La comunicación también puede ser un lugar donde la Iglesia aprende a caminar junta. Escuchar distintas voces, compartir experiencias, discernir los desafíos y buscar respuestas comunes fueron parte de la experiencia vivida en Santiago de Chile durante la Primera Asamblea General Ordinaria de la Red Eclesial de Comunicación de Latinoamérica y el Caribe (Reclac).
Del 27 al 30 de julio, representantes de 18 países participaron en un encuentro que reunió a comunicadores católicos, obispos, sacerdotes, religiosos y laicos. La Asamblea llegó después del camino iniciado por la Red desde su creación y permitió avanzar en su organización y en las prioridades que orientarán su misión durante los próximos años.
La aprobación de los Estatutos y la elección de los primeros coordinadores marcaron algunos de los principales resultados de la Asamblea. El mensaje final pone el acento en una dimensión que atraviesa todo el encuentro: la experiencia fue vivida “en espíritu de comunión y sinodalidad, con Jesucristo en el centro” de la misión.

La sinodalidad como forma de comunicar
El camino recorrido en Santiago permite mirar la sinodalidad desde un ámbito concreto de la vida de la Iglesia: la comunicación. Una red continental integrada por distintas Iglesias y organismos necesita espacios para escucharse y reconocer las particularidades de cada realidad. En este sentido, la Asamblea fue una oportunidad para poner en común experiencias y discernir el futuro de la comunicación eclesial.
El documento final resalta que las jornadas estuvieron atravesadas por “discernimiento, escucha y fraternidad”. Los participantes agradecieron el camino compartido y expresaron su deseo de seguir construyendo una comunicación al servicio del Evangelio y de los pueblos.
Esta perspectiva también se refleja en la relación que la Red busca mantener con los pastores. El mensaje reconoce el acompañamiento de los obispos y expresa la disposición de los comunicadores a continuar caminando junto a ellos, entendiendo que una comunicación vivida en comunión puede contribuir a la misión evangelizadora de la Iglesia.
Así, la sinodalidad no queda reducida a una palabra utilizada durante la Asamblea. Se manifiesta en una manera de trabajar: escuchar antes de decidir, reconocer los aportes de otros y buscar caminos que puedan ser asumidos en común.

Discernir juntos ante la inteligencia artificial
El debate sobre la inteligencia artificial añadió otra dimensión a este discernimiento. Antes de la Asamblea se realizó el VII Seminario Internacional de Comunicaciones de Iglesia, dedicado a los desafíos que plantea esta tecnología. Durante las jornadas, la reflexión abordó sus implicaciones para la evangelización y para la ética de la comunicación.
El encuentro vinculó esta discusión con la encíclica Magnifica Humanitas y con la centralidad de la persona humana. El mensaje de la Asamblea sostiene que el desarrollo tecnológico solo adquiere pleno sentido cuando está orientado al servicio de las personas, protege su dignidad y pone las herramientas al servicio de la verdad y del bien.
Para la comunicación de la Iglesia, esto plantea una tarea que no es solamente técnica. Se trata de discernir qué uso hacer de las nuevas herramientas y cómo incorporarlas sin perder de vista aquello que da sentido a la comunicación: la persona, sus historias, sus esperanzas y su capacidad de encuentro.
En ese desafío, la sinodalidad ofrece también un método. Frente a transformaciones que afectan a toda la sociedad, la Iglesia necesita espacios donde diferentes experiencias puedan encontrarse, formular preguntas y buscar respuestas de manera comunitaria.

Comunicación que no pierde de vista a los pueblos
El camino sinodal de la comunicación también implica mirar las situaciones concretas que atraviesan las comunidades. Durante la Asamblea, los comunicadores expresaron su cercanía con los pueblos de Venezuela y Cuba. En el primer caso, manifestaron solidaridad con las familias y comunidades afectadas por los terremotos; respecto a Cuba, hicieron referencia a las consecuencias de la prolongada crisis energética.
El mensaje final vincula esta solidaridad con la propia misión comunicativa. Los participantes expresaron su decisión de visibilizar las realidades, esperanzas y desafíos de estos pueblos y de promover una comunicación capaz de generar fraternidad, solidaridad y paz.
Esta mirada amplía la comprensión de la comunicación eclesial. Escuchar significa también prestar atención a quienes viven situaciones de vulnerabilidad y ayudar a que sus historias tengan un espacio en la conversación pública.

Palabras que construyan encuentro
Uno de los llamados más claros del mensaje final se refiere al modo de comunicar en una sociedad atravesada por conflictos y divisiones. Los participantes reconocieron que las palabras pueden alimentar la confrontación y que los espacios de comunicación también pueden reproducir dinámicas de descalificación y agresividad. Ante esta realidad, asumieron como propia la invitación del Papa León XIV a “desarmar las palabras de toda agresividad”. La propuesta es construir otra manera de comunicar: una que anuncie el Evangelio con esperanza, promueva el encuentro y sea capaz de tender puentes.
Esta dimensión resulta especialmente significativa desde la perspectiva sinodal. Caminar juntos supone aceptar que existen diferencias, pero también crear condiciones para escucharse y reconocerse mutuamente. La comunicación puede contribuir a ese proceso cuando deja de ser un espacio de confrontación para convertirse en un lugar de encuentro.
El mensaje invita por ello a los comunicadores a continuar trabajando para que sus palabras, imágenes e iniciativas contribuyan a una América Latina y un Caribe más unidos, fraternos y comprometidos con el cuidado de toda vida.

Comunicar desde la comunión
La Asamblea de Santiago deja una tarea para la nueva etapa de la Reclac: hacer que las decisiones adoptadas se traduzcan en una comunicación cada vez más articulada, participativa y cercana a las realidades del continente.
Los Estatutos aprobados y la elección de los primeros coordinadores ofrecen el marco para continuar ese trabajo. Pero el horizonte planteado por los participantes es más amplio: una comunicación que tenga a Jesucristo en el centro y que, desde allí, reconozca la dignidad, la historia y la esperanza de cada persona.
La sinodalidad aparece, entonces, no como un tema adicional de la Asamblea, sino como una manera de entender la propia misión comunicativa. Escuchar, discernir, acompañar y construir puentes forman parte de una misma tarea.
La experiencia de Santiago muestra que una Iglesia que quiere caminar junta también está llamada a comunicar de otra manera: con más escucha que imposición, más encuentro que confrontación y más capacidad de poner en común los dones y experiencias de sus comunidades.
Ese es uno de los desafíos que queda abierto para la Red Eclesial de Comunicación de Latinoamérica y el Caribe: que la comunión que se experimenta dentro de la Iglesia pueda convertirse también en una forma de comunicar al continente.
Mensaje Primera Asamblea de la RECLAC (1)
Podría interesarte: León XIV llevará a Sudamérica un mensaje de comunión, paz y esperanza
Libro recomendado: IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña Horizontes de liberación: Tejiendo esperanzas desde abajo
Suscríbete a nuestro canal de Whatsapp: https://whatsapp.com/channel/0029VazM21X6WaKvBlZ91E47
Descarga el último cuaderno de estudio 011: Cuaderno de estudio 011

Enviar comentario