La implementación del Sínodo sobre la Sinodalidad continúa avanzando en América del Norte, aunque todavía enfrenta desafíos relacionados con la comprensión del proceso y la participación de todos los bautizados. Así lo expresaron varios obispos de Estados Unidos y Canadá durante un encuentro celebrado en el Vaticano junto al Papa León XIV y representantes de los organismos continentales responsables de acompañar este proceso eclesial.
Según una información publicada por OSV News, los obispos de América del Norte consideran que uno de los principales desafíos en la implementación del proceso sinodal es encontrar formas más sencillas y cercanas de explicar la sinodalidad a los fieles. El arzobispo Paul S. Coakley, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), advirtió que muchas personas perciben la sinodalidad como un proceso complejo debido al lenguaje utilizado.
“La sinodalidad suele ser presentada y percibida por muchos como un proceso engorroso y complicado”, dijo, remarcando que la Iglesia debe encontrar maneras más sencillas de comunicar este camino para evitar que quede reservado únicamente para especialistas o personas familiarizadas con la terminología sinodal.
Formación y espiritualidad para caminar juntos
Los representantes norteamericanos participaron en la reunión realizada del 23 al 25 de junio en el Vaticano, donde compartieron experiencias sobre la recepción del documento final del Sínodo publicado en octubre de 2024.
Entre los avances observados, los obispos destacaron la consolidación de espacios de escucha, discernimiento y consulta en las diócesis. El obispo auxiliar Juan Miguel Betancourt, enlace de la USCCB para el sínodo, explicó que los equipos sinodales de Estados Unidos mantienen reuniones periódicas que han fortalecido la colaboración entre diócesis y favorecido procesos de planificación pastoral.
Según indicó, el método de las “conversaciones en el Espíritu” ha permitido involucrar a laicos, religiosos y sacerdotes en el discernimiento de desafíos pastorales concretos, incluyendo la reorganización parroquial, la distribución de recursos y la atención a las necesidades de las comunidades.
Por su parte, Mons. Coakley recordó que la Iglesia estadounidense cuenta desde hace décadas con organismos consultivos como consejos pastorales, financieros y presbiterales. Sin embargo, señaló que el desafío actual consiste “seguir profundizando en nuestra práctica del discernimiento y desarrollar una espiritualidad adecuada, arraigada en la oración”.
Superar resistencias y ampliar la participación
Otro de los retos identificados es la resistencia que todavía existe en algunos sectores frente al proceso sinodal. Mons. Betancourt señaló que, además de las dificultades relacionadas con el lenguaje, resulta fundamental promover una participación más amplia de los fieles, especialmente de quienes se sienten alejados o marginados de la vida eclesial.
El obispo enfatizó que todos los bautizados comparten la corresponsabilidad en la misión de la Iglesia y que una mayor participación ayuda a combatir el clericalismo y a valorar los diversos dones presentes en el Pueblo de Dios.
Insistió en que la sinodalidad no representa una ruptura con la tradición católica, sino una manera de profundizarla mediante la escucha y el discernimiento comunitario orientados a la evangelización.
Experiencias en Canadá
Desde Canadá, el obispo Pierre Goudreault reconoció que también han encontrado dificultades para involucrar a quienes se muestran más reticentes al proceso. Como respuesta, la Iglesia canadiense ha desarrollado recursos digitales y redes de acompañamiento para fomentar la formación sinodal.
El prelado sostuvo que muchas comunidades han encontrado orientación práctica gracias a herramientas que ofrecen pasos concretos para comenzar este camino. “Aprendemos la sinodalidad viviéndola, más que hablando de ella”, expresó.
En su diócesis, Mons. Goudreault impulsó un equipo sinodal coordinado conjuntamente por una mujer y un sacerdote como signo de corresponsabilidad. Además, promovió asambleas diocesanas y procesos de discernimiento comunitario para el nombramiento de sacerdotes, permitiendo que los mismos presbíteros participen activamente en la reflexión sobre las necesidades pastorales de las comunidades.
El obispo también compartió una experiencia poco habitual: someterse a una evaluación por parte de su equipo diocesano después de ocho años de ministerio episcopal. Según explicó, esta iniciativa responde a la convicción de que la sinodalidad exige rendición de cuentas y apertura a la conversión permanente.
La visión del Papa León XIV
Los obispos coincidieron en señalar que el Papa León XIV quiere dar continuidad al impulso sinodal promovido por el Papa Francisco, poniendo un énfasis especial en la comunión y la formación.
Mons. Betancourt dijo que el Santo Padre considera fundamental ayudar a superar los temores y las resistencias mediante procesos formativos que permitan comprender mejor la naturaleza de la sinodalidad.
Además, recordó que el Papa ha reiterado que este camino no pretende modificar la doctrina ni debilitar la estructura jerárquica de la Iglesia, sino fortalecer la evangelización mediante una escucha mutua más profunda y una mayor participación de todos los fieles.
Rumbo a la Asamblea Eclesial de 2028
La fase de implementación del Sínodo continuará en los próximos años con una serie de etapas que culminarán en una Asamblea Eclesial de toda la Iglesia en octubre de 2028, en el Vaticano.
El itinerario prevé asambleas diocesanas durante 2027 para evaluar la recepción del documento final, seguidas por encuentros nacionales y regionales de las conferencias episcopales. Posteriormente, se celebrarán asambleas continentales que elaborarán orientaciones para el futuro antes del encuentro final con el Papa.
Para los responsables del proceso, el desafío sigue siendo el mismo: ayudar a que la sinodalidad deje de ser un concepto abstracto y se convierta cada vez más en una experiencia práctica de escucha, discernimiento y misión compartida en la vida cotidiana de la Iglesia.
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