Durante la Asamblea Diocesana de Pastoral de la Diócesis de El Alto, ubicada en la región altiplánica de Bolivia, el Padre José Fuentes, rector de la Universidad Católica Boliviana, abordó el tema del Sínodo Diocesano, resaltando la sinodalidad como camino fundamental para la Iglesia del tercer milenio y rememorando el primer sínodo, realizado entre 2000 y 2005.
Caminar juntos como Iglesia
El Padre Fuentes explicó que “el camino de la sinodalidad es el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio. La sinodalidad es dimensión constitutiva de la Iglesia. Somos iglesia sinodal, toma parte de lo que somos, la sinodalidad”. Recordó que la palabra “sínodo” significa “caminar juntos” y que este principio implica corresponsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios: sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos.
“La Iglesia no es del clero. La Iglesia es del pueblo de Dios. Todos somos responsables en la Iglesia. Esa es la condición para ser misioneros, porque es imposible ser una Iglesia misionera sin ser una Iglesia sinodal”, señaló. Según el rector, la corresponsabilidad y la participación activa son indispensables para construir una comunidad viva que evangelice, celebre la fe y atienda las necesidades de las periferias y los más vulnerables de la ciudad de El Alto y sus alrededores.
Primer Sínodo Diocesano
El Padre Fuentes recordó que el primer sínodo de la Diócesis de El Alto, que se desarrolla en la ciudad ubicada a 4.000 metros sobre el nivel del mar, en el altiplano boliviano cercano a La Paz, se estructuró en torno a cinco temas fundamentales: Iglesia local, Iglesia celebrativa, Iglesia misionera, Iglesia inculturada e Iglesia solidaria y comprometida.
“Fue un proceso muy participativo. Se trabajó en cada parroquia con cuadernos de formación y consulta, se organizaron preasambleas en cada vicaría y finalmente cinco asambleas sinodales, con alrededor de 200 delegados por encuentro”, indicó. Destacó la creación de animadores sinodales, laicos encargados de guiar la participación en parroquias y comunidades, quienes se convirtieron en “el alma del sínodo”.
Los documentos finales surgieron de un proceso de redacción colectiva, incorporando aportes de sacerdotes, religiosos y laicos, asegurando que fueran expresión auténtica del pueblo de Dios. Entre los logros del primer sínodo, el Padre Fuentes mencionó la elaboración de un Plan Pastoral Sinodal para 2006-2010, con objetivos estratégicos, indicadores y actividades concretas, respaldado por instituciones nacionales e internacionales.
Mirando hacia un segundo sínodo
El rector destacó la necesidad de que un futuro segundo sínodo parta de las experiencias y aprendizajes del primero. Propuso reflexionar sobre temas que aún deben impulsarse, como la sinodalidad en las parroquias, la pastoral familiar, la participación laical, la formación de presbíteros y la atención a las periferias de El Alto.
“A 20 años, muchas cosas han cambiado, pero hay aspectos que debemos retomar y profundizar. La sinodalidad es la base para que nuestra Iglesia continúe siendo misionera y viva en El Alto”, concluyó.
La Asamblea Diocesana reunió a más de 200 participantes, entre laicos, religiosos y sacerdotes, y permitió abrir espacios de diálogo y consulta para fortalecer la corresponsabilidad, siguiendo el ejemplo de la metodología sinodal ya probada en la Diócesis hace dos décadas.
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