La implementación de la sinodalidad en las Iglesias del Caribe avanza entre importantes frutos pastorales y desafíos formativos que todavía requieren consolidación. Así lo expresó la Conferencia Episcopal de las Antillas durante la visita ad limina realizada a la Secretaría General del Sínodo el pasado 2 de mayo de 2026.
En el encuentro, el cardenal Mario Grech recibió a los obispos de las Antillas, quienes compartieron el camino recorrido en esta etapa de implementación de las orientaciones surgidas de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo sobre la Sinodalidad.
En representación del episcopado caribeño, Mons. Charles Jason Gordon presentó un balance del proceso sinodal en las iglesias locales, resaltando tanto los avances espirituales como las dificultades que todavía enfrenta la región.

Cultura de escucha y comunión
El arzobispo Gordon manifestó que el proceso sinodal desarrollado entre 2014 y 2021 dejó importantes frutos pastorales en las comunidades eclesiales del Caribe.
Entre ellos mencionó el fortalecimiento de una cultura de escucha más abierta y respetuosa, caracterizada por la disposición a dejar de lado intereses personales para favorecer el discernimiento comunitario.
También, señaló el crecimiento de una espiritualidad marcada por la confianza, la humildad y la vulnerabilidad, permitiendo que las comunidades pasen de una lógica centrada en el “yo” hacia una experiencia eclesial construida desde el “nosotros”.
Otro aspecto valorado positivamente fue la renovada conciencia de que las fragilidades, dificultades y experiencias de sufrimiento pueden convertirse en espacios de gracia, capaces de fortalecer la comunión y la compasión dentro de la Iglesia.
Dificultades persistentes
No obstante, el presidente de la Conferencia Episcopal de las Antillas reconoció que todavía existen obstáculos importantes para consolidar la sinodalidad en la vida cotidiana de las diócesis.
Entre las principales dificultades mencionó la necesidad de una formación más estructurada sobre sinodalidad y discernimiento espiritual, así como el reto de traducir la reflexión teológica en estructuras pastorales.
También advirtió sobre la persistencia de prácticas tradicionales que dificultan la corresponsabilidad entre clero y laicos, además de ciertas resistencias al cambio y limitaciones en el liderazgo pastoral y la coordinación entre comunidades.
Según explicó, aunque muchas diócesis cuentan con consejos pastorales y otros organismos participativos, estos espacios suelen estar enfocados principalmente en aspectos administrativos o debates organizativos, sin convertirse plenamente en lugares de discernimiento espiritual comunitario.
“Conversación en el Espíritu” y formación sinodal
Frente a estos desafíos, las iglesias locales han comenzado a incorporar con mayor frecuencia la metodología de la “Conversación en el Espíritu”, promoviendo reuniones pastorales que integran oración, escucha y diálogo orientado a la misión.
El objetivo, señalaron los obispos, es que la sinodalidad no sea entendida únicamente como un proceso temporal, sino como una manera permanente de ser Iglesia, basada en relaciones pastorales más cercanas y en el acompañamiento mutuo.
Como parte de este camino, la Conferencia Episcopal de las Antillas conformó un Equipo Sinodal integrado por representantes de las 19 diócesis de la región, mientras que más de la mitad de estas jurisdicciones ya cuentan también con equipos sinodales propios.
Desde enero de 2026, el trabajo se ha concentrado especialmente en la formación y educación sobre espiritualidad sinodal, ámbito considerado prioritario para la implementación del proceso.
Los obispos resaltaron igualmente una mayor cooperación entre diócesis, a pesar de las dificultades que supone la dispersión geográfica característica del Caribe.
La formación, prioridad para la implementación
De acuerdo con los prelados antillanos, la principal necesidad actual sigue siendo la formación, tanto del clero como de los laicos, particularmente en temas relacionados con el discernimiento espiritual y la espiritualidad sinodal.
Para la Iglesia en las Antillas, la capacitación continua es considerada una condición indispensable para consolidar la implementación de la sinodalidad y fortalecer una Iglesia más participativa, corresponsable y misionera.
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