El proceso sinodal que estamos viviendo nos ayuda a recuperar la eclesiología de comunión del Concilio Vaticano II. Estamos ante un proceso que necesita su tiempo, porque la comunión, participación y misión deben contar con un elemento clave que exige su ritmo: la escucha. Y no podemos olvidarnos del discernimiento, una actitud indispensable para tomar las decisiones pertinentes, teniendo en cuenta siempre los signos y señales de nuestro mundo.
Este libro nos recuerda que, en el espíritu de la sinodalidad, nos corresponde volver la mirada a Jesús. Hoy más que nunca, la tarea es romper la noche, desarmar la guerra, exorcizar la prolongada crisis y, en estado de misión, abrirle boquetes al Espíritu para que pueda entrar y fecundarlo todo.
Caminar en sinodalidad supone conversión, y la inmersión en los distintos contextos y culturas exige renovación de las actitudes, adecuación de las formas, estructuras y estilos. Estamos urgidos de camino, de salida misionera, de pasión por vivir en lo cotidiano el vínculo, la relación, la amistad, el afecto que impulse a quererse, creerse y cuidarse. Estamos convocados a la utopía de lo fraterno.
