Con motivo de la COP30 que se celebra en Belém do Pará, el Observatorio Latinoamericano de la Sinodalidad dialogó con el padre Dário Bossi, coordinador de la Comisión de Ecología Integral de la CNBB y de la Red de Iglesias y Minería. La conversación exploró cómo la Iglesia, desde la sinodalidad y la ecología integral, puede asumir un papel activo en la defensa de la vida de los pueblos y del planeta, promoviendo justicia social, participación comunitaria y cuidado de la Casa Común.
Para el padre Bossi, la sinodalidad y la conversión ecológica no son procesos separados: “Creo que tanto el camino sinodal como la perspectiva de la ecología integral comparten el concepto de que todo está interconectado, que existen conexiones en todas las dimensiones –ministerios, funciones y responsabilidades del pueblo de Dios–; que es necesario saber cómo construir esta participación común y la contribución de cada persona en la comunidad, basada en sus habilidades, experiencias y capacidades”.
A lo largo de la entrevista, Bossi profundiza en cómo la Iglesia puede ser un actor de escucha y protagonismo frente a los desafíos del cambio climático, haciendo hincapié en incluir a las comunidades amazónicas, a los más vulnerables y al resto de la creación en el diálogo global. Asimismo, reflexiona sobre la necesidad de que la ecología integral se viva en todos los ámbitos pastorales, desde la catequesis hasta la liturgia, articulando la fe con la justicia social y el cuidado del planeta.
Con una mirada esperanzadora, el padre Bossi pone de relieve que la misión de la Iglesia en la COP30 es demostrar que la protección de la vida y de la creación no puede limitarse a especialistas o instituciones aisladas, sino que debe ser un compromiso colectivo, fruto de la sinodalidad y de la corresponsabilidad de todos los miembros del pueblo de Dios.

Todo esta interconectado
Pregunta: Padre Dario, desde su experiencia en la Red de Iglesias y Minería y en la Comisión de Ecología Integral de la CNBB, ¿cómo se entrelazan la conversión ecológica y el camino sinodal que vive la Iglesia? ¿De qué modo ambos procesos se fortalecen mutuamente en la misión de cuidar la Casa Común?
Respuesta: Creo que tanto el camino sinodal como la perspectiva de la ecología integral comparten el concepto de que todo está interconectado, que existen conexiones en todas las dimensiones –ministerios, funciones y responsabilidades del pueblo de Dios–; que es necesario saber cómo construir esta participación común y la contribución de cada persona en la comunidad, basada en sus habilidades, experiencias y capacidades.
Esta perspectiva de conjunto, un trabajo de conjunto en la pastoral, es propio de la sinodalidad; la contribución y el protagonismo de todas las personas, de todos los miembros del pueblo de Dios. Este es el principio rector que resalta la fuerza de la sinodalidad al valorar las diferencias que conforman una sola Iglesia.
Percibimos lo mismo en la visión de la ecología integral, donde tenemos la claridad de que todas las criaturas forman parte de un solo cuerpo creado por nuestro Señor, creado por el autor de la vida y entregado a la humanidad para que lo cuide y gestione como cocreadores de la obra de Dios, en un constante acompañamiento y cuidado de las relaciones que también están entrelazadas.
Así pues, la ecología integral también demuestra que es imposible separar la participación de cada forma de existencia para que exista una vida plena en todas las relaciones. Esto como concepto. Desde un punto de vista operativo, es evidente que la conversión ecológica debe darse a través de la sinodalidad, porque abarca todas las formas de ser Iglesia.
Todos los campos y los ámbitos de nuestra Iglesia deben asumir el compromiso con la ecología integral como una prioridad. No se trata de un sector aislado que pueda externalizarse o delegarse a un grupo de especialistas dentro de nuestra Iglesia.
La catequesis debe ocuparse del cuidado de nuestra casa común, la formación de jóvenes y adultos, la pastoral familiar, la liturgia, nuestra forma de celebrar los sacramentos; todo ello está íntimamente ligado al cuidado y la interrelación con nuestra casa común.
Por lo tanto, pastoralmente, no podemos aislar el compromiso con la conversión ecológica, segmentando el rostro de una Iglesia sinodal, sino al contrario, debemos asumir este compromiso de forma colectiva.
Una Iglesia que escucha es el principal aporte para la COP30
P.: La COP30 abre nuevamente un espacio global de diálogo sobre el futuro del planeta. Desde la mirada sinodal, ¿cómo puede la Iglesia ser un actor que escuche, acompañe y promueva la participación de los pueblos y comunidades más vulnerables en estas decisiones?
R.: En efecto, una de las dimensiones más fundamentales del Sínodo es la escucha, como afirmó el Papa Francisco en la exhortación Episcopalis Communio.
Y el rostro de una Iglesia que escucha es el rostro de una Iglesia que cree en el protagonismo de las comunidades, en la capacidad de los pequeños, de los periféricos, las personas descartadas por este modelo económico letal, para que sean, por el contrario, protagonistas del cambio.
El Papa Francisco siempre decía: “En vuestras manos está el futuro de la humanidad”. El protagonismo de los pequeños abre nuevas perspectivas que desconocen o no aceptan quienes controlan las riendas del poder.
Por lo tanto, el papel de una Iglesia sinodal que escucha y deja este espacio de protagonismo a las comunidades en sus territorios es la principal contribución que podemos ofrecer en la COP 30.
Recalcar, como siempre repetimos, que la historia del clima se cambia desde los territorios, a partir de la creatividad de las comunidades y los pueblos, al inventar nuevos caminos y buscar soluciones creativas, como dice el Papa Francisco, para garantizar los derechos básicos a las tres T: tierra, techo y trabajo.
De eso es de lo que debe hablar la COP, no de soluciones financieras ni de la búsqueda de tecnologías que reinventen el equilibrio climático. Garantizando tierra, techo, trabajo y los derechos de las comunidades a construir su futuro en sus territorios, también garantizaremos el equilibrio climático.
Los derechos ambientales están ligados a los derechos sociales
P.: El Papa Francisco ha insistido en que la ecología integral no se puede separar de la justicia social ni del discernimiento comunitario. ¿Cómo se expresa esto en las comunidades amazónicas y en los procesos sinodales que acompañan desde la Iglesia en América Latina?
R.: En la vida cotidiana de las comunidades amazónicas, resulta evidente que no se puede separar los derechos ambientales de los derechos sociales, al compromiso con la transformación de la sociedad y la Iglesia, de la vivencia de la fe en comunidad y de la sensibilidad hacia el cuidado de la creación.
Todo está interconectado y en la práctica de una comunidad que se reúne y participa en el discernimiento comunitario. Conocemos el poder de la Palabra de Dios, que interpreta la realidad, que brinda esperanza, incluso en contextos de contradicción, que muestra posibles caminos de transformación.
Cuando una comunidad ora, comparte y celebra, partiendo de la Palabra, en constante diálogo con la vida, se abren intuiciones y posibilidades inspiradas por el Espíritu, confirmadas por el compromiso de liderazgos que creen en la vida, en compartir, en la defensa de los derechos de los vulnerables y que dan testimonio del compromiso cristiano en la más concreta y auténtica de sus formas.
Escuchar a los desechados y a la creación
P.: En el contexto de la sinodalidad, la escucha es una actitud clave. ¿Qué voces y clamores de la Amazonía deberían ser escuchados con más fuerza por los líderes mundiales reunidos en Belém y por la propia Iglesia?
R.: Nuestra sociedad se está convirtiendo cada vez más en una que desecha: desecha materiales y productos, pero también personas. Por lo tanto, la escucha transformadora implica escuchar a quienes son desechados, para comprender sus razones para sobrevivir y su clamor por derechos, pero también para construir con ellos caminos diferentes de inclusión y empoderamiento.
Además, la voz de la creación debe ser escuchada. Creemos profundamente que la Madre Tierra nos habla y que su clamor se une al clamor de los pobres, como afirma la Encíclica Laudato Si’ y como también lo recuerda la Palabra de Dios.
Escuchar las voces de la Madre Tierra significa abrir nuevas sensibilidades dentro de la comunidad cristiana y el marco institucional de la Iglesia. Una Iglesia que también sitúa al resto de la creación, y no solo a los seres humanos, en el centro de sus preocupaciones y en constante interlocución. Esto transforma nuestra manera de ser Iglesia y nos da más vitalidad, más credibilidad y más compromiso.
El verdadero cambio
P.: Pensando en el futuro, ¿cómo imagina una Iglesia verdaderamente sinodal y ecológica, capaz de inspirar cambios culturales, espirituales y políticos que garanticen la vida del planeta y de sus pueblos?
R.: El esfuerzo de COP consiste en buscar actores con una coherencia ética que emane de la espiritualidad, la religión, el arte y la humanidad de las relaciones, para que testimonien y llamen a las sociedades y los modelos políticos y económicos a un cambio.
Un cambio radical. Este cambio no se producirá mediante obligaciones, imposiciones políticas ni intereses económicos. El verdadero cambio solo ocurrirá si logramos concretar razones éticas y espirituales profundas que mueven y transforman nuestras comunidades, nuestras sociedades, la forma en que organizamos nuestras relaciones entre los seres humanos y con el resto de la creación.
Así, sueño con una Iglesia coherente y comprometida, aliada con los más desfavorecidos, conectada y fiel al clamor de la Madre Tierra, que, basada en sus compromisos locales y su participación permanente en la defensa de los derechos a la vida, los territorios y los proyectos de vida de las comunidades, tenga también la autoridad para expresarse con profecía, competencia y valentía, en el contexto político de un debate, que necesita ser sacudido y transformado para que, finalmente, el sistema político, por encima de los intereses económicos, garantice la supervivencia y un futuro digno, una vida digna para las personas y para el planeta.
Iglesia en la COP30
P.: Algo que le gustaría agregar
R.: Quería decir que la presencia constante de la Iglesia en esta COP —contamos con unos 50 obispos de cinco continentes y nueve cardenales, además, obviamente, de todos los movimientos pastorales, sociales, ecologistas y comprometidos— confirma que el papel de la Iglesia, su misión en la defensa de nuestra casa común, es esencial, y que este tema ya no puede dejarse únicamente en manos de unos pocos especialistas, científicos u organizaciones no gubernamentales.
Esto forma parte del núcleo de nuestra fe: el cuidado y la protección de la vida. La promoción del Reino de Dios y de su justicia es el legado evangélico más fuerte y profundo, y nos alegra que la Iglesia también lo esté asumiendo, pues esta evidencia confirma que ya no podemos postergarlo.
Podría interesarte: Birgit Weiler: “Ser Iglesia sinodal es caminar juntos, escuchando el clamor de la tierra y de los pobres”
Suscríbete a nuestro canal de Whatsapp: https://whatsapp.com/channel/0029VazM21X6WaKvBlZ91E47
Descarga el último cuaderno de estudio 008: Cuaderno de estudio
