Una nueva etapa en el ejercicio del gobierno eclesial ha comenzado con el pontificado del Papa León XIV, tras la convocatoria de un consistorio extraordinario celebrado los días 7 y 8 de enero de 2026. La iniciativa, presentada como una novedad significativa, fue analizada por el canonista José San José Prisco en un artículo publicado en la revista Christus, donde subraya su alcance para la sinodalidad y la misión de la Iglesia.
El encuentro reunió a los 245 cardenales —electores y no electores— en un ejercicio de discernimiento colegial que, según el autor, recupera el sentido del Colegio Cardenalicio como órgano consultivo permanente del Romano Pontífice. Señala que se trata de un modo renovado de afrontar la misión petrina, invitando a “hacer un alto en el camino para escuchar al Espíritu Santo” y responder a los desafíos del mundo y de la propia Iglesia desde la comunión.
La convocatoria se inscribe en continuidad con el camino sinodal promovido por el Papa Francisco, poniendo el acento en la participación y la corresponsabilidad. Al mismo tiempo, se apoya en la normativa vigente del Código de Derecho Canónico, que reconoce la función colegial de los cardenales —particularmente en el canon 351— como colaboradores directos del papa en asuntos de especial relevancia.
Consistorio
El artículo explica que el consistorio es, esencialmente, una asamblea de cardenales convocada por el pontífice para asistirle en cuestiones importantes de la vida eclesial. La tradición distingue entre consistorios ordinarios: destinados a actos solemnes o temas recurrentes, como las canonizaciones y extraordinarios, convocados ante necesidades graves o decisiones de gran alcance, donde todo el colegio es llamado a deliberar.
Históricamente, recuerda San José Prisco, el consistorio funcionó desde el siglo XII como el “senado” del papa, espacio donde se abordaban cuestiones doctrinales, disciplinarias, nombramientos episcopales y reformas. Sin embargo, su uso disminuyó progresivamente con la creación de las Congregaciones Romanas entre los siglos XV y XVI, que asumieron muchas de esas competencias.
En tiempos recientes, el pontificado de Francisco introdujo el consejo restringido de cardenales —ocho y luego nueve miembros— que se reunía periódicamente para tratar asuntos de gobierno. De ese proceso surgió, entre otros frutos, la constitución apostólica Praedicate Evangelium, que reformó la Curia romana. No obstante, estas reuniones no representaban plenamente al conjunto del colegio cardenalicio.
Instrumento de escucha, discernimiento y orientación misionera
Consciente de esa limitación, León XIV ha decidido recuperar el consistorio como instrumento ordinario de discernimiento, no reservado a momentos de crisis o decisiones excepcionales, sino integrado en la dinámica habitual de gobierno. En la homilía posterior al encuentro, el pontífice explicó el sentido espiritual del término consistorium, vinculado a consistere, es decir, “detenerse”: un gesto profético, dijo, en una sociedad marcada por la prisa, que invita a parar, orar, escuchar y reenfocar la misión.
La decisión de dar continuidad a esta práctica, con un segundo consistorio ya anunciado para finales de junio de 2026 proyecta, según el análisis publicado, una Iglesia que no limita la sinodalidad a eventos puntuales, sino que la asume como método permanente de escucha recíproca, discernimiento compartido y orientación misionera.
Así, la revitalización del consistorio cardenalicio aparece no solo como una reforma organizativa, sino como un signo eclesiológico: una forma de vivir la comunión episcopal con el Sucesor de Pedro y de fortalecer, desde la colegialidad, la respuesta de la Iglesia a los desafíos contemporáneos.
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