Birgit Weiler: “Ser Iglesia sinodal es caminar juntos, escuchando el clamor de la tierra y de los pobres”

Birgit Weiler: “Ser Iglesia sinodal es caminar juntos, escuchando el clamor de la tierra y de los pobres”
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En el IV Congreso Continental de Teología Latinoamericana y Caribeña, la teóloga alemana Birgit Weiler, misionera en Perú y referente en teología ecológica y pastoral, ofreció una reflexión sobre el momento actual de la Iglesia y el llamado a vivir con autenticidad el espíritu de la sinodalidad. Señaló que “este es un kairos, un momento especial en el que Dios nos invita a acoger las posibilidades de crecer en la fe, en el testimonio y en la vivencia del Reino de Dios”.

Weiler hizo hincapié en que el proceso sinodal impulsado por el Papa Francisco constituye una oportunidad única para renovar el caminar eclesial: “Si acogemos ser una Iglesia sinodal, una Iglesia en la cual verdaderamente caminamos juntos como hermanos y hermanas en la fe, podremos salir a las periferias y dar testimonio del amor compasivo de Dios”.

Iglesia que escucha el sufrimiento y camina con los pueblos

La teóloga situó la reflexión en el contexto de las desigualdades y violencias que afectan a América Latina, donde muchas comunidades “viven con su dignidad herida de múltiples maneras”. Mencionó que en las periferias urbanas, en las comunidades afrodescendientes y entre los pueblos indígenas, “muchos hombres y mujeres sufren porque quieren proteger sus territorios del extractivismo, de la minería ilegal y de la contaminación con agrotóxicos”.

Frente a esa realidad, dijo que “caminar juntos como Iglesia implica reconocer que todos los bautizados gozamos de la misma dignidad de ser miembros plenos del Pueblo de Dios”. Agregó que esta conciencia debe traducirse en una misión compartida: “El Pueblo de Dios no existe por sí mismo, sino para vivir la misión que Jesús nos confió: sembrar semillas del Reino de Dios hoy en nuestras realidades”.

Diversidad de dones y corresponsabilidad

Weiler señaló que la sinodalidad exige valorar la diversidad de vocaciones y carismas dentro de la Iglesia: “Obispos, presbíteros, laicos, laicas, religiosos y religiosas, todos conformamos este pueblo, y el Espíritu da generosamente sus dones a todos”, esta riqueza, explicó, permite hacer realidad una Iglesia más participativa, comprometida y misionera.

Asimismo, invitó a superar el aislamiento pastoral y abrirse al servicio: “Estamos para los demás, para servir a la humanidad en condiciones muchas veces marcadas por la injusticia. El camino sinodal es salir hacia las periferias, hacia donde el sufrimiento clama al cielo”.

Escuchar el clamor de la tierra y de los pobres

Uno de los ejes que mencionó es el vínculo entre sinodalidad y ecología integral. “Parte del camino sinodal tiene que ser escuchar el clamor de la tierra y el clamor de los pobres”, afirmó, recordando que “a través de ese clamor, Dios nos habla al corazón y nos pide cuidar la casa común con acciones concretas”.

Weiler llamó a una conversión ecológica valiente y profética, inspirada en el reciente mensaje conjunto del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) junto con conferencias episcopales de Asia y África en el contexto de la COP30. “La tierra está en una situación muy crítica; debemos practicar todo lo posible para aumentar la justicia climática y ecológica”, señaló. Denunció también las falsas soluciones económicas que “camuflan la mentalidad de querer obtener ganancias, mientras se sigue dañando la vida y los ecosistemas”.

Escuchar a las mujeres y a los jóvenes

En coherencia con el espíritu del Sínodo sobre la sinodalidad, Weiler insistió en la necesidad de abrir espacios reales a mujeres y jóvenes dentro de la Iglesia. “Los jóvenes tienen un potencial creativo y profético que debe ser escuchado”, manifestó. Y añadió: “La conversión de las relaciones debe abarcar las relaciones entre varones y mujeres; ambos fueron creados a imagen y semejanza de Dios y comparten la misma dignidad”.

Somos hijos e hijas amados por Dios, revestidos de Cristo. Esa dignidad nos hace miembros activos del Pueblo de Dios y responsables de dar testimonio de Cristo en el mundo de hoy”, reiteró.

Camino sinodal con raíces latinoamericanas

Weiler recordó que la Iglesia latinoamericana tiene una trayectoria significativa en la práctica de la sinodalidad: “Desde la creación del Celam y las conferencias de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida, hemos aprendido a caminar juntos, a discernir comunitariamente”.

Mencionó también los frutos de experiencias recientes como el Sínodo Amazónico y la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, que —dijo— “nutrieron el proceso sinodal universal, ofreciendo la experiencia de una escucha amplia del Pueblo de Dios”.

Concluyó con un llamado a seguir adelante en la implementación del Sínodo: “Recibir un Sínodo, implementarlo, es todavía parte del proceso sinodal. Hoy estamos llamados a colaborar activamente para que este camino siga sembrando semillas del Reino de Dios”.

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