Por: Andrea del Lourdes Castillo Muñoz*
03 de septiembre de 2026
Esta reflexión emana en tiempos de aguacero, en un pleno invierno del sur, donde cabe el tiempo de las preguntas, más no sé si de las respuestas ¿En qué aportan las mujeres jóvenes desde su identidad y espiritualidad a la sinodalidad de la iglesia? ¿Hay novedad en cómo creen las mujeres jóvenes sobre lo sagrado? Un sentipensar que nace de la experiencia de escucha e intercambio semanal con mujeres jóvenes universitarias provenientes de diversas áreas del conocimiento (como las ciencias sociales, de la salud, humanidades y ciencias exactas), en el marco del curso Mujeres, cuerpos y espiritualidades. Esta confluencia interdisciplinaria nos abre un horizonte sumamente enriquecedor, impregnado de una gran variedad de lenguajes, enfoques metodológicos, experiencias de vida y desafíos concretos que interpelan directamente la realidad actual.
El camino de la sinodalidad en la Iglesia católica nos invita a redescubrir lo que significa verdaderamente “caminar juntas y juntos”. No obstante, si este dinamismo aspira a encarnar una auténtica renovación pastoral e institucional, no puede limitarse únicamente a debates intraeclesiales o a la reforma de estructuras jurídicas y administrativas. Es imprescindible ensanchar el horizonte de escucha e integrar ejes fundamentales que surgen desde las vivencias concretas, la espiritualidad y la corporalidad de las mujeres jóvenes.
En primer lugar, un aporte sustancial que la sinodalidad debe asumir es la resignificación de lo sagrado desde la experiencia cotidiana y encarnada. Las jóvenes están transitando desde esquemas dogmáticos rígidos hacia espiritualidades personalizadas y comunitarias, donde lo sagrado se manifiesta en el cuidado del cuerpo, la búsqueda de bienestar integral y el cultivo de relaciones auténticas. Esto no constituye un mero abandono de la fe, sino un clamor por una experiencia espiritual genuina, libre de sesgos androcéntricos y mandatos autoritarios. La sinodalidad se enriquece cuando comprende que el Espíritu de Dios actúa también fuera de los límites doctrinales tradicionales, invitando a la Iglesia a dialogar con estas nuevas cosmovisiones.
En segundo lugar, resulta urgente integrar la corporalidad como un lugar teológico e itinerario de sanación. Para muchas mujeres jóvenes, el cuerpo ha sido históricamente un espacio de vulnerabilidad, marcado por experiencias de reclusión, violencia o la imposición de estereotipos. Frente a una teología que en ocasiones ha abordado el cuerpo femenino de forma abstracta o restrictiva, el caminar sinodal debe reconocer las heridas compartidas y transformar la comunidad eclesial en un refugio seguro y de reconciliación. Escuchar a las jóvenes implica acoger su necesidad de habitar sus cuerpos con dignidad, autonomía y libertad.
Por último, la sinodalidad debe abordar con valentía el contrapunto existente entre la reforma de la estructura clerical y las búsquedas de emancipación personal. Mientras la institución discute la apertura de ministerios sacramentales o el acceso a cargos de decisión, una parte significativa de la juventud resuelve su búsqueda de sentido al margen de la validez institucional. Para superar esta brecha, el proceso sinodal debe desmantelar de manera decidida la matriz clerical y patriarcal. Garantizar una verdadera corresponsabilidad bautismal y una cultura del reconocimiento recíproco permitirá construir una Iglesia genuinamente fraterna y sororal, capaz de ofrecer a las nuevas generaciones un espacio auténtico de comunión y misión.
Poesía de comedor
“Me he propuesto escribir poesía para ser leída desde abajo…
es insistente, gritona y guatona,
decía que nos pertenece, que me desborda y me libera y me revela…
junta palabra con palabra sin las comas necesarias…
nacida sin tanto engranaje más que la memoria de mi cuerpo”.
Leslie Alvarado Llanquilef
(Del libro Inche Nacida Humana, 2021)
* Teóloga por la Pontificia Universidad Católica de Chile, Magíster y Doctora en Estudios Interculturales por la Universidad Católica de Temuco. Se desempeña como Coordinadora del Observatorio de Equidad de Género y docente en la Dirección de Formación Humanista y Cristiana de la Universidad Católica de Temuco.
