La escucha de los pueblos amazónicos durante la preparación del Sínodo para la Amazonía abrió un camino de reconocimiento, participación y pertenencia eclesial. Para monseñor Eugenio Coter, aquella experiencia permitió descubrir que, más allá de las tensiones políticas, las comunidades indígenas y campesinas deseaban encontrarse con sus pastores, compartir su vivencia de fe y aportar a la Iglesia desde sus propias realidades.
Al recordar este proceso en Algo Cambió, el obispo resalta que la participación de estas comunidades fue el comienzo de una experiencia que debía continuar. “De veras que sentí que esto queda, esto es para que continúe en el proyecto de Dios. Esto va creciendo, esto ya es sólido”, afirma al evocar el momento en que percibió que algo importante estaba naciendo para los pueblos amazónicos y para la Iglesia.

La escucha abrió un camino que no podía volver atrás
Durante la preparación del Sínodo para la Amazonía, en Bolivia se convocó a las comunidades desde las parroquias, pero también a través de los movimientos sociales indígenas y campesinos. La invitación quería escuchar cómo se relacionaban con la Iglesia, qué esperaban de ella y cómo vivían su camino personal y cristiano en la realidad amazónica. “Llegaron en un gran número y expresaron este deseo de ser acompañados en su vida, de no caminar solos”, recuerda monseñor Coter.
La respuesta de las comunidades mostró que, detrás de las tensiones y de una aparente rigidez política, existía una disposición al encuentro y al diálogo. “El encuentro vivido con las realidades indígenas y campesinas en la etapa de preparación mostró que, detrás de una fachada política de rigidez que los tiempos políticos querían mostrar, incluso frente a la Iglesia, la gente tenía ganas y deseo de encontrarse y compartir la vivencia de la fe con los pastores”, explica.
La experiencia de escucha permitió que los pueblos expresaran su identidad y su lugar en la Iglesia universal. Para el obispo, una de las convicciones que surgieron de aquellos encuentros fue que las comunidades amazónicas eran parte de un mismo pueblo de Dios, con igual dignidad y capacidad de aportar: “Nosotros somos Iglesia que vive en la selva y somos esta Iglesia que tiene la misma dignidad de la que vive en Roma y en los escenarios ‘grandes‘”, expresa.
A ello se sumó el reconocimiento de que su participación tenía un valor real para el caminar eclesial: “sentimos que somos valorados y que también podemos aportar a esta caminada a la que el Papa Francisco nos ha llamado”, recuerda.

De sentirse acompañados a reconocerse como Iglesia
Uno de los frutos de este proceso fue el cambio en la manera en que las comunidades percibían su relación con la Iglesia. No se trataba solamente de experimentar la cercanía de los misioneros y pastores, sino de reconocerse como parte activa de la comunidad eclesial. “Esto nos ha hecho sentir que somos Iglesia, no simplemente que la Iglesia está cerca de nuestra vivencia”, subraya monseñor Coter.
Esta convicción también se expresa en la manera en que los pueblos amazónicos buscan vivir su fe desde sus propias realidades, sin que su identidad dependa exclusivamente de la presencia de agentes pastorales externos. “Y como Iglesia de la selva estamos buscando vivir nuestra vida de la mano de Dios con (o sin) los misioneros y pastores que nos acompañan fraternalmente”, señala.
El reconocimiento que llegó desde Roma y desde otros lugares del mundo contribuyó a que las comunidades se sintieran valoradas y capaces de enriquecer la vida de la Iglesia universal. Para el obispo, esta experiencia confirmó la importancia de escuchar a quienes, desde sus territorios, tienen mucho que aportar al conjunto eclesial.

Proceso que sigue creciendo
Al evocar aquel momento, monseñor Coter sostiene que sintió que comenzaba algo decisivo, tanto para las comunidades como para una Iglesia llamada a vivir su fidelidad a Dios también mediante la fidelidad a los pueblos.
Su convicción es que el camino abierto durante la preparación del Sínodo no se agotó con su celebración. “Y lo que nació sucesivamente (o tomó fuerza) es la continuidad de esta experiencia”, señala.
No obstante, reconoce que todavía quedan desafíos por afrontar: “Personalmente considero que este proceso (o camino) sigue abierto y tiene todavía varios desafíos por delante”. Al mismo tiempo, identifica un avance en el reconocimiento de la identidad amazónica: “La Iglesia en la Amazonía tiene su rostro cada vez más presente y reconocido”.
En el marco de los siete años del Sínodo para la Amazonía, su testimonio en Algo Cambió recuerda que la sinodalidad abre espacios de escucha y, sobre todo, da continuidad a los procesos que nacen de ella. Para que esa experiencia permanezca, es necesario reconocer la voz de las comunidades, acompañar sus búsquedas y acoger su contribución a la vida de la Iglesia.
Monseñor Coter concluye con una imagen que expresa tanto la esperanza como la tarea pendiente: “Es y será una bendición sobre nuestro desafío de seguir navegando los ríos de nuestra humanidad”.
Fuente: Micaela Díaz – ADN Celam
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