En una Iglesia que redescubre su vocación sinodal, la catequesis está llamada a asumir un papel renovado: no como un instrumento de transmisión unidireccional de doctrinas, sino como un proceso dinámico, participativo y comunitario. Así lo propone Marcial Riveros Tito en su reciente reflexión publicada por Vida Nueva bajo el título: “La sinodalidad en la catequesis: una pedagogía eclesial en camino”.
Desde una mirada teológico-pastoral, el autor pone en el centro la necesidad de repensar la catequesis a la luz del dinamismo sinodal, en sintonía con el proceso global impulsado por el Sínodo de los Obispos, cuya primera fase culminó en octubre de 2024.
“La catequesis ya no puede concebirse como un acto unilateral de enseñanza doctrinal, sino como un proceso en el que todo el Pueblo de Dios se implica, camina, discierne y anuncia”, afirma Riveros, citando el Documento Final del Sínodo.

Escuchar al Pueblo de Dios
La catequesis enfrenta hoy múltiples desafíos en América Latina, como el proceso de secularización, la desconexión entre formación y vida eclesial, y una percepción de rutina institucionalizada. Ante este contexto, el discernimiento de Riveros, presenta a la sinodalidad como una “pedagogía eclesial en camino”, capaz de dar respuesta a estas urgencias.
“El Pueblo, no es nunca la mera suma de los bautizados, sino el sujeto comunitario e histórico de la sinodalidad y de la misión”, recuerda el autor, citando el n.°17 del documento sinodal.
Desde esta perspectiva, el autor subraya que la catequesis no puede quedar al margen de la transformación eclesial en curso, más bien debe convertirse en un espacio donde se practique la sinodalidad desde sus fundamentos: escucha, discernimiento comunitario, participación y misión.
Superar estructuras rígidas
Riveros identifica con claridad las resistencias estructurales y culturales que impiden una catequesis plenamente sinodal. Menciona, por ejemplo, la persistencia de modelos verticales donde el catequista es visto como el único portador de saberes, y los catequizandos como receptores pasivos. “Esta forma de entender la catequesis contradice el principio eclesiológico de corresponsabilidad y participación”, advierte.
Otro de los problemas es la fragmentación pastoral que afecta a muchas comunidades, donde la catequesis queda desconectada de otras dimensiones como la liturgia, la vida comunitaria o la opción por los pobres. Además, se señala la escasa implicación de las familias y el poco reconocimiento de los carismas laicales en los procesos de iniciación cristiana.
Frente a ello, el autor propone una conversión pastoral: reconfigurar los procesos catequéticos no como actividades aisladas, sino como parte integral del caminar eclesial.
Hacia una catequesis sinodal
Para avanzar en este horizonte, Riveros propone tres caminos propositivos. El primer camino: Fomentar espacios de escucha activa donde todos —niños, jóvenes, adultos, familias y catequistas— sean escuchados en sus búsquedas y realidades. La escucha, dice el autor, “se convierte en criterio pedagógico y espiritual”, y una herramienta para discernir y adaptar los itinerarios formativos a los contextos culturales y sociales.
El segundo camino: Integrar la “conversación en el Espíritu” como dinámica metodológica de los encuentros catequéticos. Esta práctica, central en el proceso sinodal, introduce una espiritualidad comunitaria donde orar, escuchar y discernir juntos se convierte en el corazón del proceso formativo. “La conversación en el Espíritu ha sido el corazón del proceso sinodal”, afirma el autor, haciendo eco del Documento Final del Sínodo.
El tercer camino: Impulsar la formación integral y permanente de los catequistas, no solo en contenidos doctrinales, sino también en habilidades sinodales: saber animar, discernir, dialogar, trabajar en red y vivir la corresponsabilidad. Además, se hace un llamado a renovar los órganos de participación para que la catequesis esté inserta en la vida comunitaria.
“Todo esto permitirá pasar de una catequesis de ‘consumo religioso’ a una catequesis de ‘comunión misionera’”, sostiene Riveros.
Pedagogía del encuentro
El autor concluye con una invitación a volver a la fuente, recordando que la catequesis no es una técnica educativa, sino un acto de amor de Dios que convoca, forma y envía a su Pueblo: “La catequesis debe ser ese espacio privilegiado donde se ensaya y se vive la sinodalidad de forma concreta”, sostiene.
La pedagogía sinodal, entonces, no es una técnica más: es una forma de vivir el Evangelio en comunidad, escuchando al Espíritu Santo en la voz del Pueblo de Dios, caminando juntos, celebrando la fe y anunciando con alegría. “Su objetivo no es formar solamente buenos cristianos, sino comunidades vivas que caminan juntas”, afirma el autor, apelando a una catequesis encarnada en la realidad.
Camino en construcción
La reflexión concluye recordando la importancia del proceso de implementación sinodal. Citando la “Nota de acompañamiento” del Papa Francisco, que da oficialidad al documento del Sínodo sin necesidad de una exhortación postsinodal, Riveros recuerda que este camino será progresivo y requerirá múltiples mediaciones.
“Necesitamos de fases como la de la implementación que estamos viviendo”, señala y remarca que estamos ante una oportunidad única para redefinir la catequesis como un espacio eclesial de encuentro, discernimiento, participación y esperanza.
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