El proceso sinodal impulsado por el papa Francisco no es una estrategia coyuntural ni una reforma administrativa, sino la expresión madura de una experiencia vital, espiritual y eclesial enraizada en la historia personal de Jorge Mario Bergoglio, en el Concilio Vaticano II y en la Conferencia de Aparecida. Así lo expuso la teóloga española Cristina Inogés durante el espacio de formación sinodal llamado: “El Papa Francisco y su camino sinodal”, donde ofreció una lectura amplia, testimonial y teológica del pontificado de Francisco desde la clave de la sinodalidad.
La sesión formó parte de un curso sobre sinodalidad promovido por Cristianisme i Justícia y dio continuidad a una reflexión iniciada previamente con el teólogo Rafael Luciani. En este marco, Inogés, quien realizó la primera meditación del Sínodo convocado por el Papa Francisco y participó en los encuentros sinodales en Roma, fue invitada a “situar y hablar alrededor de la sinodalidad del Papa Francisco, cuál había sido su propuesta, qué es lo que pretendía el Papa y qué pasos se iban dando”
De Jorge Mario Bergoglio a Francisco: una biografía leída en clave sinodal
Para comprender el alcance del proceso sinodal, Cristina Inogés propuso comenzar por la persona antes que por el pontífice. “Podríamos decir que hay que empezar a hablar de Jorge Mario Bergoglio antes de abordar a Francisco directamente”, dijo, remarcando que a lo largo de su vida Bergoglio “vio, juzgó y actuó” desde la realidad concreta, comenzando por su propia familia en Argentina.
La teóloga habló sobre la influencia decisiva de su entorno familiar, marcado por el sentido comunitario, el humor y la capacidad de afrontar juntos la dureza de la vida. Recordó incluso una expresión muy citada por el Papa: “Un cristiano no debe ir por la vida con cara de pepinillos en vinagre”, una frase que condensa su manera de entender la fe desde la alegría y la cercanía humana.
Inogés señaló que la biografía Esperanza, leída en clave sinodal, permite ver con claridad “la evolución del propio Jorge Mario en el tema de la sinodalidad”, porque Francisco “dejó que saliera lo que Jorge Mario Bergoglio llevaba dentro”.
Aprender del fracaso y abrir procesos
Uno de los rasgos más significativos del camino de Francisco, según la ponente, es su aprendizaje a partir del error y el fracaso. Inogés recordó su etapa como provincial de los jesuitas, una experiencia que él mismo reconoció como dolorosa y decisiva: “Francisco no esconde lo que supone el aprendizaje del fracaso y habla de él”, subrayó.
Desde esa experiencia nace una convicción evangélica: “Equivócate, equivócate y vuelve a empezar”. Esta actitud, lejos de paralizar, abrió caminos de libertad y discernimiento en la Iglesia. Por ello, Inogés señaló que si los papas tuvieran apellido, “se tendría que llamar Francisco Procesos”, porque “abrió muchos procesos y nos quería involucrar en esos procesos a todos”.
Aparecida y el Vaticano II: las raíces de la sinodalidad
Cristina Inogés situó la Conferencia de Aparecida como un punto clave en la eclesiología de Francisco. Recordó que en el documento final “se evidenciaba lo que se había vivido allí”, una Iglesia que camina “de abajo hacia arriba” y donde se percibe “toda una eclesiología de diversidad en la unidad”.
No es casual, señaló, que la palabra que más se repite en Aparecida sea “vida”, porque el documento “lanzó a la Iglesia a recuperar el protagonismo de los sufrientes, de los pobres, de los abandonados, de los marginados”. Esta opción se traduce en el insistente llamado de Francisco a “salir a las periferias”, no solo geográficas, sino “a las periferias existenciales”, allí donde Cristo sufre hoy.
Evangelii Gaudium, Laudato si’ y Fratelli tutti: una visión integrada
Inogés explicó que los grandes documentos del pontificado de Francisco forman una trilogía profundamente coherente. Evangelii Gaudium aborda la relación con Dios; Laudato si’, la relación con lo creado; y Fratelli tutti, la sanación de las relaciones humanas. “Muestra tres realidades que van enlazadas”, sostuvo.
En particular, destacó Evangelii Gaudium como un texto clave para entender el liderazgo sinodal, aun sin dedicarle un capítulo específico: “Cuando lo vas leyendo con pausa, va dibujando las características de un liderazgo sinodal que es totalmente iluminador”.
Sanar vínculos y recuperar la autoridad
Uno de los ejes más insistentes de la intervención fue la sanación de los vínculos. Para Inogés, el Papa Francisco comprendió desde su propia historia que sin relaciones sanas no es posible caminar juntos: “Si no hay vínculos sanos, será tremendamente complicado que podamos seguir adelante”.
En este contexto, la teóloga hizo hincapié en los apartados del Documento Final del Sínodo dedicados a la transparencia, la rendición de cuentas y la evaluación. “Eso nos va a ayudar a salvar buena parte de la credibilidad de la Iglesia”, dijo, señalando que no se trata de “buscar las cosquillas”, sino de revisar juntos lo que puede ser mejorado como comunidad.
Asimismo, alertó sobre una confusión persistente dentro de la Iglesia: “Quien tiene el poder, tendrá el poder, no la autoridad”, insistiendo en que ambas realidades deben ser claramente diferenciadas si se quiere vivir auténticamente la sinodalidad.
Vivir la sinodalidad
Ante la pregunta sobre qué hacer cuando los obispos no lideran los procesos sinodales, Inogés fue clara: la sinodalidad no puede quedar bloqueada. “No pensar que porque no tenemos el apoyo o el ánimo del obispo no podemos hacer nada, lo podemos hacer de otra manera”, aseguró, recordando que parroquias y movimientos ya están viviendo esta dinámica en lo cotidiano.
También llamó a no generar enfrentamientos internos: “Francisco no ha cambiado un ápice la tradición, pero nos ha enseñado a saber interpretar y a vivir las necesidades de cambio”. La convivencia de sensibilidades diversas, dijo, es parte de la riqueza de la Iglesia universal.
Legado que no se puede encerrar
En la parte final de su intervención, Cristina Inogés definió a Francisco como un profeta necesario, cuyas enseñanzas “ya no vamos a poder meter en un cajón y cerrarlo con llave”. El proceso sinodal, dijo, “nos lo ha regalado, no se lo ha quedado para él”: está en su magisterio, pero también en los gestos y las imágenes que marcaron su pontificado y que “no necesitan comentario”.
“Nos ha pedido que aprendiéramos a ser Iglesia de otra manera”, concluyó, una Iglesia “más dinámica, más viva, más cautivante”, capaz de caminar junta, discernir y responder a los desafíos de un mundo fragmentado.
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