El padre Hans van den Berg, sacerdote agustino de origen holandés, fallecido el 5 de agosto de 2025, dejó un legado que encarna los valores de la sinodalidad en la Iglesia Católica. Llegó a Bolivia en 1969 y pronto entendió que evangelizar implicaba escuchar y aprender de los pueblos originarios. Vivió entre ellos, aprendiendo sus lenguas y compartiendo sus espiritualidades, convencido de que “si quieres entrar en una religión tan diferente… tienes que buscar medios para entrar en su cultura”. Así promovió un auténtico diálogo intercultural y la comunión eclesial entre la fe católica y las cosmovisiones indígenas. Su vida fue en efecto “un puente entre culturas, un acto de amor a Bolivia”.
Desde sus primeros años en la misión (en Chulumani, Yungas, y luego en Cochabamba), el P. Hans enfatizó la escucha activa y el respeto intercultural. Colaboró en la creación de la Biblioteca Etnológica Boliviana “Antonio de la Calancha”, un espacio documental que recoge la sabiduría de las comunidades originarias. Con cada libro y proyecto buscó dar voz a los historiadores indígenas y valorar sus conocimientos. De este modo fomentó la participación de todos en la misión de la Iglesia, siguiendo la invitación sinodal de que “toda la comunidad… está llamada a rezar, escuchar, analizar, dialogar, discernir y aconsejar” juntos. En su quehacer pastoral y académico modeló la corresponsabilidad: no imponía su visión, sino que trabajaba codo a codo con comunidades, laicos, religiosos y autoridades locales.

Formador e intelectual con visión integradora
Como formador de sacerdotes y misioneros en el Instituto Superior de Estudios Teológicos (ISET) de Cochabamba, el padre Hans dejó una huella profunda en generaciones de clérigos, combinando fe y ciencia. Sus colegas recuerdan que disfrutó su identidad sacerdotal y su capacidad de “introducirse en las ciencias”. Su obra doctoral de 1989, Los ritos agrícolas en la religión de los aymaras-cristianos, demuestra ese rigor: estudió el sincretismo religioso entre tradición andina y cristianismo. A lo largo de su vida conjuncionó la fe con la antropología, la etnohistoria y la bibliografía indígena, convirtiéndose en un referente para entender la diversidad cultural de Bolivia. En cada clase y conferencia practicó el discernimiento comunitario, procurando que la reflexión académica naciera del aporte de todos.
Entre 2005 y 2013 fue Rector Nacional de la Universidad Católica Boliviana “San Pablo”, donde siguió impulsando la comunión y participación. Con un estilo de “puertas abiertas”, promovió la investigación científica y el compromiso social, involucrando a maestros, estudiantes y comunidades en proyectos de desarrollo educativo y cultural. Bajo su rectorado se fortaleció la misión evangelizadora de la UCB mediante la investigación de campo en regiones indígenas y amazónicas. El actual rector lo describe como “un ejemplo a seguir”: destacó su carisma en las comunidades, su solidaridad y entrega, y agradece “lo sembrado en la Universidad” por el P. Hans.
Obras y aportes a los pueblos originarios
El legado intelectual del padre Hans incluye más de una docena de libros, muchos dedicados a rescatar las voces de pueblos históricamente silenciados. Entre sus obras destacan: La tierra no da así nomás y la Bibliografía aymara (tres tomos, 1994), que recopila fuentes sobre la cultura aymara; su tesis Los ritos agrícolas en la religión de los aymaras-cristianos (1989); estudios sobre misioneros en tierras bajas; el libro Francisco Tito Yupanqui. Siervo de Dios (2012); y, en 2023, la ambiciosa obra en dos tomos Bibliografías de los pueblos originarios de Bolivia, sobre comunidades andinas y de tierras bajas. Estas publicaciones constituyen un aporte incalculable al reconocimiento de las 36 nacionalidades de Bolivia, como subraya Radio Pío XII: “podemos adjudicarle al P. Hans… el hecho de que en Bolivia se reconozcan 36 nacionalidades”. Al documentar historias y memorias indígenas, el padre Hans practicó la sinodalidad al poner en el centro a los humildes: escuchó “las semillas de Verdad ya sembradas en los pueblos” y las anunció junto con el Evangelio.
Cada obra es un testimonio de comunión y diálogo intercultural, pues refleja cómo Van den Berg escuchó atentamente las lenguas y tradiciones locales. Su labor encarnó la invitación del Sínodo a la apertura y la inclusión: en su entorno no había nadie excluido, sino todos llamados a participar en la Iglesia que camina.
Un ejemplo de sinodalidad
En la praxis del padre Hans resuenan los principales conceptos de la sinodalidad: escucha, participación, corresponsabilidad, comunión y discernimiento comunitario. Como dice el Instrumentum laboris del Sínodo, la Iglesia sinodal aspira a estar “en camino con el Pueblo de Dios” haciendo decisiones pastorales basadas en la voz de todos. El P. Hans vivió así: no vino a imponer, sino a caminar con los bolivianos, laicos y sacerdotes, acogiendo nuevos puntos de vista y aprendiendo de ellos. Fue recordado por su humildad, su pasión por comprender y su capacidad de escucha, virtudes claves para el discernimiento comunitario. Su estilo integrador y su cercanía pastoral reflejan el principio sinodal de “diálogo en la diversidad” para el bien de la Iglesia.
La vida del P. Hans van den Berg es, en suma, un testimonio viviente de lo que significa construir Iglesia en sinodalidad. Con su ejemplo demostró que la sinodalidad no es un lema, sino un modo concreto de vivir la fe: acompañando, aprendiendo y sirviendo juntos, en comunión con cada miembro del Pueblo de Dios. Su legado perdura en los seminarios, en la universidad, en las comunidades indígenas que al fin ven sus historias reconocidas, y en quienes aprendieron con él a ser “compañeros de camino” en la fe.
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