Rafael Luciani relata su encuentro con el Papa León XIV y el compromiso por una Iglesia sinodal

Rafael Luciani relata su encuentro con el Papa León XIV y el compromiso por una Iglesia sinodal
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Dentro del proceso sinodal que vive la Iglesia universal, el Observatorio Latinoamericano de la Sinodalidad conversó con el profesor Rafael Luciani, reconocido teólogo y miembro de la Comisión Teológica de las Secretaria del Sínodo. En esta entrevista, Luciani comparte su experiencia personal tras un encuentro con el Papa León XIV, en el que dialogaron sobre el papel que desempeñan América Latina y el Caribe en la construcción de una Iglesia sinodal y en la promoción de una auténtica conversión pastoral y social.

Esta entrevista se convierte en una oportunidad para comprender mejor el significado y los alcances de la sinodalidad, así como el compromiso que la Iglesia está llamada a asumir en el continente para ser un signo vivo de comunión y misión.

Presencia viva de la sinodalidad en las comunidades

Pregunta: Profesor Luciani, ¿cómo vivió personalmente su encuentro con el Papa León XIV y qué impresión le dejó el interés del Santo Padre en los procesos de sinodalidad en América Latina y el Caribe?

Respuesta: El Papa León se mostró como una persona serena, reflexiva y profundamente atenta. Así lo fue también durante el Sínodo. En nuestro diálogo escuchó con gran interés cada tema que le planteé, expresando sus opiniones y valoraciones. Me compartió cómo percibe la importancia de la Iglesia en América Latina y el Caribe dentro del proceso sinodal, tanto por parte del Celam como de la CLAR, pero también destacando en particular la presencia viva de la sinodalidad en las comunidades populares.

También manifestó su preocupación por la realidad de los migrantes en el continente y la necesidad de caminar junto a quienes sufren exclusión y dolor en nuestros países. Aquí se refirió a la dimensión social de la sinodalidad. Esto recuerda la referencia que hace el Documento Final del Sínodo a la sinodalidad como profecía social.

Asimismo, invitó a que sigamos colaborando a mantener viva la sinodalidad y el espíritu de conversión sinodal que hemos impulsado durante el proceso de estos años en el Sínodo.

La sinodalidad como dimensión constitutiva de la Iglesia

P.: El Papa ha insistido en que la sinodalidad debe pasar de ser un discurso a ser una práctica. ¿Cómo cree que el Observatorio puede responder a este desafío en la realidad latinoamericana?

R.: Podemos decir que la sinodalidad, como dimensión constitutiva de la Iglesia, tiene dos vertientes. La primera es ad intra, referida a la vida interna y la organización eclesial. Entre otras cosas, aquí cabe mencionar a las estructuras y los modelos eclesiales institucionales, a los procesos decisionales y el reconocimiento efectivo de los derechos y deberes de todos los bautizados, a la participación y la corresponsabilidad de todos por igual con relación al ejercicio de la autoridad y la gobernanza en la Iglesia.

La segunda es ad extra, relacionada con la misión y el compromiso con el desarrollo humano y la humanización de nuestras sociedades, especialmente a través de una opción por los pobres y excluidos. En este sentido podemos hablar de una sinodalidad cotidiana que se expresa en relaciones de fraternidad y sororidad.

El Observatorio puede ayudar a visibilizar y sistematizar las prácticas sinodales que ya existen en nuestras comunidades, para aprender de ellas y promover una Iglesia y una sociedad más inclusivas y participativas.

También puede ayudar a comprender y visibilizar el hecho de que la sinodalidad sea una profecía social para el mundo de hoy. Esa dimensión a la que me refería en la pregunta anterior. Además, muchas culturas de nuestro continente tienen modos relacionales y realizan procesos de discernimiento comunitario que pueden enriquecer profundamente la vida eclesial, frente a la tentación de vivir en estructuras cerradas o verticales en las que pocos toman decisiones elaboradas de modo vertical y luego las quieren imponer a la gran mayoría.

Relaciones, dinámicas y estructuras

P.: Tras el encuentro con el Santo Padre, ¿qué llamado o mensaje quisiera transmitir a las comunidades eclesiales y académicas de la región que hoy caminan con el Observatorio?

R.: Yo diría que tenemos que discernir tres palabras clave para una auténtica conversión sinodal: relaciones, dinámicas y estructuras. Necesitamos discernir cómo nos relacionamos, cómo nos comunicamos y en qué estructuras hacemos vida. Estas dimensiones son inseparables, porque la sinodalidad no es solo una forma de vivir, sino también una manera de proceder que integra estilos, procesos y estructuras. Por ello, no puede haber una comunidad eclesial u otra académica que no entren en una conversión sinodal.

En el caso de la academia esto lleva a repensar, por ejemplo, el modo cómo se enseña, la pedagogía, pero también el modo cómo se aprende y si esto es recíproco sin que existan sujetos que enseñen y objetos que aprenden, sino que se genere una escucha mutua en la que cada uno tiene algo que aprender, así como algo que aportar, para que se dé un crecimiento del conjunto.

No son dinámicas fáciles si nuestros modos comunicativos son unidireccionales, de un yo a un tú, pero nunca llegan a formar un nosotros. De hecho, cuando el Papa se refirió, en una ocasión, a la sinodalidad como “estilo”, algunos creyeron que estaba desvalorizando la dimensión institucional. Sin embargo, el Documento de la Comisión Teológica Internacional, en el numeral 70, deja claro que “estilo” supone la integración de procesos, estructuras y modos relacionales. Es una forma de ser y proceder en la Iglesia donde todos y todas estamos implicados, y a todos los niveles eclesiales. No sólo en ciertos espacios de la Iglesia. Es a lo que se refería el Papa.

La sinodalidad es una forma de ser y de hacer

P.: Si usted gusta agregar algo más

R.: Quisiera subrayar que la sinodalidad no es una moda ni una estrategia pastoral, sino la forma misma de ser y de hacer Iglesia en fidelidad al Evangelio y al Concilio Vaticano II.

Es un proceso de conversión que exige tiempo, paciencia y apertura a la acción del Espíritu, pero es también un proceso que exige reconocer que hoy en día estamos viviendo una maduración del Concilio y no sólo una profundización. Es decir, que el Sínodo ha logrado dar un salto cualitativo en el modo como se recepciona hoy el Concilio al punto de que el proceso sinodal llega a la conclusión, por parte de toda la Asamblea Sinodal, de que la sinodalidad es una dimensión constitutiva de la Iglesia. En otras palabras, la Iglesia no puede no ser sinodal. Toda ella es sinodal o no es Iglesia.

En esto, el Papa León, siendo entonces Prefecto del Dicasterio para los obispos, participó como miembro de la Asamblea sinodal y votó por lo definido en el Documento Final por la Asamblea, de modo que reconoce este modo de ser y hacer de la Iglesia Pueblo de Dios. Una Iglesia sinodal.

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