En medio de los desafíos sociales, políticos, ambientales y tecnológicos que atraviesa Brasil, los Obispos del Diálogo por el Reino publicaron el 21 de agosto el comunicado “No dejemos caer la profecía”, en el que reivindican una Iglesia sinodal, comprometida con el Evangelio y cercana a las personas pobres, a quienes sufren y a la defensa de la Casa Común.
El pronunciamiento parte de las Directrices Generales de la Acción Evangelizadora de la Iglesia en Brasil 2026-2032, aprobadas durante la 62.ª Asamblea General de la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB). El documento recuerda que la misión de la Iglesia es evangelizar y hacer presente el Reino de Dios en la realidad, una tarea que, señalan los obispos, no puede quedar relegada frente a otras prioridades.
Para los firmantes, la evangelización nace del encuentro personal con Cristo, se desarrolla en la vida comunitaria y conduce necesariamente a una acción transformadora de la sociedad y al cuidado de la Casa Común. En este horizonte sitúan la sinodalidad como una forma de caminar juntos por el camino del Reino, siguiendo a Jesucristo y asumiendo sus opciones por la justicia, la paz, la fraternidad, la inclusión y la misericordia.
Iglesia que escucha y actúa
El comunicado sostiene que, ante la actual crisis social y ecológica, los cristianos están llamados a reflexionar, actuar y contribuir a la construcción de una sociedad orientada por el buen vivir. Esta responsabilidad adquiere una dimensión especial para los obispos, llamados a defender a las personas más pobres y sufrientes y a cuidar la creación.
Los prelados valoran el trabajo de líderes, comunidades eclesiales, pastorales sociales y movimientos populares que anuncian el Evangelio de la vida y denuncian estructuras que generan violencia y exclusión. Entre las situaciones mencionadas aparecen la minería depredadora, un modelo de agronegocio sin criterios, las condiciones del mundo laboral y las violencias contra mujeres, pueblos originarios, afrodescendientes y población LGBTQIAPN+.
En este punto, el texto establece una relación directa entre la misión evangelizadora y una Iglesia sinodal que no permanece indiferente ante las heridas de la sociedad. La escucha, el discernimiento y la participación en la vida de las comunidades se traducen, según los obispos, en una presencia activa frente a las injusticias.
Frente a la polarización, recuperar la profecía
El comunicado también advierte sobre el crecimiento de discursos autoritarios, violentos y superficiales difundidos a través de las redes sociales y algunos medios de comunicación de inspiración católica. Según los obispos, estas expresiones llegan incluso desde sectores del clero, la vida religiosa y el laicado.
El documento denuncia que estos discursos atacan a quienes viven su fe junto a los pobres, defienden la democracia o trabajan por las cuestiones ambientales. Para los firmantes, estas dinámicas crean “burbujas alienadas y alienantes” y alimentan una cultura de odio que termina afectando la comunión eclesial.
Los obispos advierten que los ataques no se dirigen únicamente contra determinadas posiciones pastorales, sino también contra miembros del episcopado, sacerdotes, diáconos, religiosas, religiosos, consagrados y laicos. El propósito, sostienen, es “descalificar, silenciar, intimidar e incluso acallar la voz profética de la Iglesia”.
Esta preocupación es relacionada con la reciente encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV. El Papa advierte allí sobre el riesgo de construir sociedades cada vez más inhumanas y llama la atención sobre la velocidad con la que la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica están transformando el mundo.
Los obispos retoman especialmente la advertencia papal sobre el “síndrome de Babel”: la idolatría del lucro que sacrifica a los débiles, la uniformidad que elimina las diferencias y la pretensión de reducir incluso el misterio de la persona humana a datos y rendimiento.
Democracia, Casa Común y elecciones
El pronunciamiento también mira hacia el escenario electoral brasileño y retoma el Mensaje al Pueblo Brasileño, aprobado por la CNBB el 24 de abril de 2026. En este contexto, los obispos animan a renovar el compromiso con la vida, la democracia, la soberanía y la defensa de la Casa Común.
Aclaran que la Iglesia no tiene partido político, pero sí una posición frente a las realidades que afectan a la sociedad. Por ello, expresan su cercanía con quienes defienden a los pobres, la democracia y la soberanía nacional, y rechazan las posturas fascistas, la manipulación política de la religión, la desinformación y la difusión del odio en los espacios digitales.
El llamado final está dirigido a los ciudadanos, a quienes invitan a realizar una elección “consciente y lúcida” y a considerar candidaturas comprometidas con las causas populares, el bien común y la protección de la Casa Común.
El comunicado concluye poniendo esta tarea bajo la figura de María, presentada como “profetisa de la liberación”. Los obispos piden que su Magnificat no sea solamente una oración pronunciada con los labios, y que, más bien, se traduzca en decisiones y acciones capaces de hacer crecer la justicia, la fraternidad y la esperanza.
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