Entrevista de Mauro Castagnaro a Agenor Brighenti
1) Francisco es el primer papa latinoamericano. En su opinión, ¿de qué manera este origen ha marcado su pontificado?
Fue una grata sorpresa, pues nadie esperaba un Papa “del fin del mundo”. Pero, también fue el renacer de una esperanza, pues la tradición eclesial liberadora gestada en la periferia, tan maltratada en las tres décadas de “involución eclesial” en relación al Vaticano II, que precedieron el pontificado de Francisco, estaba llegando al centro de la Iglesia. Luego, la canonización de Mons. Oscar Romero sería el reconocimiento de un nuevo perfil de santidad, forjado en estas tierras –los santos de las causas sociales–. La Exhortación Evangelli Gaudium, programática de su pontificado, recogería en gran medida el Documento de Aparecida, que él mismo había presidido en la Asamblea la Comisión de Redacción. A su vez, el Sínodo de la Amazonía universaliza la causa ecológica como una causa evangélica y legitima la configuración de Iglesias autóctonas, con el rostro de sus pueblos. En fin, el Papa del “fin del mundo” iba a provocar una gran incomodidad en la estabilidad del stablichment, al hacer de la periferia el centro de la Iglesia y de una sociedad excluyente.
2) El cardenal Bergoglio fue protagonista de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Aparecida, Brasil, en 2007. ¿Cómo ha marcado el pontificado de Francisco el magisterio de la Iglesia latinoamericana, desarrollado tras el Concilio Vaticano II?
El Documento de Aparecida tiene su marca. La Conferencia había sido preparada con el mismo control de las conferencias anteriores de Puebla y Santo Domingo. Por ejemplo, no se permitió que la “Tienda de los Mártires” fuera montada en las cercanías de la Asamblea. Que teólogos y teólogas de la perspectiva liberadora integraran la Asamblea. La Marcha de las Comunidades de Base, que caminaron durante toda una noche para culminar en la misa de la Asamblea; esta, para no encontrase con la marcha, puso la celebración en otro horario, pero el cardenal Bergoglio estaba allá, celebrando con ella. El Documento original de Aparecida tuvo 240 cambios, después de la aprobación de la Asamblea. El Card. Bergolio no protestó, pero después, ya como Papa, prácticamente lo que se había quitado del texto lo reintrodujo en la Evangelii Gaudium, que tiene mucho de Aparecida. Más tarde, convocó la realización de la Primera Asamblea Eclesial de la Iglesia en América Latina y Caribe, justamente para reavivar Aparecida.
3) ¿Cómo acogió y luego vivió la Iglesia latinoamericana la presencia de un argentino en el trono de Pedro?
Por un lado, con asombro: un papa “del fin del mundo”, que osa bajar del trono, dejar el palacio apostólico y que comienza a desmontar el perfil imperial del papado. Parecía un sueño que respondía a lo que argumentaba Dom Pedro Casaldáliga al justificar su recusa a hacer las visitas ad limina al Papa. Y lo dijo a Juan Pablo II cuando lo obligó a ir a Roma. Por otro lado, con esperanza, pues se conocía, sobre todo, su aporte a la Conferencia de Aparecida. Recién elegido, en su primer viaje por ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro, él fue proyectando en sus discursos los ejes centrales de la Exhortación Evangelii Gaudium. En su viaje a Bolivia y Paraguay, reconoció la connivencia de la Iglesia en los horrores de la colonización como un “pecado de la Iglesia”, no solo como un pecado de “hijos de la Iglesia”, y pidió perdón. En una tonalidad aún más fuerte, lo hizo en su visita a Canadá, reconociendo la connivencia la Iglesia con el genocidio de los aborígenes. En fin, el pontificado de Francisco fue el fin de las sospechas y persecuciones a teólogos y obispos de América Latina y Caribe, que vivieron una situación de martirio continuado, algunos aún después de muertos, como lo reconoció Francisco por ocasión de la canonización de Mons. Romero.
4) ¿Cómo el pontificado del Papa Francisco ha cambiado la Iglesia latinoamericana?
Ciertamente, la Iglesia en América Latina es la que más había avanzado en la “recepción creativa” del Concilio Vaticano II. Sin embargo, es también la que más ha retrocedido en las tres décadas de “involución eclesial” que precedieron el pontificado de Francisco. El Papa, al retomar el proceso de implementación del Concilio, creó un nuevo ambiente en la Iglesia en América Latina y Caribe. La Conferencia de Aparecida ya había señalado hacia esa dirección, pero, si no fuera Francisco, Aparecida habría desaparecido. Fue él quien rescató Aparecida con la Evangelium Gaudium. Momento singular del pontificado de Francisco fue el Sínodo de la Amazonía, que transcendió la Región, pues incorporó la ecología, la inculturación, la ministerialidad, el protagonismo de la mujer, una Iglesia compañera de camino de los pueblos, en la obra evangelizadora de toda la Iglesia. Además, fue un Sínodo que, para articular la Iglesia en una Región que comprende nueve países y 105 Iglesias locales, creó no una Conferencia Episcopal, sino la Conferencia Eclesial de la Iglesia en la Amazonía (CEAMA), la primera y única hasta ahora.
5) ¿Qué aspecto del magisterio del Papa Francisco ha resonado particularmente en América Latina?
El magisterio de Francisco busca una Iglesia más auténtica y profética, comprometida con la renovación del Vaticano II y la tradición eclesial liberadora, que tiene la opción por los pobres en su centro. En esta perspectiva, algunas intervenciones de Francisco resonaron fuertemente. Primero, su firmeza en la posición tomada frente a la vuelta de tradicionalismos, especialmente en la Liturgia, como en el caso de la misa tridentina. Estaba alimentando el imaginario de diversos segmentos eclesiales que se contraponen, abiertamente, al Vaticano II como un todo. Segundo, la tolerancia cero y la necesidad de transparencia frente a los abusos sexuales por parte de clérigos, sobre todo, con menores. La intervención en la Iglesia de Chile fue emblemática. Tercero, la intervención en los Legionarios de Cristo y la condena de su fundador. Algo parecido es la intervención, todavía en curso, en los Heraldos del Evangelio, en Brasil, así como la disolución de los Sodalicios de Vida Cristiana, en Perú, también con la condena de su fundador. Eran anomalías que se estaban volviendo regla.
6) ¿Cuál es, en su opinión, el legado del Papa Francisco para la Iglesia universal?
Su gran legado es haber descentrado a la Iglesia de sí misma y apuntado a los grandes desafíos de la humanidad hoy. Y lo hizo a partir de los pobres, desde las periferias. En esta perspectiva, fue el primer papa que fue más allá de la Doctrina Social de la Iglesia y dijo, en la Evangelium Gaudium, que “este sistema económico es injusto en su raíz”, que “esta economía mata”, una crítica contundente al capitalismo. También, desde la primera hora de su pontificado, con su visita a Lampeduza, apuntó a la cuestión de la migración, apelando para “la construcción de puentes, no de muros”. Apuntó también a los que viven en las calles, dando una atención toda especial a ellos, a partir del propio Vaticano. Un legado de grandes proporciones e implicaciones está en el campo de la ecología. A lo que ya era un tema de la Doctrina Social de la Iglesia, Francisco le dedicó toda una Encíclica sobre la ecología integral, Laudato Si’, y una Exhortación sobre la crisis climática, Laudate Deum.
En la esfera de la Iglesia, se destaca un trabajo de más de una década, dedicado a la reforma de la Curia romana, que culminó en la Constitución Praedicate Evangelium, superando su perfil de organismo intermediario entre el Papa y las Iglesias Locales, para ser un organismo de apoyo a las dos instancias. En esta reforma fue incluida la participación de las mujeres en puestos de gobierno, incluso como Presidentes de Dicasterio. Obra transcendente es también la reforma del Sínodo de los Obispos, con la Constitución Episcopalis Communio, transformándolo en Sínodo de la Iglesia, con la participación del Pueblo de Dios y votación de las mujeres. El Colegio de Cardenales también adquirió un perfil más universal, integrado por miembros de Iglesias de la periferia y con estrecha relación con los pobres. El Papa, también, vino al encuentro de la comunidad teológica, con la propuesta de una teología estrechamente vinculada a los procesos pastorales y con total libertad de investigación, superando décadas de control y sospechas. Pero su gran obra es el Sínodo de la Sinodalidad, que retoma el proceso de recepción del Concilio Vaticano II y consolida su eclesiología.
7) Francisco ha puesto la sinodalidad en el centro de su pontificado, y América Latina ha sido quizás el continente que más se ha comprometido con este tema. ¿Qué consecuencias prácticas ha tenido o está teniendo esto en el continente?
La Iglesia en América Latina ya realizó cinco Conferencias Generales de Obispos, precedidas por un Concilio Plenario al final del Siglo XIX, convocado por León XIII. Sin embargo, hay dos organismos nuevos –la CEAMA y el Sínodo de la Iglesia–, que son un imperativo para la sinodalización de las estructuras de la Iglesia, no solo en América Latina. Ellos desafían, sobre todo, la sinodalización de las Conferencias Episcopales Nacionales y Continentales. En una Iglesia Pueblo de Dios, los Obispos no pueden reservase el derecho de decidir por los demás, a través de un organismo integrado exclusivamente por Obispos. En esta perspectiva, la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y Caribe, realizada en 2021, también desafía procesos de discernimiento y toma de decisiones, en ámbitos nacional y continental, por Asambleas integradas por representantes de todo el Pueblo de Dios.
8) Una de las principales consignas del Papa Francisco ha sido «iniciar procesos y no ocupar espacios». En su opinión, ¿cuáles han sido los principales procesos iniciados por Francisco en la Iglesia Católica?
Francisco, jurídicamente, hubiera podido decidir solo y de manera definitiva. Sin embargo, coherente con una Iglesia sinodal, prefirió hacer proceso, invitar a la conversión y a decidir entre todos, lo que implica respeto a todos. Así, desafortunadamente, muy pocos cambios están asegurados jurídicamente, aunque una reforma del Código de Derecho Canónico esté en curso. Francisco necesitaría todavía unos diez años de pontificado para consolidar cambios ya realizados y otros todavía en camino. Continúan dependiendo mucho del Papa: asegurar la continuidad del proceso de recepción del Vaticano II; la implementación de una Iglesia sinodal; la consolidación de la reforma de la Curia romana; la superación de una Iglesia jerárquica, clericalista y autorreferencial; la acogida de los católicos en situación irregular; en fin, una Iglesia comprometida con las grandes causas de la humanidad hoy, como son la crisis ecológica, la migración, una economía que mata, etc.
9) En su opinión, ¿cuáles son las principales cuestiones abiertas que deberá abordar el sucesor del Papa Bergoglio? ¿Y cómo se abordarán estas urgencias?
Hay muchas cuestiones abiertas, comenzando por retomar el Vaticano II, pues, a pesar del pontificado de Francisco, el proceso de “involución eclesial” en relación a la renovación conciliar, todavía no está estancado. Persiste el perfil de un cristianismo sacerdotalizado, centrado en el culto y en los ministros ordenados, con función reducida al múnus sacerdotal, en detrimento del múnus profético y del servicio. En esta perspectiva, es urgente el cambio del perfil de los Seminarios, todavía de estilo conventual y tridentino, que prepara sacerdotes y no “pastores con olor de ovejas”. Continúan pendientes dos agendas que podrían amenizar el drama de la mayoría de las comunidades eclesiales que no tienen acceso a la Eucaristía dominical, que es la ordenación de hombres casados y de mujeres. Cuestión seria es la nominación de obispos, centrada en los Nuncios apostólicos, sin participación del Pueblo de Dios, incluso con poca participación de las Conferencias Episcopales. Finalmente, se podría nombrar la necesidad de la reforma del Primado, que jurídicamente continua centralizador, por encima del Colegio de los Obispos y del propio Sínodo de la Iglesia. Es urgente y necesario que el Papa vuelva a ser el “sucesor de Pedro y no de Constantino”, como dijo San Bernardo de Claraval a su cofrade elegido Papa Eugenio III (1145-1153).
10) Hay quien dice que el pontificado del Papa Francisco ha tenido el mérito de poner sobre la mesa todos los grandes problemas de la Iglesia actual (desde el acceso de la mujer a los ministerios hasta la inclusión de la personas lgbt+, desde el compromiso radical con la paz, la justicia y la ecología hasta el inicio de una transformación de la Iglesia católica en una unidad en la diversidad que implica también a la ecumene cristiana, y…), pero que es necesario un Concilio para abordarlos. ¿Qué opina usted al respecto?
Todas estas cuestiones y otras tantas, urgentes y necesarias a ser implementadas, ya están incluidas en el Vaticano II. El Concilio encierra una gran riqueza aún no explotada o suficientemente conocida y, sobre todo, implementada. Por ahora, bastaría volver a revisitar el Vaticano II, pero desde el contexto de hoy. El mundo ha cambiado, aunque las intuiciones básicas y los ejes fundamentales del Vaticano II continúan pertinentes y pueden continuar respondiendo a los desafíos de nuestro tiempo. El gran desafío hoy es hacer una “segunda recepción” del Concilio en nuestro contexto, lo que exige una “recepción creativa”. Para encarnarse en nuestro tiempo, el Vaticano II exige nuevas mediaciones, capaces de encarnar la novedad perene del Evangelio en la precariedad de la historia. Un nuevo Concilio con el episcopado que tenemos difícilmente avanzaría en relación al Vaticano II, y lleva a preguntarnos si está a la altura de las exigencias de nuestro tiempo.
Publicado en la revista: Revista Famiglia cristiana
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