En la cordillera amazónica del sur colombiano, en la vereda San Isidro de Florencia, vive Marleny Yucumá Vásquez, una lideresa campesina que ha hecho del trabajo comunitario y de la fe compartida un verdadero ejercicio de sinodalidad encarnada. Su historia, contada con humildad y convicción, es la protagonista del nuevo video lanzado por el Observatorio Latinoamericano de la Sinodalidad, titulado “Semillas de esperanza”.
“Soy campesina amazónica, agricultora, ama de casa, abuela, esposa, madre, pero también protectora y defensora de nuestro territorio”, dice Marleny al iniciar su relato, mientras se muestra rodeada por el verdor de la selva y las manos laboriosas de su comunidad.
Desde hace más de 10 años, preside la Junta de Acción Comunal de su vereda, liderando un equipo compuesto íntegramente por mujeres: “Somos emprendedoras unidas en oración. Lo comparamos con las primeras comunidades cristianas porque compartimos lo que tenemos con los que no tienen”, comparte.
Espiritualidad ecológica
El testimonio de Marleny muestra cómo esta comunidad ha desarrollado prácticas agrícolas sostenibles que reflejan una espiritualidad ecológica: “No tumbamos un árbol vivo. Se tumba es el árbol que ya murió para la leña”.
Marleny y las mujeres de su vereda producen panela orgánica, elaboran abonos naturales, y cultivan una huerta comunitaria con energía alternativa, inspiradas en “las riquezas que papito Dios nos ha dado en esta creación tan maravillosa”.
Pero su misión no se queda en lo local. Marleny se desplaza a otras veredas donde no existen estructuras comunitarias y ofrece su apoyo para organizarlas: “No me quedo solo en mi vereda, sino que me desplazo hasta donde no hay ni junta de acción comunal y allá estoy apoyando a cada familia”.
La sinodalidad es una práctica cotidiana
Una de las semillas más valiosas que cultiva es el trabajo con los jóvenes y los niños. A través de una cartilla titulada “Amar la Casa Común”, elaborada por la Vicaría del Sur de la Arquidiócesis de Florencia, integra los principios de Laudato Si’ y Querida Amazonía en la formación de nuevas generaciones. “Ahí estamos viviendo la sinodalidad y dando ejemplo a otras comunidades”, explica con orgullo.
El testimonio de Marleny revela una verdad: la sinodalidad es una práctica cotidiana hecha de solidaridad, espiritualidad, trabajo comunitario y defensa de la vida. Como ella misma afirma: “Estamos trabajando desde hace más de 35 años en sinodalidad, sin conocer qué quería decir esa palabra”.
El video “Semillas de esperanza”, es un acto de reconocimiento a la sabiduría encarnada en las mujeres campesinas de la Amazonía, a su capacidad de sostener la vida en comunidad, y a su papel central en una Iglesia que quiere caminar con todos.
En tiempos donde las palabras pueden parecer vacías, el testimonio de Marleny Yucumá las llena de sentido. Ella es, sin duda, una sembradora de esperanza, y su historia, un reflejo luminoso del rostro sinodal de la Iglesia en América Latina.
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