas temáticas sobre espiritualidad sinodal, ministerios y carismas, discernimiento eclesial, transparencia, participación de los laicos, renovación parroquial, ecumenismo, diálogo interreligioso, justicia social, formación para la sinodalidad y funcionamiento de las propias conferencias episcopales.
En el caso de América Latina y el Caribe, el texto menciona específicamente a la Conferencia Eclesial de la Amazonía (Ceama), invitándola a desarrollar un camino específico que luego se integrará al proceso general de las Iglesias latinoamericanas.
Continentes llamados a discernir desafíos comunes
La tercera etapa tendrá lugar durante el primer cuatrimestre de 2028 y estará enfocada en las Asambleas continentales.
El documento explica que los continentes no son simples divisiones geográficas, sino espacios culturales y sociales donde las Iglesias pueden discernir juntas fenómenos compartidos como las migraciones, las transformaciones culturales, las tensiones políticas y los cambios en la vivencia de la fe.
En esta etapa se elaborará un “informe de perspectiva” orientado a identificar prioridades comunes y nuevas orientaciones para el futuro de una Iglesia sinodal misionera capaz de habitar el mundo contemporáneo.
La Asamblea Eclesial de 2028: celebración y discernimiento universal
El camino culminará en octubre de 2028 con la Asamblea Eclesial de toda la Iglesia en el Vaticano. El texto subraya que esta Asamblea tendrá una fuerte dimensión celebrativa y espiritual, donde las liturgias expresarán lo que significa ser una Iglesia sinodal misionera: un pueblo convocado por Dios, capaz de escuchar la Palabra, vivir la comunión y abrirse a la misión.
Al mismo tiempo, se desarrollarán espacios de diálogo y grupos de discernimiento integrados por participantes del proceso y especialistas de distintas áreas, quienes volverán sobre la pregunta central que anima todo el itinerario sinodal.
Las contribuciones surgidas durante la Asamblea serán entregadas al Santo Padre como fruto del discernimiento eclesial compartido.
El documento concluye afirmando que la acción eucarística y el discernimiento caminarán unidos durante este proceso, en el que la Iglesia busca reconocer lo vivido como un don del Espíritu y continuar generando vida bajo la guía del Papa.
Descargue aquí: https://observatoriosinodalidad.org/wp-content/uploads/2026/05/260065-ESP-Verso-le-Assemblee-2027-2028.pdf
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