Dolores Palencia: “El Sínodo reconoció el valor de la vida consagrada y femenina en la Iglesia”

Dolores Palencia: “El Sínodo reconoció el valor de la vida consagrada y femenina en la Iglesia”
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María de los Dolores Palencia, religiosa mexicana de la congregación Hijas de San José de Lyon, compartió su experiencia como presidenta delegada en el Sínodo, un rol otorgado directamente por el Papa Francisco. Con su testimonio, Dolores habló sobre cómo este llamado inesperado marcó un antes y un después en su vida consagrada y en su visión de la Iglesia.

Una gracia

Sobre mi experiencia en el Sínodo, por lo pronto puedo decir que fue algo muy grato y que lo considero como una gracia muy importante en mi vida”, expresó Palencia, quien relató el asombro que sintió al recibir la llamada del Cardenal Mario Grech a las 5:30 de la mañana para anunciarle que el Papa la había invitado personalmente a desempeñar el rol de presidenta delegada en el Sínodo.

Este nombramiento implicaba sustituir al Papa en la Asamblea durante su ausencia, una responsabilidad que Dolores inicialmente consideró abrumadora. Sin embargo, las palabras del Cardenal Grech la impulsaron a aceptar: “Hermana, no buscamos inteligencias, queremos personas comprometidas en la Iglesia”.

En su relato, Dolores destacó la acogida que experimentó durante el Sínodo, donde, junto con Momoko Nishimura, una religiosa japonesa, representaron a las mujeres en la mesa de la Presidencia. “Yo en un principio me sentía fuera de sitio, pero cuando empezamos a compartir y a dialogar entre nosotros, y con la ayuda de una presencia muy fuerte del cardenal Grech y de los organizadores, yo fui sintiendo que realmente querían la presencia de una mujer en ese sitio y que querían la presencia de la vida consagrada, y para mí eso fue algo muy importante”, afirmó.

La presencia femenina en la Iglesia

Yo siento que en el Sínodo fue un momento de la Iglesia en donde se volvió a reconocer el rol la misión y el sentido de la vida consagrada en la Iglesia, y de una manera muy importante, de la vida religiosa femenina”, dijo la hermana.

La Hna. Dolores resaltó cómo su participación puso de relieve el valor de la intuición, la empatía y el compromiso de las mujeres en la Iglesia, especialmente en su cercanía con las periferias: “Se reconocía que en la presencia femenina religiosa y laica hay un aporte en la manera intuitiva de reconocer y de acoger al espíritu para el servicio de los demás”.

La religiosa también narró momentos significativos de diálogo con el Papa Francisco, quien demostró una sensibilidad hacia sus aportes. En una ocasión, después de una conversación breve, el Santo Padre le comentó: “Toda la tarde estuve orando con lo que me dijiste”; para Dolores, este gesto simboliza el esfuerzo genuino de la Iglesia por escuchar y discernir.

Asimismo, mencionó cómo, junto a los demás presidentes delegados, lograron ajustar algunos métodos propuestos, recordando la importancia de equilibrar las demandas espirituales con las humanas, como el descanso y el cuidado personal.

Esperanza para el futuro

Dolores describió su experiencia en el Sínodo como un momento de esperanza, donde se reconoció el papel de las mujeres en la Iglesia y se abrieron caminos para transformar estructuras rígidas: “Yo siento que el Papa habla, muchas veces, más por símbolos, y que eso hay que tomarlo en cuenta, no para para verlo a él, sino para ver un camino de Iglesia y para ver también lo que el Espíritu está queriendo decirnos”, reflexionó.

Con gratitud hacia su recorrido desde el Concilio Vaticano II hasta ahora, Dolores dejó una última reflexión: “Haber vivido esta experiencia me llena de esperanza. Creo que es posible, no digo que va a ser fácil, creo que será lento y que será difícil, pero tenemos que hacer algo en esto, y es una misión para la vida consagrada hoy”.


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