Como parte de los procesos de recepción e implementación del Documento Final del Sínodo sobre la Sinodalidad, el Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam), a través de su Centro de Formación Cebitepal, realizó el tercer webinar dedicado a reflexionar sobre la creación de servicios y ministerios que respondan a las necesidades pastorales actuales de las Iglesias particulares.
En la oportunidad se analizaron los desafíos de una Iglesia llamada a discernir nuevas formas de servicio ante las transformaciones sociales, culturales y eclesiales de nuestro tiempo.
Al iniciar el encuentro, se planteó la pregunta: ¿qué necesidades concretas de las diócesis, parroquias y otras formas de organización eclesial exigen hoy una acción pastoral efectiva y la creación de nuevos organismos o ministerios para responder a ellas? También se remarcó la necesidad de identificar aquellas situaciones que sobrepasan la capacidad de respuesta de las estructuras actuales y que requieren una acción articulada en red, tanto dentro de la propia Iglesia como en colaboración con otras confesiones religiosas, organismos públicos y organizaciones de la sociedad civil.
Los ministerios como respuesta a las necesidades de la misión
El primero en intervenir fue el sacerdote argentino Jorge Blunda, doctor en Sagrada Escritura y especialista en pastoral bíblica, quien abordó el tema desde una perspectiva bíblica y eclesiológica.
El padre Blunda recordó que el Documento Final del Sínodo invita a las Iglesias locales a responder “con creatividad y valentía” a las necesidades de la misión, discerniendo entre los carismas aquellos que conviene asumir en forma ministerial.
Según explicó, el actual camino sinodal impulsado por el Concilio Vaticano II y profundizado por los pontificados de Francisco y León XIV exige una renovada reflexión sobre la naturaleza del servicio ministerial en la Iglesia. “El criterio fundamental no es el poder, sino la comunión y la misión”, señaló.
El teólogo observó que esta reflexión se desarrolla en un contexto mundial de crisis de liderazgo en los ámbitos político, cultural y social, por lo que la experiencia eclesial posee también una dimensión profética capaz de ofrecer nuevos modelos de servicio y conducción comunitaria.
La inspiración de las primeras comunidades cristianas
Para discernir los ministerios necesarios hoy, el padre Blunda insistió en la importancia de mirar simultáneamente la realidad y la Sagrada Escritura. Explicó que los ministerios surgen como respuesta a necesidades del Pueblo de Dios y recordó diversos ejemplos bíblicos donde aparece la distribución de responsabilidades para sostener la misión.
Mencionó el episodio de Moisés y los setenta ancianos en el libro de los Números, así como la organización de los siete servidores en el capítulo sexto de los Hechos de los Apóstoles, donde la comunidad crea nuevas formas de servicio para responder a problemas específicos. “El Espíritu de Dios no se concentra en una sola persona, sino que distribuye sus dones y carismas en todo el pueblo”, dijo.
También resaltó que las primeras comunidades cristianas comprendían los distintos servicios como expresiones de la “diaconía”, es decir, del servicio a la comunidad. A partir de las cartas de san Pablo, señaló que los ministerios nacían dentro de comunidades caracterizadas por la fraternidad, la corresponsabilidad y la conciencia de que todos colaboraban en la obra de Dios. El padre Blunda subrayó además que muchos de esos servicios eran ejercidos por mujeres y que los ministerios no tenían inicialmente un carácter sacerdotal, sino que se entendían dentro de la dimensión sacerdotal de todo el Pueblo de Dios.
Pedro Trigo: la sinodalidad nace de la fraternidad en Cristo
La segunda intervención estuvo a cargo del jesuita venezolano-español Pedro Trigo, reconocido teólogo latinoamericano vinculado durante décadas a la reflexión pastoral y social de la Iglesia.
El padre Trigo propuso una reflexión acerca de la identidad cristiana y advirtió que la creación de nuevos ministerios solo tendrá sentido si se fundamenta en una auténtica experiencia de fraternidad cristiana. A su juicio, la sinodalidad no surge simplemente del ejercicio de funciones o servicios, surge del reconocimiento de la relación personal con Jesucristo: “La relación de Jesús con nosotros, aceptada y correspondida, es lo único que nos hace cristianos”.
El teólogo sostuvo que todos los bautizados están llamados a reconocerse como hermanos de Jesús, hijos de Dios y hermanos de toda la humanidad, especialmente de los pobres. Por ello insistió en que el verdadero fundamento de la sinodalidad es caminar juntos en el seguimiento de Cristo y vivir la fraternidad como eje de toda la vida eclesial.
La necesidad de una espiritualidad del seguimiento
El jesuita Trigo señaló la importancia de promover la contemplación orante de los Evangelios y el discernimiento comunitario de la realidad como elementos esenciales para la vida de la Iglesia. Criticó ciertas formas de catequesis centradas exclusivamente en doctrinas y normas, sin favorecer un verdadero encuentro con la persona de Jesús.
A su vez, advirtió sobre el riesgo de multiplicar ministerios institucionalizados para tareas que deberían surgir espontáneamente de la fraternidad cristiana.
Para el teólogo, acciones como acompañar a quienes sufren, sostener la fe de otros creyentes o visitar enfermos forman parte de la responsabilidad común de todos los discípulos. En ese sentido insistió en que la Iglesia debe priorizar el fortalecimiento de la fraternidad antes que la creación indiscriminada de nuevas estructuras. “La sinodalidad consiste en que cada uno reciba de los demás con gratitud y comparta los dones que Dios le ha dado”, expresó.
Experiencia desde Chile
El webinar también permitió conocer experiencias pastorales que ya encarnan formas innovadoras de ministerialidad. Una de ellas fue presentada por Nury Seriche, laica de la diócesis de Copiapó, en Chile, quien actualmente coordina la parroquia San José Obrero de Vallenar en virtud del canon 517, debido a la escasez de sacerdotes.
Seriche relató que asumió esta responsabilidad tras un proceso de discernimiento impulsado por el obispo Ricardo Morales Galindo. Aunque inicialmente consideró que no estaba preparada para asumir una tarea tan exigente, aceptó el desafío tras dialogarlo con su familia y con el respaldo de la comunidad. Actualmente la parroquia está integrada por seis comunidades o capillas, cuyos representantes participan activamente en el Consejo Pastoral Parroquial.
La experiencia ha permitido impulsar procesos de catecumenado para adultos, fortalecer la atención a personas vulnerables y promover una participación cada vez más activa de los laicos. “El sínodo nos ha ayudado a comprender que caminar juntos no es solamente una expresión bonita, sino una realidad que debemos vivir”, dijo. Ý resaltó que la mayoría de quienes sostienen la vida pastoral de la parroquia son mujeres comprometidas con la misión evangelizadora.
Panamá impulsa nuevos ministerios de escucha, consuelo y caridad
Otra experiencia valiosa fue presentada por la hermana Rosmery Castañeda M.O.P., de la Arquidiócesis de Panamá. En su intervención habló sobre la necesidad de desarrollar ministerios capaces de responder a las nuevas periferias humanas identificadas por el proceso sinodal. La religiosa explicó que la realidad actual interpela a la Iglesia a acompañar situaciones de sufrimiento, exclusión, migración, pobreza y vulnerabilidad mediante servicios organizados y permanentes.
Uno de los proyectos en desarrollo es el Ministerio del Consuelo y la Esperanza, orientado a acompañar a personas enfermas, pacientes en cuidados paliativos, adultos mayores y familias que enfrentan procesos de duelo. Para ello se ha iniciado un programa de formación de nueve sábados destinado a agentes pastorales, profesionales de la salud y voluntarios.
Entre sus objetivos figuran la escucha, el acompañamiento espiritual, la promoción de la dignidad humana hasta el final de la vida y la colaboración con hospitales, hospicios y hogares de ancianos. La religiosa remarcó que la escasez de capellanes hace urgente la formación de laicos preparados para esta misión.
El ministerio de la caridad y la fraternidad social
Panamá está fortaleciendo el Ministerio de la Caridad y la Fraternidad Social para responder a fenómenos como la pobreza, la migración forzada, el desempleo y las nuevas formas de exclusión.
Este servicio tiene el fin de coordinar la acción solidaria de las parroquias, acompañar a migrantes y refugiados, promover proyectos de desarrollo humano y fomentar la formación en la Doctrina Social de la Iglesia.
“Una Iglesia que sana y sirve debe estar donde hay sufrimiento, soledad y exclusión”, subrayó al religiosa Castañeda.
Superar el clericalismo y revalorizar el bautismo
En la parte final del encuentro, los ponentes respondieron preguntas relacionadas con la aceptación de los ministerios laicales en contextos todavía marcados por el clericalismo. Nury Seriche reconoció que muchas comunidades siguen dependiendo excesivamente de la figura del sacerdote para tomar decisiones o desarrollar iniciativas pastorales. Sin embargo, dijo que la participación activa de los laicos permite ir construyendo gradualmente una cultura de corresponsabilidad.
Por su parte, P. Jorge Blunda sostuvo que la clave está en recuperar una sólida teología del bautismo: “Todos los bautizados comparten una responsabilidad diferenciada en la vida y misión de la Iglesia”.
P. Pedro Trigo concluyó recordando que lo verdaderamente permanente en la Iglesia no son los cargos ni las estructuras, sino la fraternidad de los hijos e hijas de Dios. “Lo eterno es la fraternidad. Todo lo demás pertenece a esta vida”, expresó.
Fuente: Micaela Díaz -Celam
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