El sacerdote Joaquim Jocélio De Sousa Costa, de la Diócesis de Limoeiro do Norte (Brasil), nos ofrece una reflexión sobre el significado del Jubileo de 2025 en su artículo «Jubileo de la Esperanza: El Año de Gracia para la Renovación Sinodal«, publicado originalmente en la revista Ciberteología y traducido al español por Rosario Hermano para el Observatorio Latinoamericano de la Sinodalidad. El texto propone una lectura renovadora del Jubileo como una oportunidad única para profundizar en la transformación sinodal de la Iglesia, inspirados por el reciente Sínodo sobre la Sinodalidad y su proceso de implementación.
El autor invita a entender este Año Santo no como un evento aislado, sino como un tiempo propicio para asumir el desafío de ser una Iglesia en salida, comprometida con los pobres y las periferias, en un verdadero espíritu de esperanza activa. En este contexto, el Jubileo y el Sínodo no son caminos separados, sino dos momentos convergentes que marcan un hito en la historia eclesial contemporánea.
El camino sinodal: Una historia de apertura y participación
La sinodalidad, como recuerda De Sousa Costa, no es una novedad reciente, sino un modo de ser Iglesia que hunde sus raíces en los primeros siglos del cristianismo. Los sínodos surgieron como asambleas del pueblo de Dios para discernir juntos los caminos de la Iglesia en cada época. Esta práctica se revitalizó tras el Concilio Vaticano II, cuando el Papa Pablo VI creó el Sínodo de los Obispos en 1965, dándole un carácter episcopal, pero abierto a la colaboración de todos los fieles.
El Sínodo sobre la Sinodalidad iniciado en 2021 por el Papa Francisco introdujo una dinámica inédita: fases diocesanas, continentales y universales, en un proceso de escucha global que involucró a católicos, miembros de otras religiones, e incluso a personas alejadas de la fe. El proceso culminó con la aprobación de un Documento Final en octubre de 2024, marcando un hito en la historia de la Iglesia contemporánea.
“El Concilio Vaticano II fue, de hecho, como una semilla sembrada en el campo del mundo y de la Iglesia… El Sínodo 2021-2024 sigue aprovechando la energía de esa semilla y desarrollando su potencial… En este sentido, constituye un acto ulterior de recepción del Concilio, prolongando su inspiración y relanzando su fuerza profética para el mundo de hoy” (DF 5), cita De Sousa.
Un Jubileo distinto: Esperanza activa y transformación
El Jubileo de 2025 no es un mero acontecimiento litúrgico o un ciclo preestablecido. El Papa Francisco lo ha convocado con un sentido profundo, proponiendo el tema “Peregrinos de la Esperanza”. Se trata de un tiempo de gracia para la renovación personal y comunitaria, en sintonía con la conversión sinodal iniciada en el proceso del Sínodo.
Lejos de promover un turismo religioso, el Papa advierte sobre el riesgo de trivializar el Jubileo y subraya la necesidad de una vivencia interior, de reconciliación y de compromiso social. La esperanza cristiana, señala el autor, no es una espera pasiva, sino un impulso transformador hacia un mundo más justo y fraterno.
“El Jubileo, para ser vivido bien, tiene que ser de dentro hacia fuera. Y, de alguna manera, reparar un poco las historias personales. En ese aspecto, es un momento de perdón, un momento de alegría, un momento de recomposición de tantas cosas personales y sociales. Un jubileo que se reduzca al turismo no sirve. Ese es el peligro y eso me da mucho miedo” (FRANCISCO, 2024a).
La esperanza que nos pone en camino: Peregrinación hacia las periferias
El peregrinar es una imagen clave en la espiritualidad cristiana. No se trata de una caminata ritual, sino de un movimiento de fe hacia la liberación y la justicia. La Iglesia está llamada a caminar hacia las periferias geográficas y existenciales, acompañando a los pobres y a los descartados, haciendo presente el Reino de Dios.
El Documento Final del Sínodo es claro al afirmar que la sinodalidad está al servicio de la misión: salir al encuentro de los más necesitados, ser Iglesia pobre para los pobres, construir fraternidad y comunión. El Jubileo es el tiempo ideal para revitalizar esta vocación misionera y profética.
“La sinodalidad y la misión están íntimamente ligadas: la misión ilumina la sinodalidad y la sinodalidad impulsa a la misión” (DF 32), como bien recuerda De Sousa.
Una Iglesia de hermanos y hermanas: Contra el clericalismo y por la participación
El camino sinodal también exige superar el clericalismo, es decir, esa tendencia a concentrar la vida eclesial en el clero, desvalorizando los carismas y ministerios de los laicos, especialmente de las mujeres. El Sínodo propone reconocer la igual dignidad de todos los bautizados y fomentar estructuras de participación real en la vida y misión de la Iglesia.
El Documento Final del Sínodo es explícito en esta línea: urge promover la corresponsabilidad de todos los fieles en la toma de decisiones, la creación de nuevos ministerios, y la inclusión de laicos y laicas en puestos de liderazgo pastoral, administrativo y formativo.
Al respecto, De Sousa cita: “A los fieles laicos, hombres y mujeres, se les deben ofrecer más oportunidades de participación, explorando otras formas de servicio y ministerio en respuesta a las necesidades pastorales de nuestro tiempo” (DF 77).
Renovación pastoral y misión: El tiempo es ahora
El Jubileo de la Esperanza es también un tiempo de evaluación y rendición de cuentas. La Iglesia está llamada a revisar su forma de organizarse, a fortalecer los consejos pastorales y económicos, a fomentar las pequeñas comunidades, y a vivir la misión con transparencia y compromiso.
La práctica de la sinodalidad no puede quedarse en buenas intenciones o en documentos. Necesita traducirse en acciones concretas, en cambios visibles y en una pastoral renovada que transforme las costumbres, los estilos y las estructuras eclesiales para que estén al servicio del Reino de Dios.
En tal sentido, De Sousa vuelve al Documento Final: “Sin cambios concretos a corto plazo, la visión de una Iglesia sinodal no será creíble y eso alejará a los miembros del Pueblo de Dios que sacaron fuerza y esperanza del camino sinodal” (DF 94).
El Jubileo de 2025 y el proceso sinodal en marcha son, en palabras de De Sousa Costa, una “gran oportunidad de gracia” para renovar a la Iglesia en fidelidad al Evangelio de Jesús. Es tiempo de recomenzar, de caminar juntos en la esperanza activa y comprometida, de ser una Iglesia que se parezca más a Jesús: humilde, servidora, compasiva y cercana a los más pequeños.
El Observatorio Latinoamericano de la Sinodalidad invita a descargar y leer el texto completo “Jubileo de la Esperanza: El Año de Gracia para la Renovación Sinodal” en su sitio web.
Podría interesarte: Iglesia en Brasil inicia la fase de implementación del Sínodo con formación y creatividad pastoral
Suscríbete a nuestro canal de Whatsapp: https://whatsapp.com/channel/0029VazM21X6WaKvBlZ91E47
Descarga el último cuaderno de estudio 007: Cuaderno de estudio 007
