En el XXVI Congreso Mariológico Mariano Internacional, que se celebra del 3 al 6 de septiembre en la Pontificia Universidad Antonianum, el cardenal Mario Grech, Secretario General de la Secretaría General del Sínodo, presentó a la Virgen María como modelo para una Iglesia sinodal. El encuentro reúne a más de 600 mariólogos de todo el mundo, convocados para reflexionar sobre el papel de María en la misión y vida de la Iglesia.
En un discurso recogido por Edoardo Giribaldi para Vatican News, Grech destacó que María es “un ejemplo de apertura incondicional al Espíritu”, un signo de esperanza y unidad para la comunidad cristiana. Según el cardenal, las actitudes de la Virgen —escucha, humildad, oración y servicio— son fundamentales para la vida sinodal.
María y la Iglesia sinodal
El cardenal explicó que el Documento Final del Sínodo menciona cuatro veces a María, lo que refleja su importancia en la construcción de una Iglesia misionera y participativa.
“Una Iglesia sinodal es, ante todo, una Iglesia de la escucha”, señaló, subrayando que esta escucha debe nacer de un silencio interior profundo, capaz de acoger la voz del Espíritu Santo y responder a los desafíos actuales.
Para Grech, María encarna esta actitud en distintos pasajes del Evangelio: en la Anunciación, su “sí” manifiesta confianza y apertura; en la Visitación, promueve el encuentro y la solidaridad; en Caná, reconoce las necesidades de la comunidad y confía en Jesús; y al pie de la cruz, acompaña fielmente la misión redentora de su Hijo.
Unidad y ecumenismo
Durante su intervención, el cardenal destacó la dimensión ecuménica de la figura de María, recordando que es Madre de la Iglesia y símbolo de la igual dignidad de todos los bautizados. “María nos recuerda que el mayor título de pertenencia a la Iglesia es ser hijos de Dios”, afirmó.
Este enfoque, dijo, invita a la Iglesia a vivir la comunión superando divisiones y a trabajar por la unidad entre diferentes tradiciones cristianas.
El papel de la mujer en la vida eclesial
Grech también abordó el tema de la participación femenina en la Iglesia, uno de los puntos más destacados del proceso sinodal.
Citó el Documento Final, que afirma que hombres y mujeres comparten la misma dignidad, y añadió: “No hay razones que impidan a las mujeres asumir roles de liderazgo en la Iglesia: lo que viene del Espíritu Santo es indetenible”.
El cardenal subrayó que este proceso requiere una escucha auténtica y discernimiento, evitando tanto la cerrazón como la apertura irreflexiva.
Una Iglesia guiada por el Espíritu
Grech concluyó recordando que el camino sinodal no depende de decisiones individuales, sino de la acción del Espíritu Santo: “Decidir si abrir o cerrar, y en qué medida, no depende de nosotros, sino del Espíritu que guía a la Iglesia hacia la verdad”.
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