Sinodalidad. El modo de ser Iglesia comunión y participación

Compartir...

Autor: Agenor Brighenti

La sinodalidad está a la orden del día. No es un tema de moda, y mucho menos una bandera enarbolada por el Papa Francisco, a pesar de que es él quien se ha opuesto abiertamente a una Iglesia piramidal.

La sinodalidad es una cuestión tan antigua como la Iglesia, puesto que, por su naturaleza, la Iglesia es sinodal —el Pueblo de Dios constituido por el bautismo, en la corresponsabilidad de todos para todo y en la igual dignidad de todos los ministerios—. Sin embargo, no siempre la Iglesia ha dado testimonio de esto, especialmente desde el segundo milenio, cuando hemos perdido de vista el principio que regía a la Iglesia en el primer milenio —«lo que concierne a todos debe ser discernido y decidido por todos»—. No son pocos los que ven hoy a la Iglesia como una institución centralizadora y autoritaria, con poca voz y lugar para los laicos, especialmente para las mujeres, es decir, una institución clericalista y piramidal.

Por eso, más que nunca, es imperativo avanzar hacia una Iglesia sinodal, guiada por el ejercicio del sensus fidelium, como propuso el Vaticano II, en su regreso a las fuentes, hace más de medio siglo, sin que hayamos avanzado mucho.


Compartir...

Enviar comentario

Su dirección de correo electrónico no será publicada.