La Iglesia está llamada a renovar su vocación misionera desde la acogida, la paciencia y la misericordia. Esto se desprende de una reflexión de Dom Paulo Andreolli, SX, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Belém, con la colaboración del seminarista Antonio Wemerson Barbosa da Silva. Este texto propone volver al Evangelio para comprender que la misión de la Iglesia no consiste en excluir, sino en acoger, reconciliar y ofrecer caminos de conversión y recomienzo. La imagen de una “casa abierta para todos” resume una visión pastoral profundamente evangélica: una comunidad que no cierra sus puertas ante la fragilidad humana, sino que acompaña, escucha y ayuda a producir frutos de justicia, fraternidad y paz.
El Reino crece con paciencia
El punto de partida de la reflexión es el Evangelio de Mateo 13,24-43, proclamado en el 16º Domingo del Tiempo Ordinario, donde Jesús presenta tres parábolas fundamentales: la del trigo y la cizaña, la de la semilla de mostaza y la del fermento. Estas imágenes permiten contemplar el modo en que Dios actúa en la historia y en el corazón humano, no desde la imposición ni la condena inmediata, sino desde una paciencia capaz de esperar el crecimiento del bien aun en medio de la fragilidad.
La parábola del trigo y la cizaña muestra que el Reino de Dios ha sido sembrado en la vida de cada persona, pero también advierte que el mal puede encontrar espacio cuando aparecen la distracción, la debilidad o el alejamiento espiritual. La pregunta “¿De dónde viene la mala hierba?” permite reconocer que la cizaña nace de aquello que divide, desalienta y aparta de Dios. Sin embargo, el dueño del campo no actúa con precipitación: espera el tiempo oportuno y revela así la paciencia de Dios, que no renuncia a la posibilidad de transformación de sus hijos.
Esta mirada invita también a una revisión interior. En el corazón humano conviven el trigo y la cizaña, es decir, los buenos sentimientos y las actitudes egoístas que frenan el crecimiento del amor y la bondad. Dios conoce las limitaciones humanas, pero sigue sembrando en cada persona la buena semilla, confiando en su capacidad de producir frutos de justicia, fraternidad y paz. Por eso, la vida cristiana no puede reducirse a señalar el mal ajeno, sino que debe comenzar por el discernimiento humilde de la propia vida.
Pequeños gestos que transforman
Las parábolas de la semilla de mostaza y del fermento amplían esta enseñanza. La semilla es pequeña y sencilla, pero puede crecer hasta convertirse en abrigo; el fermento actúa de manera silenciosa, pero transforma toda la masa. Así también ocurre con la misión cristiana: los gestos pequeños, cuando nacen de la fe, la esperanza y el amor, pueden transformar vidas y realidades enteras. Ningún servicio sincero, ninguna participación pastoral y ningún acto de solidaridad son insignificantes ante la lógica del Reino.
Desde esta perspectiva, la Iglesia misionera está llamada a salir al encuentro de quienes están alejados, olvidados o desanimados en su camino de fe. El testimonio sencillo de los cristianos, el diálogo, la escucha y la caridad hacen posible que el Evangelio siga tocando contextos marcados por la indiferencia, la violencia y la falta de esperanza. La misión no se cumple desde la superioridad moral, sino desde la cercanía concreta con las heridas del pueblo, allí donde la comunidad cristiana puede ser presencia que acompaña, fortalece y cura.
“Nadie crece solo en la vida espiritual”, recuerda el texto original, y esa afirmación resume una clave esencial de la vida eclesial. Dios reúne a su pueblo en comunidad para que, sostenido por la Palabra y la fraternidad, aprenda a cargar los fardos de los demás. En una sociedad marcada por el individualismo, la Iglesia debe ser cada vez más casa de comunión, un espacio donde cada persona pueda poner sus dones al servicio del bien común. Así, la Iglesia misionera permanece como “casa abierta para todos”, reflejo de la misericordia divina que no abandona a sus hijos.
Podría interesarte: “Hacer memoria”: el Vaticano presenta orientaciones para evaluar el camino sinodal en las Iglesias locales rumbo a la Asamblea Eclesial de 2028
Libro recomendado: IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña Horizontes de liberación: Tejiendo esperanzas desde abajo
Suscríbete a nuestro canal de Whatsapp: https://whatsapp.com/channel/0029VazM21X6WaKvBlZ91E47
Descarga el último cuaderno de estudio 011: Cuaderno de estudio 011

Enviar comentario