“La sinodalidad no se enseña, se contagia”: Sor Simona Brambilla invita a vivir con corazón el camino del Espíritu

“La sinodalidad no se enseña, se contagia”: Sor Simona Brambilla invita a vivir con corazón el camino del Espíritu
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Tras el Jubileo de la Vida Consagrada, la prefecta del Dicasterio para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, Sor Simona Brambilla, renovó el llamado a “volver al corazón” y a vivir la sinodalidad como camino de renovación espiritual. En diálogo con Richard Benotti (AgenSIR), la religiosa afirmó que “lo que importa no son los números, sino la transparencia de Cristo”.

La misionera de la Consolata, nacida en Monza, remarcó que el sentido profundo de la vida religiosa se encuentra en la autenticidad del testimonio: “Solo quienes conservan la esperanza y abrazan la pequeñez pueden despertar al mundo”.

Despertar y velar: dos verbos para una Iglesia sinodal

Inspirada por las palabras del Papa León XIV durante el Jubileo, Sor Simona destacó que la misión de los consagrados es “despertar al mundo”, ayudando a que los sentidos humanos “se abran, se reactiven y se liberen de todo lo que los adormece”. Junto a ello, explicó que el verbo “velar” es un llamado a la vigilancia espiritual: “Creo que estos dos verbos nos ayudan a centrarnos en una dimensión importante de la vida consagrada: la receptividad al movimiento del Espíritu en uno mismo, en los demás, en la realidad, en la historia. Discernir, interceptar y seguir este movimiento, esta danza del Espíritu.”.

Escuchar, acompañar y cuidar

Sor Simona señaló que la vida consagrada está llamada a ofrecer al mundo una “presencia de profunda atención”, capaz de escuchar tanto “el susurro como el grito silencioso” de quienes sufren. “Necesitamos una mirada que vea más allá de las apariencias y unas manos que sostengan cuando la vida se desmorona”, expresó. Esa cercanía, añadió, es la que “reaviva el corazón”, como sucedió con los discípulos de Emaús.

Redescubrir las raíces del carisma

Retomando la metáfora del Papa León XIV, la religiosa comparó a los institutos de vida consagrada con un árbol: “Necesitamos cultivar las raíces para que se hundan en el suelo fértil del carisma y , precisamente por esta razón, sean capaces de sostener el árbol hoy”.

Esa memoria agradecida, dijo, no debe ser nostalgia sino impulso misionero: “Volver al corazón significa volver al centro, a la fuente de la vida, al ADN espiritual, a la razón profunda por la que una familia de hombres y mujeres consagrados está en el mundo”.

Profecía y transparencia

Para Sor Simona, la profecía consiste en “la transparencia de Cristo”. “El profeta es alguien libre de todo lo que no es amor”, señaló. Al permitir ser purificados e iluminados por la luz de Cristo, “podemos sensibilizarse profundamente al clamor de cada persona marginada y excluida, a la profunda conexión que une a todos los seres vivos en la misma casa común”.

“Expertos en sinodalidad”

El Papa León XIV, recordó, pidió a las personas consagradas convertirse en “expertos en sinodalidad”. “Este es un viaje de transformación —dijo Brambilla—, porque la sinodalidad no se enseña, se contagia”.

Para vivirla, el primer paso es la escucha: “Escuchando. Con esa profunda atención de la que hablé antes, conscientes de que los demás tienen mucho que revelarnos y de que el Espíritu puede hablar a través de cualquiera”. En esa apertura, la vida religiosa —explicó— tiene una larga tradición sinodal “inscrita en su propia esencia”, que hoy debe redescubrirse para sanar relaciones, procesos y estructuras.

Pequeñez, confianza y libertad evangélica

Sobre el futuro de la vida consagrada, Brambilla advirtió que no debe medirse por su cantidad sino por su fidelidad al Evangelio. “No basemos la esperanza en los números o hechos, sino en Aquel en quien hemos puesto nuestra confianza y para quien nada es imposible”, señaló, invitando a leer la fragilidad y la disminución de comunidades como un signo de sabiduría evangélica: “Dios se hizo pequeño para estar con nosotros. El Espíritu siempre elige lo pequeño, porque no puede entrar en lo grande, lo orgulloso o lo autosuficiente”.

La prefecta concluyó que esa pequeñez, vivida con gratitud, puede convertirse en un camino de libertad y profecía: “la conversión del corazón a la pequeñez, interpretada como una bendición, puede liberar la vida consagrada de la lógica mundana, convirtiéndola en una presencia profética, similar a la de Simeón y Ana: capaz de reconocer profundamente —y reafirmar hoy— la fuerza humilde y regia del amor de Dios, manifestada en signos humildes y frágiles, como un niño en brazos de su madre, como un grano de trigo que muere para dar fruto, como el pan partido por la vida de todos”.

Lea la entrevista completa aquí: https://www.agensir.it/chiesa/2025/11/04/meno-numeri-piu-cuore-suor-simona-brambilla-rilancia-la-profezia-della-vita-consacrata/

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