“El protagonista de la sinodalidad es el Espíritu”: la Hna. Gloria Liliana en el podcast “Diálogos en el atrio”

“El protagonista de la sinodalidad es el Espíritu”: la Hna. Gloria Liliana en el podcast “Diálogos en el atrio”
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En el marco del video podcast “Diálogos en el atrio”, iniciativa comunicativa de la Conferencia Episcopal de Colombia, se emitió el episodio 8 de la temporada Caminando en esperanza, con la participación de la Hna. Gloria Liliana Franco Echeverri, religiosa de la Compañía de María Nuestra Señora, una de las voces más reconocidas de la vida consagrada en Colombia y en América Latina.

El espacio, concebido como un lugar de encuentro y diálogo con distintos actores de la vida eclesial y social del país, abordó los desafíos actuales de la Iglesia, el Jubileo de la Esperanza, la sinodalidad, la vida consagrada y su papel profético en contextos marcados por la violencia, la exclusión y la fragmentación social.

El Jubileo de la Vida Consagrada: una experiencia de renovación

Al compartir su vivencia del Jubileo de la Vida Consagrada, celebrado recientemente en Roma, la Hna. Gloria Liliana lo describió como “una experiencia muy bella” y, en lo personal, “una gracia”, marcada por el encuentro con religiosos y religiosas de múltiples culturas, edades y carismas.

“Fue sentir que era una posibilidad de renovación para todos nosotros”, dijo, y resaltó que este encuentro permitió abrazar con renovado entusiasmo la vocación y reafirmar la identidad de la vida religiosa como “mística, misión y profecía”, un trinomio que articula su razón de ser en la Iglesia.

La religiosa resaltó también la riqueza de la multiculturalidad, señalando que la vida consagrada “cada vez se pinta más de los colores del mundo”, especialmente de Asia y África. Una imagen que sintetizó esta experiencia fue la de los zapatos de los religiosos, “desgastados, empolvados”, que, según explicó: “cuentan historias” y hablan de una vida situada en las periferias existenciales a las que impulsa el Evangelio.

La profecía de lo comunitario

Al reflexionar sobre los desafíos actuales, la Hna. Gloria Liliana afirmó que la vida consagrada está llamada hoy, más que nunca, a una profecía concreta: la de lo comunitario. Citando al Papa Francisco y al Documento Final del Sínodo, recordó que los religiosos y religiosas están llamados a ser “centinelas vigilantes de las llamadas del Espíritu”, para que no se acalle “el clamor del pueblo ni el clamor del Espíritu”.

En un mundo marcado por la guerra, la xenofobia, la migración forzada, la trata de personas y los nacionalismos excluyentes, sostuvo que la vida consagrada debe ofrecer un paradigma de fraternidad y sororidad, viviendo juntos en la diversidad generacional, cultural y social.

“Vivimos juntos personas de 18 años con personas de 80, personas de Ucrania con personas de Rusia”, explicó, subrayando que esa convivencia ya es, en sí misma, un signo profético para un mundo fracturado.

La vida consagrada como laboratorio de sinodalidad

Ante la afirmación de que la vida consagrada es un “gran laboratorio de sinodalidad”, la religiosa coincidió plenamente y remarcó que no hay sinodalidad sin espiritualidad.

“El protagonista de todos los procesos sinodales es el Espíritu”, dijo, señalando que la vida consagrada, por sus ritmos y prácticas, ha cuidado siempre una espiritualidad evangélica, encarnada e histórica, capaz de escuchar a Dios en los clamores de la humanidad.

Hizo hincapié también en la experiencia cotidiana de fraternidad radical, que no elimina las diferencias, sino que las integra. Citando al obispo y poeta Pedro Casaldáliga, recordó: “El difícil otro, el difícil yo, el duro nosotros de la comunión”, para afirmar que construir comunión es un aprendizaje diario.

Asimismo, señaló que prácticas como la conversación en el Espíritu, la participación y la escucha de todas las voces ya forman parte de la vida religiosa y pueden iluminar el camino sinodal de parroquias y diócesis. Para ella, “sinodalidad es misión”, y la vida consagrada lo expresa en su presencia constante en las orillas: la Amazonía, La Guajira, los barrios más pobres y las periferias urbanas.

Sinodalidad, reforma y conversión

La Hna. Gloria Liliana insistió en que, en la lógica del Papa Francisco, sinodalidad es también reforma. Reconoció que la vida consagrada vive hoy procesos de disminución, envejecimiento y pequeñez, pero lejos de verlo como una crisis, lo interpretó como una gracia.

“Estamos abrazando nuestra fragilidad y nuestra minoridad”, sostuvo, y agregó que este momento invita a repensarse y reorganizarse para servir mejor al Reino, porque “la reforma solo tiene sentido si nos capacita para responder mejor a Jesús”.

Escuchar para convertirse

Al hablar de las conversiones necesarias en la Iglesia, evocó una expresión clave del Documento Final del Sínodo de la Amazonía: “La escucha conduce a la conversión”. Para la religiosa, la gran conversión eclesial pasa por ser una Iglesia que escucha, que se abaja, se inserta en los territorios y genera relaciones horizontales.

“La realidad es el lugar teológico por excelencia”, manifestó, insistiendo en que escuchar la realidad permite responder mejor a lo que Dios pide hoy. Desde ahí, defendió una conversión pastoral que pase del “para” al “con”, especialmente en la pastoral con niños, jóvenes y mujeres.

Recordó además una afirmación del Papa Francisco: “Habrá reforma institucional cuando haya reforma actitudinal”, subrayando que la santidad personal es el verdadero criterio de la reforma eclesial.

Pequeños pasos concretos hacia la sinodalidad

En clave de implementación del Sínodo, la Hna. Gloria Liliana resaltó la importancia de abrir canales reales de participación, especialmente para mujeres, laicos, jóvenes y vida consagrada. Mencionó como signos positivos la presencia de mujeres como cancilleres o vicarias en algunas diócesis colombianas.

Resaltó también el papel de los consejos pastorales y económicos, las nuevas ministerialidades, la rendición de cuentas, la transparencia y, de manera especial, la formación, advirtiendo que “sin formación no habrá sinodalidad”.

La casita sinodal: una experiencia concreta

Como signo tangible de este camino, compartió la experiencia de La Casita Sinodal “Ruah”, ubicada en un barrio popular de Bogotá, en una zona con serias dificultades de acceso y con alta presencia de población migrante.

Allí, un grupo de 30 niños se forma semanalmente en valores sinodales: escucha, participación, discernimiento y vida comunitaria. “Es un garajito, una casita chiquita”, explicó, pero se ha convertido en un ecosistema sinodal, donde los niños aprenden desde pequeños a vivirse como Iglesia.

La esperanza cristiana tiene nombre

Frente a contextos de dolor y desesperanza, la religiosa fue contundente: “La esperanza cristiana tiene nombre: Jesús de Nazaret”. Recordó que no se trata de una esperanza pasiva, sino de una esperanza que “se levanta, trabaja y transforma”, evocando a Paulo Freire y su distinción entre esperar y esperanzar.

La esperanza, dijo, se sostiene en lo comunitario, en la solidaridad, en la profecía y en una Iglesia samaritana, capaz de cuidar, sanar y acoger.

Tiempo de gracia para la vida consagrada

La religiosa señaló que la vida consagrada en Colombia vive “un momento muy bonito”, un tiempo de purificación que abre la posibilidad de que Dios “haga cosas nuevas” desde la pequeñez y la humildad. Para ella, quienes hoy optan por esta vocación lo hacen “a contracorriente”, y eso, aseguró, es profundamente evangélico.

El diálogo concluyó con un agradecimiento mutuo y una invitación a seguir caminando como Iglesia y en esperanza, misión que el espacio “Diálogos en el atrio” quiere fortalecer desde la comunicación, el discernimiento y el compromiso con la realidad del país.

Mire el programa completo aquí:

 

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