Con motivo del Encuentro de Obispos Secretarios y Secretarios Ejecutivos de los regionales de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), realizado en Brasilia, el padre Tiago Síbula, asesor de la Comisión Episcopal para la Comunicación, ofreció una reflexión acerca de la sinodalidad, la comunión eclesial y los desafíos que surgen en las relaciones humanas dentro de la misión pastoral y administrativa de la Iglesia.
Durante su intervención, el sacerdote recordó que una Iglesia sinodal se caracteriza, ante todo, por la capacidad de escuchar. En ese sentido, señaló que obispos, sacerdotes, religiosos y laicos están llamados a aprender mutuamente y a discernir juntos aquello que el Espíritu Santo inspira para la vida eclesial.
Para explicar la dinámica de la comunión, utilizó la imagen de una orquesta, donde cada instrumento aporta su riqueza sin imponerse sobre los demás. De manera similar, afirmó que la vida de la Iglesia requiere espacios donde todas las voces puedan expresarse y, al mismo tiempo, permanezcan abiertas a la escucha de los otros. “Sin libertad para hablar, el diálogo se convierte en una simple formalidad. Sin humildad para escuchar, la libertad termina transformándose en división”, advirtió.
Los riesgos que debilitan la comunión
En su reflexión, el padre Síbula identificó tres actitudes que pueden erosionar el trabajo conjunto dentro de la Iglesia. La primera consiste en sustituir el encuentro personal por interpretaciones o juicios construidos a distancia sobre personas, organismos o regiones eclesiales.
La segunda tentación es reducir a las personas al cargo o función que desempeñan, olvidando que detrás de cada responsabilidad existe una historia de vida, desafíos y experiencias que merecen ser reconocidos.
La tercera aparece cuando se instala una lógica de división entre grupos, expresada en categorías como “nosotros y ellos”, “la sede y los regionales” o “los asesores y los obispos”. Según el sacerdote, estas dinámicas generan barreras que terminan debilitando la comunión y afectan la misión evangelizadora.
Tres caminos de conversión
Como respuesta a estos desafíos, el asesor de la CNBB propuso avanzar en una triple conversión: de las relaciones, de los procesos y de los vínculos.
La conversión de las relaciones implica reconocer que todos los bautizados comparten la misma dignidad y participan de una misma misión, más allá de las distintas responsabilidades que desempeñan.
En cuanto a los procesos, invitó a colocar nuevamente a las personas en el centro de la organización eclesial, evitando que la burocracia reduzca a los colaboradores a simples ejecutores de tareas. En este sentido, defendió que reuniones y espacios de trabajo sean también lugares de escucha, discernimiento y corresponsabilidad.
Respecto a los vínculos, subrayó la necesidad de superar divisiones y revisar aquellas estructuras que generan distancias en lugar de favorecer la cercanía. “Cuando la comunión deja de ser solo un ideal y se convierte en una forma concreta de trabajar, desaparecen los muros y crece el testimonio del Evangelio”, dijo.
La autoridad entendida como servicio
El sacerdote también relacionó la espiritualidad cristiana con los principios de la Comunicación No Violenta, remarcando que se debe observar los hechos antes de emitir juicios, reconocer sentimientos y necesidades, y formular peticiones en lugar de acusaciones.
Desde esta perspectiva, sostuvo que la gobernanza eclesial puede transformarse cuando se prioriza a la persona antes que al cargo, el diálogo antes que las decisiones unilaterales y el servicio antes que la imposición. “Administrar significa cuidar. Coordinar significa promover comunión”, resumió.
Invitó a los participantes a comprender sus responsabilidades como una colaboración con la acción del Espíritu Santo, a quien describió como el “gran artesano” que continúa modelando la vida de la Iglesia. Asimismo, recordó que la comunión, la participación y la misión deben expresarse no solo en estructuras eficientes, sino también en relaciones renovadas y en una autoridad ejercida como servicio.
Conversación en el Espíritu y búsqueda de consensos
Tras la exposición, los participantes continuaron la jornada mediante una experiencia de Conversación en el Espíritu, organizada en mesas sinodales.
A través de momentos de reflexión personal, escucha, intercambio comunitario y discernimiento conjunto, los asistentes identificaron prioridades, llamados a la conversión y acciones prácticas para fortalecer la corresponsabilidad en la misión evangelizadora.
El proceso concluyó con la elaboración de una síntesis común sobre los desafíos y compromisos que el grupo considera inspirados por el Espíritu Santo, manifestando el propósito de convertirse cada vez más en auténticos “artesanos de la comunión” al servicio de la Iglesia en Brasil.
Fuente: ADN Celam
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