“La Iglesia es y será sinodal”, Mons. Luis Marín de San Martín explica la fase de implementación del Sínodo ante el Episcopado Ecuatoriano

“La Iglesia es y será sinodal”, Mons. Luis Marín de San Martín explica la fase de implementación del Sínodo ante el Episcopado Ecuatoriano
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Como parte de la CLVII Asamblea Plenaria del Episcopado Ecuatoriano, el subsecretario del Sínodo de los Obispos, Mons. Luis Marín de San Martín, compartió una ponencia sobre la fase de implementación del Sínodo de la Sinodalidad, remarcando su carácter espiritual, su dimensión pedagógica y su horizonte eclesial.

“La sinodalidad es una dimensión constitutiva de la Iglesia… siempre la Iglesia es y será sinodal”, dijo al iniciar su ponencia, aclarando que no se trata de un evento puntual, más bien, es un proceso permanente que configura el ser, el hacer y el estilo de la Iglesia.

Tres fases y un horizonte común

Mons. Marín estructuró su exposición en tres partes: la definición de la fase de implementación, las actitudes necesarias para vivirla, y algunas indicaciones prácticas.

Recordó que el Sínodo convocado por el Papa Francisco consta de tres fases: preparatoria, celebrativa e implementación. Esta última no es una prolongación del Sínodo, es su encarnación en la vida cotidiana de las Iglesias locales, partiendo del Documento Final que, por primera vez, es magisterio pontificio.

“Este Documento Final no es un recetario, sino un texto denso, con principios que deben ser inculturados”, señaló, remarcando que toda implementación debe considerar los distintos contextos culturales.

El texto del Sínodo está llamado a “empapar la vida de la Iglesia”, sin quedar en teorías. Se debe aplicar en cada Iglesia local de manera circular, es decir, comenzando y culminando en el pueblo de Dios.

Disposiciones personales y claves sinodales

Mons. Marín insistió en la dimensión espiritual del proceso sinodal. La disposición básica es la humildad: “solo el humilde puede abrirse a las maravillas de Dios”. Esta humildad da paso a dos actitudes: el silencio y la escucha, vividos en clave orante. La sinodalidad, acentuó, es un acontecimiento del Espíritu Santo.

A estas actitudes se suman tres claves para el proceso: Experiencia, la sinodalidad debe ser vivida, no sólo pensada; conciencia de ser Iglesia, con unidad y participación diferenciada; y dinamismo misionero, “todo lo que se encierra en sí mismo se muere”, explicó, invitando a una Iglesia abierta y en salida.

Objetivos y cronograma para la implementación

La fase de implementación quiere, entre otros objetivos, experimentar prácticas y estructuras renovadas que fortalezcan la vida sinodal, y mantener vivo el intercambio de dones entre las iglesias locales.

El cronograma presentado como primicia tiene contemplado:

  • 2025-2026: trabajo en Iglesias locales y agrupaciones.
  • Primer semestre 2027: asambleas diocesanas de evaluación.
  • Segundo semestre 2027: asambleas nacionales e internacionales.
  • 2028: asambleas continentales y asamblea ecuménica en el Vaticano.

“No hay que repetir la fase diocesana, no hay que volver atrás, no hay que quedarnos estancados en lo que ya se ha vivido, sino se trata de avanzar, se trata de seguir desarrollando”, aclaró.

Participación, corresponsabilidad y estructuras

Mons. Marín alertó contra el riesgo de que la sinodalidad quede en manos de “pequeños grupos muy motivados”. La fase de implementación debe implicar a todo el pueblo de Dios, comenzando por las parroquias y especialmente cuidando a los párrocos.

También insistió en que deben fortalecerse los consejos pastorales y económicos, asegurando su pluralidad, funcionamiento real y renovación periódica. “El párroco no es un pequeño rey en su reino; es un servidor”.

El obispo diocesano es el principal responsable de esta fase: abrirla, acompañarla y concluirla. Para ello, debe apoyarse en tres interlocutores: el presbiterio, los organismos de participación diocesanos y el equipo sinodal.

El Documento Final como herramienta central

El documento del Sínodo debe ser leído comunitariamente, desde una espiritualidad sinodal. Es un texto unitario que no debe fragmentarse. Entre sus ejes doctrinales están: La eclesiología del Vaticano II; una Iglesia en salida y misionera; el intercambio de dones; el impulso ecuménico; y el diálogo interreligioso y con la sociedad.

Son seis las líneas de acción para la implementación: Promover la espiritualidad sinodal, garantizar el acceso a responsabilidades laicales, desarrollar nuevos ministerios según el contexto, fomentar el discernimiento eclesial, activar procesos decisionales sinodales, y asegurar transparencia y rendición de cuentas.

Mons. Marín concluyó ratificando la disposición de la Secretaría General del Sínodo para acompañar a las Iglesias locales.

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