Al concluir la CXXXI Asamblea Ordinaria, los obispos de la Conferencia Episcopal de Costa Rica dirigieron un mensaje a la Iglesia y al pueblo de Costa Rica, en el que resaltan la centralidad de la sinodalidad como horizonte pastoral, eclesial y social para el tiempo presente.
Inspirados en la exhortación paulina: “Esfuércense por conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz” (Ef 4,3) los obispos saludaron fraternalmente a los fieles y ciudadanos, reconociendo las “maravillas que el Buen Dios nos concede” como signo de su providencia sobre la nación.
La sinodalidad: gracia y llamado para este tiempo
Uno de los ejes centrales del mensaje fue la profundización del camino sinodal. Los obispos compartieron que, durante la Asamblea, participaron en encuentros formativos acompañados por expertos internacionales, reiterando que la sinodalidad no responde a coyunturas pasajeras.
“La sinodalidad no es una consigna ni una moda eclesial, sino una ‘dimensión constitutiva de la Iglesia’”, recordaron, retomando la enseñanza del Papa Francisco.
En esta línea, señalaron que se trata de una gracia del Espíritu que impulsa “una comunión más real, una participación más amplia y una misión más compartida”, en fidelidad al Evangelio y atentos a los signos de los tiempos.
No obstante, reconocieron con tono autocrítico que este proceso exige conversión: “Persisten entre nosotros… resistencias, miedos y prácticas que dificultan la escucha”. Por ello, caminar sinodalmente implica revisar estilos de autoridad, relaciones y estructuras, para que todo esté al servicio de la comunión y la misión.
Asimismo, renovaron su compromiso de ejercer el ministerio episcopal “en clave sinodal, como servicio humilde a la unidad”, convocando a laicos, vida consagrada y clero a asumir corresponsablemente este proceso, para ser una Iglesia que “escuche, discierna y salga al encuentro”.
Mirada al proceso electoral
En el plano nacional, los obispos valoraron positivamente el clima democrático de las elecciones del 1 de febrero, agradeciendo a autoridades y ciudadanía por su participación responsable. Destacaron el respeto institucional y el ejercicio cívico como patrimonio del país.
Sin embargo, advirtieron desafíos como el abstencionismo, la polarización social y la fragilidad de la confianza política, realidades que, indicaron, interpelan también a la Iglesia en su tarea de formar conciencias y promover participación.
Recordaron que “una auténtica democracia no es sólo el resultado del respeto formal de las reglas”, sino que se fundamenta en valores como la dignidad humana y el bien común.
Retos sociales que exigen caminar juntos
El mensaje episcopal enumeró preocupaciones urgentes: violencia, pobreza, desigualdad, desempleo, crisis educativa y sanitaria, así como la situación del sistema de pensiones y el cuidado de la casa común.
Subrayaron que estos no son solo problemas técnicos, sino “cuestiones profundamente humanas y éticas” que requieren políticas sostenidas, diálogo social y reconstrucción de la confianza institucional.
Desde la Doctrina Social de la Iglesia, recordaron que cuando falta acción pública adecuada “se produce… un mayor número de desigualdades”.
Llamado a la unidad y la cultura del encuentro
En sintonía con la espiritualidad sinodal, los obispos hicieron un llamado a la concordia nacional, evocando que “a cada cual se le otorga la manifestación del Espíritu para el bien común” (1 Co 12,7).
Invitaron a autoridades, líderes sociales y comunicadores a ser “artesanos de paz”, promoviendo un lenguaje responsable y puentes de diálogo. Reiteraron la disposición de la Iglesia para acompañar procesos que fortalezcan la fraternidad social.
El mensaje concluyó con una invitación a celebrar el centenario de la coronación pontificia de Nuestra Señora de los Ángeles, confiando su intercesión ante los desafíos del país.
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