El Observatorio Latinoamericano de la Sinodalidad invita a leer el artículo “Formar para no quedar fuera: Sinodalidad, alfabetización digital e inteligencia artificial”, de Alberto Embry. En esta reflexión sobre los desafíos que la cultura digital plantea hoy a la vida y misión de la Iglesia, el autor advierte que la recepción del Sínodo quedará incompleta si las comunidades no asumen una formación que permita al Pueblo de Dios habitar responsablemente los nuevos lenguajes donde se informa, se aprende, se dialoga y también se evangeliza. “La recepción del Sínodo quedará pastoralmente incompleta si nuestras comunidades no responden a una de sus solicitudes más insistentes: formar al Pueblo de Dios”, afirma el texto, abriendo una invitación concreta a pensar la alfabetización digital como parte indispensable del camino sinodal.
Una alfabetización digital al servicio de la comunión
El artículo recuerda que el Documento final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo pidió una formación “integral, continua y compartida”, orientada al encuentro, la colaboración, el discernimiento común y la lectura teológica de las experiencias concretas. Desde esta perspectiva, Embry sostiene que la formación cristiana ya no puede limitarse a transmitir contenidos doctrinales, litúrgicos o pastorales por medios tradicionales, sino que debe capacitar a los fieles para vivir con responsabilidad en la cultura digital. Formar sinodalmente significa ayudar a que todos puedan participar, también en los espacios donde hoy se construyen vínculos, conocimientos y procesos pastorales.
Uno de los aportes más significativos del texto es su lectura de la brecha digital como un desafío de justicia pastoral en América Latina. Quien no puede usar un correo electrónico, participar en una reunión virtual, consultar una fuente confiable, reconocer una noticia falsa o proteger sus datos personales, corre el riesgo de quedar al margen de procesos comunitarios que buscan ser participativos. Embry lo expresa con claridad: “La brecha digital puede convertirse en una nueva periferia eclesial”. Por eso, alfabetizar digitalmente no es solo enseñar herramientas, sino cuidar la dignidad del Pueblo de Dios y abrir caminos reales de comunión.
La reflexión también aborda el lugar de la inteligencia artificial en la vida eclesial, reconociendo sus posibilidades para preparar materiales, traducir textos, resumir documentos, organizar programas o ampliar el acceso a recursos formativos, pero advirtiendo también sus riesgos: superficialidad, dependencia, desinformación, plagio o manipulación. Frente a ello, el artículo propone itinerarios de formación digital que integren alfabetización básica, formación crítica y discernimiento ético sobre la inteligencia artificial. La misión de la Iglesia, recuerda Embry, debe permanecer arraigada en aquello que solo los seres humanos pueden realizar: “discernir, amar, acompañar y orar”.
Puede leer la reflexión completa AQUÍ.
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