En este tiempo de Navidad y del camino sinodal que vive la Iglesia en América Latina, el Observatorio Latinoamericano de la Sinodalidad dialogó con el padre Ignacio Madera Vargas SDS, presbítero y teólogo con una trayectoria pastoral marcada por la opción preferencial por los pobres y una amplia experiencia académica y comunicativa.
Desde su vivencia en comunidades populares, su labor docente y su presencia evangelizadora en plataformas digitales a través de Nacho Dice, el padre Madera reflexiona sobre el sentido de la Encarnación como fundamento de una Iglesia de iguales, llamada a escuchar, discernir y caminar junto al pueblo de Dios.
En esta entrevista, comparte claves para vivir una Navidad sinodal, capaz de recuperar la sencillez, la escucha y la comunión, tanto en la vida familiar como en los entornos digitales, en un mundo que enfrenta el ruido, la polarización y el olvido de los más pobres.
“Estamos celebrando que Dios se hizo uno de nosotros”
Pregunta: La Navidad nos habla de un Dios que se hace cercano y camina con su pueblo. Desde su experiencia pastoral y comunicativa en Nacho Dice, ¿cómo cree que la Encarnación ilumina hoy el llamado a vivir una Iglesia sinodal, que escucha y acompaña?
Respuesta: La Navidad es una fiesta que puede estar desdibujada, y de hecho muy desdibujada, porque lo que celebramos es mucho más hondo, mucho más profundo que adornos, juguetes o regalos. Estamos celebrando que Dios se hizo uno de nosotros. Y la Iglesia sinodal es una Iglesia de iguales.
Dios se igualó al ser humano al encarnarse en la vida de un pobre, de un hombre pobre de Nazaret.
Por eso este hecho de la Encarnación, de hacernos conscientes de que Dios es uno de nosotros, igual a nosotros en todo menos en el pecado, nos lanza a ver que la comunidad de seguidores suyos, seguidores de Jesús, es una comunidad de iguales. Por eso, en mi experiencia pastoral vivimos siempre esa dimensión de igualdad total con el resto de los laicos con los cuales compartimos la vida.
“El pesebre muestra esa elección de Dios por la sencillez de la periferia”
P.: En el pesebre, Dios elige la sencillez, el silencio y la periferia. ¿Qué desafíos plantea este signo navideño a una Iglesia que quiere ser verdaderamente sinodal, especialmente en su presencia en redes sociales y plataformas digitales?
R.: Ciertamente, el pesebre muestra esa elección de Dios por la sencillez de la periferia, donde no tenía dónde reclinar la cabeza. No es un Dios rey, el esperado por Israel como poderoso en obras y palabras, sino que, en la fragilidad, en la carencia y en el lugar donde los animales pastaban, allí Dios se hace uno de nosotros.
Por eso, una Iglesia sinodal tiene que ser también una Iglesia, como decía el Papa Francisco, pobre y para los pobres.
En las redes sociales y en las plataformas que estamos manejando he descubierto un lugar para mostrar esa contrapropuesta de la fe, que va siempre de la mano de la sencillez, de la humildad, del descubrimiento de la grandeza de la fe popular, de la fe de los pobres, de los sencillos y de los humildes.
La sinodal de la casa
P.: La sinodalidad insiste en la escucha mutua y el discernimiento comunitario. ¿Cómo puede el tiempo de Navidad ayudarnos a recuperar la escucha, tanto en la vida familiar como en los espacios digitales donde usted evangeliza?
R.: Hay un villancico que no sé qué tan conocido sea en todo el continente, pero que, cantándolo, nos pide volver al hogar, volver a la casa, volver al hogar.
Ese sentido sinodal de la casa como lugar de experiencia de fe es el que también, a través de las redes, he querido insistir: volver a recuperar el calor del hogar, la vida de hogar como la pequeña Iglesia donde se escucha, donde se aprende a discernir en lugar de discutir, donde realmente vamos incluso yendo en contravía de una digitalidad desbordada que hace que la comunicación se pierda y sea más importante la pantalla y los dedos que el cerebro y el corazón, la mirada y el encuentro con el otro.
Una Iglesia sinodal es eso: la búsqueda de escucharnos y de discernir juntos para actuar. Por eso, el especial de Navidad de Nacho Dice quiere ser una contrapropuesta de vuelta al hogar, en lugar de irse por aquí y por allá.
P.: A través de Nacho Dice, llega a muchas personas que quizá se sienten lejos de la Iglesia. ¿De qué manera el mensaje navideño —un Dios que no excluye a nadie— puede convertirse en una puerta de entrada a la experiencia sinodal?
R.: Yo creo que, si algo puede llegar a tocar el corazón, es el mensaje de Navidad, porque las ciudades enteras, los países, los pueblos, las veredas, el rincón más humilde, se llenan de un poco de color, de pinturas, de símbolos, y por lo mismo el mensaje navideño se puede convertir en una propuesta también de una comunión de iguales.
Es decir, de una sinodalidad donde se aprende a escuchar no solamente los ruidos, los villancicos y los cánticos, sino también el sufrimiento, el dolor y la tragedia de tantos niños que esperan una salvación que debe venir de alguna parte. Por ello, en Nacho Dice, la búsqueda de plantear un especial de Navidad es precisamente contrarrestar toda una cultura del olvido.
Navidad: “un humus vital de los seres humanos”
P.: En un mundo marcado por la polarización y el ruido, la Navidad anuncia paz y la sinodalidad propone caminar juntos. ¿Qué actitudes deberían cultivarse en las comunidades cristianas para que este tiempo litúrgico sea también un tiempo de reconciliación y comunión?
R.: Creo que unas actitudes que se deben generar en una perspectiva más sinodal de la vida son ese caminar juntos, ese encontrarse, encontrarse no solamente en la noche de Navidad, sino siempre, de manera que el espíritu de Navidad se perpetúe, se radicalice y se vuelva como un humus vital de los seres humanos, y una Iglesia que entonces sí es comunión de comunidades y en salida.
¿En salida hacia dónde? En salida del lujo y del boato, de lo artificial, a la profundidad del corazón, a la profundidad del ser donde se encuentra Dios.
Igualmente, creo que lo que pueda haber de bueno es masificar, a través de las redes, esta búsqueda de una celebración de Navidad que vaya más allá de las apariencias.
Ese es para mí el desafío que tengo con Nacho Dice y, de allí, una vez más, la propuesta de una serie de seis o siete mensajes profundizando en este asunto.
“La gloria de Dios es que el pobre viva”
P.: Si tuviera que resumir en un mensaje breve para su audiencia digital, ¿qué significa vivir una Navidad sinodal, inspirada en el Evangelio y abierta a la acción del Espíritu?
R.: Si tuviera que resumir un mensaje para todas las personas que siguen Nacho Dice, les diría: “Miren, el Evangelio es contracultural. Estamos en un momento complejo, delicado y difícil de nuestros países y de la humanidad. Por lo mismo, el mensaje ‘gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que Dios ama’ es el que debe resonar en el corazón”.
Algunos de los Santos Padres decían que la gloria de Dios es que el pobre viva, de manera que todos los niños pobres, todos los pobres de este mundo, de este continente y de nuestros países latinoamericanos, sientan que la esperanza vuelve a brotar, porque la solidaridad, la justicia y la comunión, generadas desde una búsqueda sinodal cada día más seria e intensa, se van haciendo verdad en nuestras vidas.
A todos los que nos siguen en Nacho Dice a través de Facebook, YouTube e Instagram, quisiera desearles lo mejor del mundo en este tiempo, que realmente brille la luz, como brilló para los sabios, en el corazón y en la conciencia de cada uno.
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