El cardenal Pedro Barreto Jimeno, S.J., presidente de la Conferencia Eclesial de la Amazonía (CEAMA), presidió la misa de clausura del primer Encuentro de Obispos de la “Querida Amazonía”, celebrado en la Basílica Catedral Primada de Colombia.
El purpurado sintetizó lo vivido durante el encuentro en tres verbos que, según dijo, orientan la misión de la Iglesia en este tiempo: “Escuchar, discernir y compartir”. Explicó que en los días de trabajo los obispos escucharon “el grito de la tierra y el grito de los pobres”, y compartieron lo que el Espíritu Santo inspira para anunciar el Evangelio con mayor vigor frente a los desafíos pastorales y sociales del bioma amazónico.
Colegialidad y fraternidad episcopal
Cardenal Barreto señaló que esta Eucaristía de clausura tenía dos grandes motivos. El primero fue “agradecer a Dios y a todos los que han hecho posible esta hermosa experiencia de colegialidad y fraternidad episcopal”. Resaltó la participación de más de 75 jurisdicciones eclesiásticas de la Amazonía y agradeció la hospitalidad del cardenal Luis José Rueda y de la Iglesia en Bogotá.
Reconoció que los obispos llegan con las historias de sus pueblos, que incluyen dolor y abandono, pero también fortaleza y fe. “Ustedes son testigos del abandono que viven numerosos hermanos, pero también de su fuerza espiritual”, manifestó.
Asimismo, subrayó que el encuentro ayudó a profundizar en la identidad de la CEAMA, organismo erigido por la Santa Sede “con personería jurídica canónica y pública”, que busca articular el trabajo de las Iglesias particulares en clave amazónica.

Discernir según el Espíritu de Dios
El segundo motivo de la celebración fue renovar el compromiso de anunciar el Evangelio y caminar en sinodalidad junto a los pueblos indígenas, campesinos, afrodescendientes y ribereños.
En su homilía, el purpurado recordó que evangelizar es la misión esencial de la Iglesia. Citando a san Pablo VI, dijo que “la Iglesia siempre tiene necesidad de ser evangelizada, si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para anunciar el Evangelio”.
Explicó que este anuncio requiere estructuras y personas honestas, comprometidas y con espiritualidad sinodal. Para ello, recurrió a la primera lectura del libro de los Jueces, que narra cómo Abimelec se autoproclamó rey y eliminó a sus hermanos. Solo Jotán escapó y contó la parábola de los árboles que, al negarse los árboles frutales, eligieron a la zarza para reinar. “Una decisión equivocada porque escogen a los espinos que no dan fruto y se queman”, reflexionó Barreto, señalando que esta es una llamada fuerte a elegir líderes según el Espíritu de Dios.
Compartir la misión en la viña del Señor
Comentando el Evangelio de Mateo, el Card. Barreto señaló que Dios convoca a todos a trabajar en su viña sin importar el momento de la llamada: “A todos nos dará la recompensa de estar para siempre con Él, porque nos ha dicho: Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.
“Es la hora de vivir este Kairós sinodal con la parresía que brota incontenible de la Sangre de Cristo y de los numerosos mártires de la humanidad y de la Amazonía”. animó el purpurado. “¡No nos dejemos robar la esperanza! ¡Venzamos el mal a fuerza de hacer el bien!”, exclamó citando a san Pablo.
También invitó a aprovechar las nuevas posibilidades de comunicación digital para fomentar encuentros de solidaridad y fraternidad: “Salir de nosotros mismos para unirse con los demás es bueno”, afirmó, evocando las palabras de Evangelii Gaudium.
Iglesia con rostro amazónico
El Card. Barreto remarcó que la CEAMA, en articulación con la REPAM, la REIBA y la PUAM, tiene la misión de acompañar y servir a las Iglesias locales. “La Iglesia con rostro amazónico anuncia a Jesucristo, crucificado y resucitado”, afirmó, insistiendo en que la misión no puede vivirse en aislamiento. “No podemos vivir solos, como islas en medio de un bioma como es la Amazonía. Si nos encerramos en nosotros mismos seremos como la zarza que se destruye”.
En este contexto, pidió a la Iglesia vivir la ternura de Cristo Buen Pastor: “Necesitamos ternura, la ternura de Jesús que nos llama a participar de su misión, no por nuestros méritos, sino por su bondad y misericordia”.
Al concluir, el cardenal encomendó el camino eclesial a la intercesión de la Virgen: “Pedimos a María, Reina de la Amazonía, que fortalezca nuestro caminar eclesial en el Bioma Amazónico y bendiga a la Iglesia que peregrina en Colombia con la paz y la justicia”.
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