La sinodalidad toma cuerpo: comienza la fase de implementación con una invitación a encarnar lo discernido

La sinodalidad toma cuerpo: comienza la fase de implementación con una invitación a encarnar lo discernido
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La Iglesia entra en una nueva etapa decisiva: la fase de implementación del proceso sinodal 2025-2028.Que como señala el documento recientemente publicadoPistas para la fase de implementación del Sínodo’, se trata del “corazón palpitante” de un camino que ahora exige ser vivido plenamente.

El teólogo mexicano padre David Jasso Ramírez, en su análisis publicado por Vida Nueva, sintetiza el nuevo horizonte con una fórmula elocuente: “aterrizar lo discernido, concretar lo soñado, encarnar lo escuchado”. Ya no basta hablar de comunión, participación y misión: estos conceptos están llamados a traducirse en acciones reales y concretas. “Una Iglesia sinodal no se define por documentos, sino por experiencias compartidas, relaciones nuevas, decisiones tomadas en el Espíritu, con todos y para todos”, afirma Jasso.

Esta nueva fase inicia en un contexto particular: tras la reciente muerte del Papa Francisco, cuyo impulso sinodal marcó su pontificado, el proceso continúa ahora bajo el liderazgo del Papa León XIV. Su primer mensaje como sucesor de Pedro es una confirmación de ese camino: una Iglesia abierta, que “construye puentes con caridad y diálogo”. Para Jasso, esta es una de las mejores definiciones de sinodalidad.

Revisar las prácticas cotidianas

El documento guía insiste: sin signos concretos, el proceso pierde credibilidad. Por ello, cada diócesis, parroquia, comunidad y entorno pastoral está llamado a revisar sus prácticas cotidianas: “¿cómo se toman las decisiones?, ¿quiénes participan?, ¿a quiénes dejamos fuera, sin querer o sin saber?” Son preguntas que tocan el núcleo de la conversión eclesial.

La implementación, se subraya, no es tarea exclusiva de oficinas o estructuras burocráticas. Es misión de “comunidades vivas: parroquias, equipos diocesanos, movimientos, colegios, hospitales, cárceles y ambientes digitales”. El estilo sinodal es una forma de vivir, donde la escucha, el discernimiento y la toma de decisiones compartida se convierten en norma pastoral.

Padre Jasso advierte que los equipos sinodales no pueden ser ornamentales: deben ser “dinamizadores del proceso”, y eso implica formación, oración, acompañamiento, pero sobre todo, “convencimiento de que el Espíritu actúa en el Pueblo de Dios”.

La Iglesia del presente

La sinodalidad, por tanto, no es una Iglesia del mañana, sino una urgencia del hoy. “Lo que realmente importa es esta Iglesia del presente, que quiere ser más humilde, más misionera y más fraterna”, remarca. Y para mostrar que ya se está caminando, narra una imagen de monseñor Rogelio Cabrera López, arzobispo de Monterrey, sentado entre todos los asistentes de la Asamblea de Consejos Pastorales, no como uno más, sino como miembro del pueblo que peregrina en Monterrey”.

En este contexto, la sinodalidad se convierte en un verbo vivo: caminar, compartir, escuchar, decidir.

El lema de la Arquidiócesis de Monterrey, citado en voz baja por padre David Jasso, resume el espíritu de esta etapa: “Caminando juntos, con la mirada puesta en Jesús”. Lo sinodal ya no es un ideal, es la manera de ser Iglesia que se propone vivir aquí y ahora.

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