¿Hacia una Iglesia verdaderamente sinodal?

¿Hacia una Iglesia verdaderamente sinodal?
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En un análisis publicado por Religión Digital, el periodista español José Manuel Vidal expone esta tensión entre continuidad y cautela que parece delinearse en los primeros gestos del Papa León XIV. Vidal plantea que el nuevo pontífice está en una encrucijada: “proseguir el compromiso de Francisco en la promoción del carácter sinodal de la Iglesia católica” o retroceder hacia una colegialidad limitada, más institucional, menos transformadora.

Dos caminos: sinodalidad y colegialidad

El Concilio Vaticano II introdujo ambas nociones como expresiones complementarias de comunión eclesial. Pero la sinodalidad y la colegialidad no son lo mismo. Como explicó el Papa Francisco en reiteradas ocasiones, la sinodalidad es “el camino que Dios espera de la Iglesia del tercer milenio”: un modo de ser Iglesia donde el Pueblo de Dios camina, discierne y actúa unido, guiado por el Espíritu Santo.

En cambio, la colegialidad se refiere principalmente a la comunión entre los obispos junto al Papa, es decir, al gobierno eclesial ejercido cum et sub Petro (con y bajo Pedro). Si bien busca también fortalecer la unidad, su carácter jerárquico e institucional limita la participación directa de laicos, mujeres, jóvenes y sectores tradicionalmente marginados dentro de la Iglesia.

Vidal señala “La sinodalidad es más inclusiva y dinámica, abriendo espacios para que las voces de los laicos, las mujeres, los jóvenes y los marginados sean escuchadas... mientras que la colegialidad tiende a reforzar el marco jerárquico existente”.

Primeros gestos: ¿hacia dónde se inclina León XIV?

Desde su elección, León XIV ha mostrado intenciones de continuidad con el pontificado de Francisco. En su discurso del 19 de mayo, durante un encuentro interreligioso, afirmó que “sinodalidad y ecumenismo están estrechamente relacionados” y anunció su voluntad de promover “formas nuevas y concretas” de sinodalidad ecuménica. Días después, al reunirse con la Secretaría General del Sínodo, definió la sinodalidad como “un estilo, una actitud que nos ayuda a ser Iglesia, promoviendo experiencias auténticas de participación y comunión”.

No obstante, algunos observadores señalan ciertos signos de cautela institucional. Vidal recuerda que como cardenal, Robert Prevost fue cercano a Francisco y apoyó reformas importantes, como la incorporación de mujeres al Dicasterio para los Obispos. Pero también subraya su estilo “fortiter in re, suaviter in forma” (firme en el fondo, suave en la forma), que podría derivar en una opción por una colegialidad reforzada, sin llegar a las implicancias más radicales de la sinodalidad soñada por Francisco.

Por ejemplo, el Papa León XIV ha reiterado su compromiso con la participación femenina en la Curia, pero hasta ahora sin abrir caminos concretos hacia el diaconado femenino o la posibilidad de nuevos ministerios. Esta cautela podría ser una señal de límites autoimpuestos en el proceso de transformación que tantos sectores del Pueblo de Dios esperaban seguir profundizando.

¿Qué está en juego?

Según Vidal, la elección entre sinodalidad y colegialidad no es una cuestión técnica o de estilos de gobierno, sino una decisión que afecta directamente el rostro de la Iglesia en el mundo actual. “Si León XIV opta por una colegialidad más tradicional, relegando la sinodalidad a un plano secundario, la Iglesia arriesga perder el impulso renovador que Francisco insufló con su visión de una ‘Iglesia en salida’”, advierte el artículo de Religión Digital.

Entre los riesgos señalados están: La exclusión de las periferias, especialmente de mujeres, jóvenes y comunidades del sur global; el freno a una conversión pastoral y estructural, capaz de superar el clericalismo; la pérdida de credibilidad misionera, en un mundo que demanda escucha, transparencia y horizontalidad; el debilitamiento del ecumenismo, si se interrumpe la apertura al diálogo con otras confesiones.

Apuesta por la sinodalidad

El texto concluye con una interpelación directa al Papa León XIV: “Le pedimos, con respeto y esperanza, que no se conforme con una colegialidad tibia, que refuerce la jerarquía pero deje intactas las estructuras de exclusión. Apueste por la sinodalidad con todas las consecuencias”.

Y añade: “Francisco abrió una puerta que no debe cerrarse. Usted, con su experiencia pastoral en Perú, su corazón latinoamericano y su espíritu agustino, tiene la capacidad de hacer irreversible esta primavera eclesial”.

El artículo finaliza con un deseo evangélico: que León XIV escuche el clamor del Pueblo de Dios y encarne una Iglesia que no se encierre en el poder, sino que “se ensucie las manos”, como hospital de campaña, como signo de unidad, como faro de esperanza.

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