“Estamos aquí porque amamos la Iglesia y creemos en la Iglesia, pero quizás más importante aún, porque esperamos en la Iglesia”, ha dicho el Card. Mario Grech, Secretario General de la Secretaría General del Sínodo, durante el Jubileo de los equipos sinodales y organismos de participación que se celebró en Roma, del 24 al 26 de octubre de 2025.
La esperanza como convicción
“Es una esperanza que no se basa en nuestros sueños ni en nuestras ideas, sino en la convicción de que la Iglesia es la Iglesia de Dios y que su futuro está asegurado”, aseveró el purpurado maltés, en su intervención, en la que recordó al poeta francés Charles de Péguy y su obra El pórtico del misterio de la segunda virtud, de la cual citó el siguiente fragmento: “la fe ve lo que es, la esperanza ve lo que será, y el amor ama lo que es”.
“En el contexto de la sinodalidad, estas líneas ofrecen una profunda invitación a reimaginar cómo la Iglesia escucha, discierne y camina unida”, continuó el Card. Grech, deteniéndose en cada una de las virtudes teologales (la fe, la esperanza y el amor).
“La fe nos ancla en la verdad, y la verdad es el único suelo en el que puede crecer una genuina transformación”, aseveró, el Secretario General de la Secretaría General del Sínodo. Asimismo, “en el contexto de la sinodalidad, el amor no es un sentimiento pasivo; es un compromiso activo hacia la comunión, incluso cuando el camino no está claro o las conversaciones son difíciles”.
Iglesia, sinodalidad y esperanza
Con todo, “en el camino sinodal, la esperanza nos sostiene a lo largo del delicado y arduo sendero del discernimiento y la conversión”, postuló Grech. Haciendo un llamado a construir el futuro de la Iglesia desde la esperanza: “la esperanza y el futuro exigen de nosotros un sentido de desapego, de entregarse. La esperanza nos enseña a trabajar sin poseer lo que construimos. Pero también sabemos que el futuro es más grande que el pasado y el presente, y este es principalmente el futuro de Dios”.
Al fin y al cabo, para el purpurado “la esperanza es una garantía, nos dice que la Iglesia tiene un futuro, ¡que el santo pueblo de Dios tiene un futuro! También denota un sentido de misión, porque tenemos que construir este futuro”, concluyó.
