La Diócesis de Macapá vivió el pasado 17 de mayo una jornada de reflexión sobre la sinodalidad y el liderazgo comunitario, durante la realización del “I Encuentro Diocesano de Coordinadores y Comunidades”, una iniciativa que tuvo el fin de fortalecer una Iglesia más participativa, misionera y cercana a las realidades del pueblo amazónico.
El encuentro, desarrollado bajo el tema “Liderazgo Sinodal”, contó con la orientación de Mons. Antonio de Assis Ribeiro, obispo de Macapá, quien invitó a los participantes a repensar no solo las acciones pastorales que realizan, sino también la manera en que las comunidades eclesiales caminan juntas.
Según resaltó el obispo, la experiencia reflejó el paso de una “Iglesia de conservación” hacia una “Iglesia en salida y conversión”, inspirada en el espíritu del proceso sinodal promovido en toda la Iglesia católica.
Caminar juntos como Iglesia
Durante su reflexión, monseñor Antonio explicó que la palabra “sinodalidad”, proveniente del griego syn y odós, expresa precisamente la idea de “caminar juntos”. Desde esta perspectiva, insistió en que nadie debe quedar al margen del proceso de renovación eclesial.
Recordando el llamado del Papa Francisco a construir una Iglesia acogedora, el obispo evocó la expresión “todos, todos, todos”, subrayando que no hay espacio para el aislamiento dentro de una comunidad que se reconoce discípula de Jesucristo.
Asimismo, señaló que bajo el pontificado de Papa León XIV, esta herencia pastoral continúa fortaleciéndose. Según explicó, el actual pontífice insiste en que la sinodalidad representa un “antídoto contra el individualismo que enferma nuestras estructuras”, recordando que el líder cristiano no debe actuar como un héroe solitario, sino como un promotor de comunión.
Jesús como modelo de liderazgo sinodal
El encuentro planteó el modelo de liderazgo de Jesús. Los participantes reflexionaron sobre diversos pasajes bíblicos que muestran cómo Cristo nunca actuó aislado, sino que llamó, formó y envió a otros para compartir la misión.
La unidad entre Jesús y el Padre: “Yo y el Padre somos uno” (Jn 10,30), fue presentada como referencia central para comprender el auténtico liderazgo cristiano.
Asimismo, se meditó sobre la obediencia de Jesús entendida no como sumisión pasiva, sino como armonía de voluntades, evocando las palabras pronunciadas en Getsemaní: “No se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lc 22,42).
A partir de estas reflexiones, los asistentes fueron invitados a cuestionarse cómo los líderes comunitarios pueden evitar caer en actitudes de autoritarismo o aislamiento, especialmente cuando el mismo Cristo afirmaba: “El Padre que me envió está conmigo; no me ha dejado solo” (Jn 8,29).
Recuperar la armonía y la corresponsabilidad
Inspirados en los relatos de los Hechos de los Apóstoles (At 2,42-46 y 4,32-34), los participantes analizaron el testimonio de la Iglesia primitiva, descrita como una comunidad que vivía “con un solo corazón y una sola alma”, donde la fraternidad y el compartir evitaban que hubiera necesitados entre ellos.
En este sentido, monseñor Antonio dijo que vivir hoy la sinodalidad implica recuperar una “armonía afectiva” dentro de las comunidades. Un coordinador auténtico, explicó, es aquel que promueve la convergencia y la unidad.
El obispo advirtió que quienes ejercen el liderazgo de manera aislada “desafinan y debilitan la Iglesia”, pues la misión común es anunciar y promover el Reino de Dios.
Obstáculos y desafíos del camino sinodal
El encuentro no evitó abordar las dificultades que todavía afectan la vida eclesial. Entre ellas se mencionaron el clericalismo, la vanidad, los chismes y el llamado “heroísmo solitario”.
Monseñor Antonio fue enfático al señalar que el apego a viejas formas de actuar y el rechazo a las orientaciones pastorales constituyen obstáculos que deben superarse mediante una sólida vida espiritual y una adecuada formación humana.
También alertó sobre el peligro de la “autorreferencialidad”, recordando que, al igual que en el misterio de la Santísima Trinidad, la vida cristiana se fundamenta en la relación y la comunión.
En este contexto, criticó actitudes como la centralización excesiva de responsabilidades, la falta de organización de equipos pastorales, el manejo poco compartido de recursos o el descuido de los espacios comunitarios, situaciones que, afirmó terminan dañando el cuerpo eclesial.
Iglesia donde nadie cargue solo
El obispo manifestó que la sinodalidad tiene consecuencias positivas para la vida pastoral, pues favorece la aparición de nuevos carismas, distribuye responsabilidades y promueve una administración más transparente y participativa.
Recordando el llamado de Jesús a Pedro a “remar mar adentro”, monseñor Antonio enfatizó que también dijo a los demás discípulos: “echen las redes”, resaltando así que la misión evangelizadora siempre es comunitaria.
Entre los signos de esta corresponsabilidad mencionó el cuidado de las personas, la elaboración de presupuestos anuales, la rendición transparente de cuentas y la atención especial hacia niños y jóvenes.
Retomando las palabras de san Pablo: “nosotros somos colaboradores de Dios” (1 Cor 3,9), el encuentro concluyó con un llamado a fortalecer la unidad y el trabajo compartido dentro de las comunidades amazónicas.
Al cierre de la jornada, el obispo expresó que ser coordinador en la Amazonía implica asumir la responsabilidad de custodiar la comunión y la unidad eclesial.
“Que cada comunidad, inspirada por este día, pueda ser un lugar donde el ‘nosotros’ prevalezca sobre el ‘yo’, y donde caminar juntos sea nuestra oración más hermosa”, señaló Mons. Antonio de Assis Ribeiro.
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