La eco-sinodalidad propone caminar juntos al cuidado de la casa común

La eco-sinodalidad propone caminar juntos al cuidado de la casa común
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La sinodalidad y el cuidado de la casa común no pueden caminar por caminos separados, esta fue una de las principales ideas compartidas durante el panel “Caminar juntos: Vivir la sinodalidad en clave de ecología integral (eco-sinodalidad)”, realizado en el marco del primer Encuentro Regional Hispanoamericano del Movimiento Laudato Si’. El espacio reunió las voces de María Lía Zervino, la hermana María Inés Castellaro y el padre Francisco Gerardo Hernández Rojas, con la moderación de la hermana Zulma del Pilar Hincapié Rojas.

El diálogo permitió recorrer el camino de la Iglesia latinoamericana hacia una experiencia cada vez más participativa y comunitaria, pero también poner sobre la mesa los desafíos que implica vivir una sinodalidad que incorpore el clamor de los pueblos, de los territorios y de toda la creación.

Historia de escucha

María Lía Zervino recordó algunos de los momentos que han trazado este camino, desde el Concilio Vaticano II y las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano y del Caribe hasta la Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe y el Sínodo para la Amazonía.

En ese recorrido situó especialmente el llamado realizado por el Papa Francisco en 2015, cuando dijo que “el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”. Para María Lía, esta perspectiva implica asumir un estilo sinodal que atraviese a todo el Pueblo de Dios y que tenga como base la escucha recíproca.

“La primera, la famosa frase, ¿se acuerdan? El camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”, recordó. Y explicó que este camino supone también una transformación en la manera de comprender la autoridad: “la pirámide invertida con la autoridad abajo”.

El camino sinodal

La panelista identificó tres momentos en el proceso sinodal: la consulta y escucha del Pueblo de Dios, el discernimiento y, finalmente, la implementación. En este último punto puso especial énfasis: “¿Sirve de algo todo lo anterior si queda en un cajón, si queda en las mentes, en un documento? Sirve de algo si no bajamos a nuestra realidad y lo implementamos”.

María Lía relacionó el camino sinodal con la experiencia del Movimiento Laudato Si’, que, señaló, ha ido desarrollándose mediante procesos de escucha, discernimiento y articulación. “Llegamos al 2026 con un nuevo hito en este proceso de caminar juntos, de vivir la sinodalidad en clave ecológica”, dijo al referirse al encuentro regional.

“Vivir la sinodalidad en clave ecológica integral significa que nos proponemos profundizar nuestra conversión ecológica para poder responder al grito de los pobres y del planeta”, expresó.

“Nacer de nuevo” para escuchar a la tierra

La hermana María Inés Castellaro propuso mirar la eco-sinodalidad desde la imagen evangélica de Nicodemo y el llamado a “nacer de nuevo”. Desde allí manifestó que la relación entre sinodalidad y ecología integral no puede reducirse a dos agendas pastorales paralelas. “Estamos llamados a nacer de nuevo”, reiteró. Para la religiosa, esta conversión supone salir de las certezas y dejarse interpelar por el clamor de la tierra y de los pobres, superando esquemas que dificultan una verdadera transformación comunitaria.

“La sinodalidad y la ecología integral no son dos tareas paralelas, son la misma conversión interior y comunitaria”, sostuvo. Y añadió: “No podemos hablar de sinodalidad si en nuestro caminar juntos dejamos afuera el gemido de los ríos contaminados, el dolor de los bosques deforestados y la voz de las comunidades despojadas”.

La Hna. Castellaro retomó el principio de que “todo está conectado” para subrayar que la crisis ambiental y la crisis social forman parte de una misma realidad. En este sentido, alentó a pasar de una lógica de dominio sobre la creación a una comprensión basada en la interconexión, la compasión y el cuidado. “Ser de nuevo en clave eco-sinodal exige pasar de hacer proyectos para la tierra a escuchar la tierra. Significa asumir que la voz de los territorios es una voz teológica”.

Iglesia que se mueve hacia las periferias

La religiosa también puso en valor el aporte de los pueblos originarios y de sus saberes para comprender el territorio como un espacio de encuentro y no como un objeto de explotación. Desde esta mirada, propuso fortalecer las alianzas entre congregaciones, laicos, movimientos sociales, pueblos originarios, organizaciones locales e iglesias.

Para la Hna. Castellaro, esta transformación también interpela directamente a la vida religiosa. Propuso pasar de una pastoral de conservación a una pastoral de itinerancia, capaz de habitar las periferias socioambientales y de revisar las formas tradicionales de presencia eclesial. “La transformación eco-sinodal nos saca del centro, nos ubica en la red, sirviendo a la vida amenazada”, señaló.

En esta tarea, manifestó la necesidad de comunidades solidarias, interculturales e intercongregacionales, además de liderazgos entendidos como servicio. También llamó a incorporar una “escucha cósmica” en los procesos de discernimiento comunitario, atendiendo a las dinámicas y necesidades de los territorios. “La eco-sinodalidad es un camino sin retorno. No hay verdadera sinodalidad si excluimos a la creación de nuestras decisiones comunitarias”, remarcó. Su propuesta terminó con una invitación a reconocer los procesos que ya están naciendo: “Lo nuevo no es un futuro lejano, lo nuevo es este tejido que ya estamos haciendo hoy aquí”.

Pastoral de solidaridad

El padre Francisco Gerardo Hernández Rojas llevó la reflexión hacia la experiencia del trabajo en red. Desde su trayectoria en el Celam y la pastoral social latinoamericana, explicó que una de las claves del camino sinodal consiste en pasar “de una pastoral de la soledad a una pastoral de la solidaridad”.

El padre Hernández recordó el proceso de articulación que se ha desarrollado en América Latina y el Caribe y la aparición de diversas redes pastorales y estructuras eclesiales de comunión y participación. Según explicó, actualmente existen más de 30 redes que buscan caminar juntas desde la diversidad social, cultural y territorial de la región.

En este proceso hizo hincapié en la presencia del Movimiento Laudato Si’ y su participación en distintas redes: “Ustedes testimonian a la Iglesia todo lo que se puede hacer un camino juntos sin perder la identidad de su carisma, respetando diversidades, pero al mismo tiempo haciendo una ruta de participación, discernimiento y escucha”.

La sinodalidad se construye paso a paso

Para el sacerdote, trabajar en red requiere reconocer que el Espíritu Santo es protagonista, pero también cultivar paciencia, constancia, perseverancia, creatividad y audacia. “El camino juntos tiene la necesidad de la paciencia, tiene la necesidad de la constancia, de la perseverancia, de la valentía creativa y de la audacia”, expresó.

El padre Hernández insistió en que la sinodalidad no es un proceso inmediato, sino un camino que requiere tiempo: “Hay que ir tomando ese proceso de ir paso a paso, de irnos acompañando en esta historia juntos”.

En esa experiencia, remarcó algunos aprendizajes del trabajo en red: asumir las diversidades sin convertirlas en divisiones, construir unidad, generar solidaridad y reconocer la complementariedad de las distintas vocaciones, carismas y ministerios. “La sinodalidad supone una espiritualidad que consiste en amar y escuchar con responsabilidad y con compromiso”, recordó.

Redes para cuidar la casa común

También relacionó directamente la sinodalidad con la misión. “No podemos ser una Iglesia sinodal si no somos misioneros”, sostuvo, al tiempo que subrayó la importancia de que las periferias tengan un lugar central en la acción pastoral. El trabajo en red, añadió, también constituye un testimonio frente a un mundo marcado por la fragmentación y el individualismo: “Podemos trabajar juntos, aun siendo diferentes y diversos”.

El sacerdote señaló que este camino de articulación también permite avanzar en procesos de conversión eclesial, ambiental y sinodal, incluyendo la transformación de estructuras que pueden dificultar la participación. Las redes, explicó, permiten interactuar entre vocaciones, carismas y ministerios, de manera que todos puedan sentirse sujetos y responsables dentro de la misión. En este proceso, propuso mantener una Iglesia en salida, misionera y arraigada en sus contextos.

Como metodología para continuar avanzando, recuperó el camino aprendido durante el proceso sinodal: volver constantemente sobre la realidad para escuchar, discernir, interpretar, responder y proyectar. Se trata, explicó, de generar procesos que permitan una praxis transformadora y que, a su vez, conduzcan a nuevas reflexiones.

El panel extendió una invitación a continuar construyendo redes y cuidando la casa común desde la esperanza: “Caminemos siempre en la esperanza, de quienes somos testigos del amor de Dios en la historia y queremos ofrecer nuestro corazón para que otro mundo sea posible”, expresó el padre Francisco Hernández.

Fuente:  ADN Celam – Micaela Díaz

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