Por: Marcus Tullius**
26 de mayo de 2026
Si pudiera definir en una sola frase el informe final del Grupo de Estudio n.º 9 constituido durante el proceso sinodal, sería esta expresión de la Evangelii Gaudium, vivida de manera muy clara por el Papa Francisco a lo largo de su pontificado: “la realidad es más importante que la idea” (cf. EG 231-233).
Sabiendo que, por un lado, todavía queda un largo camino por recorrer, pero que, por otro, es necesario celebrar lo ya recorrido y los frutos de este caminar, el grupo encargado de analizar cuestiones controvertidas dio, quizá, el paso más importante al reconocer que no se trataba solamente de cuestiones controvertidas, sino de cuestiones emergentes. El cambio conceptual es explicado en el informe completo publicado el martes 5: “Mientras la expresión ‘cuestiones controvertidas’ remite principalmente al plano teórico y a la necesidad de ‘resolver un problema’, la expresión ‘cuestiones emergentes’ destaca el carácter global del compromiso que involucra a toda la comunidad eclesial y a la integralidad de la persona”.
El cambio terminológico ya aparece actualizado en el nombre del grupo, que pasó a llamarse Criterios teológicos y metodologías sinodales para el discernimiento compartido de cuestiones doctrinales, pastorales y éticas emergentes. La repercusión que tuvo el texto tras su publicación se debió, en gran medida, a la expectativa existente respecto al abordaje de la acogida de las personas homosexuales creyentes.
Aunque este no sea el único tema presente en el informe, reviste gran relevancia, ya que todavía enfrenta resistencias en muchos espacios eclesiales, tanto en las comunidades como en la propia jerarquía. Sin embargo, tales resistencias no han sido capaces de impedir la participación activa de las personas homosexuales en la vida de la Iglesia. Vale destacar el valiente ministerio, las investigaciones y el acompañamiento realizados por personas como los jesuitas James Martin, en Estados Unidos, y Luis Corrêa, en Brasil; también Cris Serra (siempre presente), Cristina Furtado y tantos hombres y mujeres que hacen de este campo el sentido de su misión, además de numerosos grupos, como Católicos LGBT+, que se convierten en espacios de resistencia y afecto.
El segundo tema emergente abordado por el informe es la no violencia activa, presentada como una interpelación urgente ante los conflictos contemporáneos, la escalada armamentista y la creciente lógica de la polarización. El documento propone que la Iglesia reconozca, en las prácticas de diálogo, reconciliación y construcción comunitaria, caminos concretos de discernimiento sinodal y testimonio evangélico, en sintonía con los recientes llamados del Papa León XIV a una paz “desarmada y desarmante”.
Encontrar la verdad a partir de una realidad cambiante
La primera parte del informe reconoce el cambio de paradigma en la misión de la Iglesia y las dinámicas del proceso sinodal que lo promueven. Esto implica una nueva manera de comprender la verdad, el discernimiento y la misión. El texto desplaza el eje de una lógica predominantemente conceptual y deductiva hacia una lógica histórica, relacional y experiencial, en la que la escucha de la realidad concreta del Pueblo de Dios se convierte en lugar
teológico de la acción eclesial.
Es precisamente en este punto donde la segunda parte encuentra su continuidad orgánica: la pastoralidad surge no como una consecuencia secundaria, sino como expresión metodológica de este nuevo horizonte eclesial. Si la verdad cristiana no puede reducirse a la aplicación abstracta de principios, sino que necesita ser discernida en el encuentro entre el Evangelio y la vida concreta de las personas y comunidades, entonces la pastoralidad deja de ser una mera estrategia pastoral para convertirse en criterio interpretativo y generador de la propia acción de la Iglesia.
Así se abre camino para comprender que “la idea desconectada de la realidad origina idealismos y nominalismos ineficaces, que a lo sumo clasifican o definen, pero no convocan. Lo que convoca es la realidad iluminada por el razonamiento” (EG 232). Este cambio, para que sea efectivo en las estructuras, los métodos, los conceptos, los procesos y las relaciones, debe partir del corazón. Es allí donde debe producirse la primera y más importante conversión para derribar modelos rígidos de discernimiento y ser una Iglesia capaz de aprender de los procesos históricos, culturales y humanos en los que el Espíritu sigue actuando.
Escuchar con atención, acoger con amor y discernir con audacia
Volviendo una vez más a la siempre actual Evangelii Gaudium, encontramos que “es peligroso vivir en el reino solo de la palabra, de la imagen, del sofisma. De ahí que haya que postular un tercer principio: la realidad es superior a la idea” (cf. EG 231). Partir de los testimonios, es decir, de las historias concretas, explican los relatores, fue la manera de intentar realizar el ejercicio de discernimiento, “identificando los ‘estados nacientes’ reconocibles en ellas, para
ofrecer algunas reflexiones y, sobre todo, algunas preguntas que puedan ayudar al desarrollo concreto de las prácticas de discernimiento sinodal en los diversos contextos eclesiales”.
Partir de la realidad es una forma de evitar “los purismos angélicos, los totalitarismos de lo relativo, los nominalismos declaracionistas, los proyectos más formales que reales, los fundamentalismos ahistóricos, los eticismos sin bondad y los intelectualismos sin sabiduría” (EG 231).
Confieso que leí el informe con emoción, porque abre una ventana de esperanza para una renovación de procesos con instrumentos concretos para afrontar las cuestiones más difíciles sin huir de la complejidad: escuchar a las personas involucradas, leer la realidad, reunir los conocimientos. Este es un criterio profundamente evangélico, esencial para la evangelización e indispensable para la misión de la Iglesia (cf. EG 233). La Palabra que ya se hizo carne (cf. Jn 1,14) continúa encarnándose en la vida concreta de las mujeres y hombres de hoy, en las relaciones y en los vínculos.
Especialmente a partir de los testimonios de personas homosexuales presentes en el texto, hay una hermosa afirmación de la comunidad dentro del proceso sinodal. A pesar del sufrimiento vivido por estas personas en algunas experiencias negativas, la enseñanza positiva destacada por el informe reside en constatar que la comunidad cristiana es un lugar donde “todos somos amados”.
Reconocer y afirmar la comunidad no solo como lugar de acogida, sino como espacio donde se experimenta la dimensión sanadora del amor, es volver a la experiencia originaria del cristianismo y desafiar proféticamente a las cristianas y cristianos de hoy. En esta sociedad hiperconectada, marcada por la formación de enjambres digitales y por la lógica del rendimiento, se multiplican las conexiones, pero escasean los vínculos profundos. Vivimos cada vez más conectados y, al mismo tiempo, con crecientes dificultades para construir comunión, pertenencia y relaciones
verdaderamente consistentes.
Lo que veo como una de las mayores contribuciones del informe del Grupo 9 es recordar a la Iglesia que evangelizar no significa defender ideas abstractas, sino hacer visible, en la historia concreta de cada persona, la experiencia del encuentro con Cristo. El camino de no ofrecer soluciones simples y prefabricadas para problemas complejos propone un método profundamente evangélico: escuchar antes de condenar, discernir antes de simplificar y caminar juntos antes de excluir.
En un tiempo marcado por la polarización, el miedo a la diferencia y la tentación constante de transformar la fe en una trinchera identitaria, el informe vuelve a colocar a la comunidad cristiana frente a su vocación original: ser espacio de encuentro, cuidado, verdad y comunión. Tal vez por eso su gesto más profético no esté solamente en los temas que aborda, sino en la forma en que decide abordarlos: partiendo de la realidad de las personas, porque es allí —y no fuera de ella— donde el Espíritu sigue hablando a la Iglesia.
**Maestro en Comunicación Social, coordinador de comunicaciones de Cáritas América Latina y el Caribe; investigador de comunicación y religión. Fue coordinador de la Pastoral de la Comunicación en el ámbito de la Conferencia Episcopal de Brasil (CNBB) entre 2018 y 2024. Actualmente presente el programa Iglesia Sinodal en emisoras de inspiración católica en Brasil. Fue vencedor del premio Papa Francisco por su tesis de maestria en los Premios de Comunicación de la CNBB (2025).
