El Papa León XIV presentó la experiencia sinodal de la Iglesia como una referencia para el diálogo entre distintos sectores de la sociedad. Durante el encuentro “Fratelli tutti: Diálogo socioambiental Norte-Sur”, celebrado el 12 de septiembre en la Sala del Consistorio, señaló que escuchar las diferencias significa aprender a discernirlas y buscar desde ellas aquello que pueda servir al bien de todos.
El encuentro reunió a representantes del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, la Conferencia Eclesial Amazónica, la Conferencia de los Obispos Católicos de Estados Unidos, organismos internacionales, bancos regionales de cooperación, empresas, fundaciones, centrales sindicales, cámaras de empleadores, universidades, comunidades y redes eclesiales de América Latina, el Caribe y Norteamérica. Para León XIV, esta diversidad puede convertirse en una oportunidad para afrontar de manera compartida los desafíos que afectan al futuro común.
La sinodalidad como aprendizaje para el diálogo
Al referirse a la necesidad de construir modelos de desarrollo más humanos, sostenibles y solidarios, el Pontífice situó el diálogo como parte de la misión de la Iglesia. Recordó que esta misión implica mirar las realidades de las personas y prestar particular atención a quienes sufren con mayor intensidad las consecuencias de los cambios sociales, económicos y tecnológicos.
En este contexto, el Santo Padre sostuvo que los grandes desafíos de la actualidad superan las posibilidades de cualquier institución por separado. Por eso, propuso la necesidad de reconocer la responsabilidad propia de cada actor y, al mismo tiempo, trabajar juntos, recuperando la lógica de la subsidiariedad.
Fue al abordar la relación entre pluralismo, unidad y participación cuando introdujo de manera explícita la experiencia sinodal. El Papa sostuvo que “escuchar verdaderamente las diferencias no significa diluirlas, sino aprender a discernirlas y a buscar, desde ellas, aquello que puede servir al bien de todos”.
Para León XIV, esta actitud adquiere especial relevancia en un escenario marcado por narrativas polarizadas que pueden amplificarse rápidamente y por enfrentamientos que pueden convertirse en instrumentos de poder. Frente a ello, valoró el hecho de que personas e instituciones diferentes puedan sentarse en una misma mesa y permanecer en el diálogo incluso cuando aparecen intereses contrapuestos.
Responsabilidad compartida
La propuesta del Pontífice está estrechamente vinculada con la idea de una responsabilidad compartida. En su discurso, destacó que cuando instituciones públicas, empresas, trabajadores, universidades, comunidades y organizaciones sociales ponen en común sus conocimientos, capacidades y recursos al servicio del bien común, se expresa una convicción presente en la Doctrina Social de la Iglesia: los grandes desafíos sociales requieren participación y colaboración entre los distintos cuerpos de la sociedad.
En esa perspectiva, el Pontífice recordó que la Doctrina Social de la Iglesia puede ser entendida como “un proceso de discernimiento compartido”. Sus principios, explicó, no sustituyen las decisiones que corresponde tomar a los distintos actores, pero ofrecen criterios para valorar si esas decisiones respetan la dignidad humana y sirven al bien común.
El Papa también advirtió que el valor de los consensos alcanzados no debería medirse únicamente por el número de personas que los respaldan. Para él, deben considerarse especialmente los intereses que consiguen proteger y el impacto que tienen sobre quienes cuentan con menos posibilidades para defenderse.
Iglesia que discierne con otros
El Papa León XIV recurrió también a la figura bíblica de Nehemías, presentada al final de su encíclica Magnifica Humanitas, para explicar el tipo de respuesta que requieren los desafíos actuales. Nehemías, recordó, escuchó el sufrimiento de su pueblo, lo presentó ante Dios, discernió qué debía hacerse, buscó los recursos necesarios y organizó una tarea que solo podía realizarse con la participación de muchas personas.
Desde esa imagen, el Papa invitó a quienes participan en el diálogo Norte-Sur a dejarse interpelar por los signos de los tiempos y a incorporar los aportes de las ciencias, las culturas y las experiencias humanas para discernir posibles caminos.
La negociación forma parte también de este proceso. León XIV llamó a cultivar una “cultura de negociación” capaz de abrir caminos cuando las diferencias parecen cerrar toda posibilidad de encuentro, vinculando esta tarea con la construcción de una diplomacia orientada a la paz.
Al concluir, el Pontífice volvió a la imagen de Nehemías para recordar que la reconstrucción de Jerusalén no fue una tarea individual: cada persona asumió la parte que le correspondía. Con esa referencia, invitó a los participantes a reconocer qué parte de esta tarea común les ha sido confiada y a procurar que el progreso no genere nuevas formas de exclusión.
Foto de portada: Vatican News
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