La vivencia de la sinodalidad en la Amazonía encuentra uno de sus rostros más elocuentes en la experiencia de la Red Eclesial Panamazónica (Repam), presentada como “un signo profético de los tiempos” en el artículo del laico ignaciano Mauricio López Oropeza, publicado en la revista Iglesia Viva. El texto ofrece una reflexión amplia sobre la práctica sinodal encarnada en el territorio amazónico, en sintonía con el proceso de renovación eclesial impulsado por el Papa Francisco.
Inspirado en la exhortación Querida Amazonía, el autor recuerda que “todo lo que la Iglesia ofrece debe encarnarse de modo original en cada lugar del mundo”, subrayando que la sinodalidad solo puede comprenderse desde su inserción en la vida, culturas y luchas de los pueblos.
Red nacida desde el territorio
El artículo sitúa el origen formal de la Repam en 2014, como respuesta al llamado del Concilio Vaticano II y de Aparecida a articular una pastoral de conjunto para la Amazonía. Sin embargo, su gestación pastoral se remonta a décadas de presencia eclesial, concretadas en el encuentro fundacional de Puyo, Ecuador, en abril de 2013, descrito como “signo de la periferia que ilumina al centro”.
Aquel proceso fue impulsado por la convergencia de redes misioneras, pastorales indígenas, congregaciones religiosas, organismos de cooperación y equipos itinerantes, configurando una articulación eclesial inédita que el propio texto define como una red “improbable pero imprescindible”, capaz de generar “novedad eclesial” desde una espiritualidad intercultural y territorializada.
Escucha masiva y discernimiento eclesial
Uno de los aportes más significativos de la Repam ha sido su metodología de escucha. Durante la preparación del Sínodo para la Amazonía, la red coordinó más de 350 espacios de consulta, involucrando a 87.000 personas. Este proceso permitió sistematizar aportes que nutrieron el Documento de Trabajo sinodal, en un ejercicio orientado a recoger el sensus fidei presente en el Pueblo de Dios.
La escucha, señala el artículo, parte del reconocimiento de los pueblos originarios como portadores de “sabiduría ancestral”, cuyas visiones enriquecen la reflexión pastoral y teológica de la Iglesia.
Territorio, interculturalidad y trabajo en red
La experiencia sinodal descrita asume la Amazonía como “lugar teológico”, lo que implica reconocer identidades, cosmovisiones y espiritualidades propias. Desde esta perspectiva, el diálogo intercultural no es mera tolerancia, sino un camino de transformación mutua que permite “abrazar la diversidad cultural como expresión de la catolicidad”.
Este proceso se sostiene en una amplia articulación institucional que involucra organismos como el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), la CLAR, el SELACC y la Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil (CNBB), junto a organizaciones indígenas, universidades y agentes pastorales. El texto sostiene que la sinodalidad exige “superar fragmentaciones” para responder de manera integral a las amenazas del territorio.
Formación para la defensa de la vida
El artículo también resalta procesos formativos como la Escuela de Derechos Humanos en la Panamazonía, orientada a capacitar líderes desde la doctrina social de la Iglesia. Estos itinerarios buscan no solo transmitir conocimientos, sino fortalecer capacidades de incidencia, acompañamiento comunitario y participación en foros internacionales de derechos indígenas.
Voz profética desde las periferias
La dimensión profética de la Repam se expresa en su opción por los excluidos. Inspirada en la convicción de que “la periferia es el centro”, la red prioriza a pueblos indígenas, comunidades ribereñas y sectores marginados, reconociéndolos como sujetos históricos y eclesiales.
Frente al extractivismo y la violencia, su acción incluye el acompañamiento de luchas territoriales y la promoción de alternativas basadas en la ecología integral, en sintonía con Laudato Si’. A ello se suma la promoción de una espiritualidad “encarnada y en armonía con la creación”, vivida comunitariamente y vinculada a la justicia socioambiental.
Hacia un nuevo paradigma eclesial
La reflexión de López subraya que la praxis de la Repam impulsa una eclesiología sinodal que busca superar el clericalismo, descentralizar la autoridad y recuperar la corresponsabilidad. Se promueve así una Iglesia más horizontal, con participación activa de laicos, pueblos indígenas y mujeres, y con reconocimiento de la diversidad de carismas y ministerios.
Frutos visibles y tensiones persistentes
Entre los frutos, el artículo señala la visibilización de las realidades amazónicas en la Iglesia universal, proceso que hoy continúa con instancias como la Conferencia Eclesial de la Amazonía (Ceama) y el Programa Universitario Amazónico (PUAM). También resalta el empoderamiento de liderazgos indígenas y femeninos, la consolidación de una identidad eclesial panamazónica y el impulso de una teología desde la periferia.
No obstante, persisten desafíos significativos: resistencias internas a los cambios, criminalización de defensores del territorio, falta de coherencia profética en algunos sectores y tensiones entre la visión territorial y estructuras eclesiásticas tradicionales.
Experiencia que interpela a la Iglesia universal
El artículo concluye que la experiencia de la Repam ofrece claves para toda la Iglesia: la centralidad de la escucha, el valor de la diversidad cultural, la necesidad de estructuras flexibles y el potencial transformador de una Iglesia encarnada en las periferias.
Lee el artículo completo aquí: La sinodalidad en práctica.La experiencia REPAM.IglesiaViva2025
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