La experiencia de la Iglesia de América Latina y el Caribe en el camino sinodal fue compartida por monseñor Lizardo Estrada Herrera, O.S.A., durante la Asamblea Plenaria de la Conferencia de Obispos Católicos de Canadá, celebrada del 21 al 25 de septiembre en Montreal. El prelado es arzobispo coadjutor de la Arquidiócesis Metropolitana del Cusco y secretario general del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (Celam). Además, forma parte del Dicasterio para la Comunicación y del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral de la Santa Sede.
Ante los obispos canadienses, Mons. Estrada explicó que el proceso sinodal latinoamericano no comenzó con la convocatoria del Sínodo sobre la Sinodalidad en 2021. A su juicio, la Iglesia del continente ya había recorrido experiencias que prepararon el camino y permitieron experimentar nuevas formas de participación, escucha y discernimiento.
Uno de los momentos decisivos fue la Primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, promovida a partir de una propuesta del papa Francisco. Para Estrada, aquella experiencia constituyó un verdadero “laboratorio de sinodalidad”, porque reunió a obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicas y laicos y puso en el centro la escucha del Pueblo de Dios.
Durante su intervención recordó que alrededor de 70.000 personas participaron mediante plataformas digitales, en medio de las restricciones provocadas por la pandemia. La experiencia permitió incorporar foros temáticos, aportes personales y comunitarios y, de manera especial, la conversación en el Espíritu como método de discernimiento.
“Se trataba de escuchar, de escuchar al otro, de escuchar juntos lo que el Espíritu podía estar diciendo a la Iglesia”, explicó Mons. Estrada en su exposición.
Camino que no partió de cero
Con el inicio formal del Sínodo sobre la Sinodalidad, la Iglesia latinoamericana y caribeña contaba ya con aprendizajes. Según el secretario general del Celam, el continente había comenzado a experimentar que la sinodalidad en la transformación de las relaciones, las estructuras y la manera de desarrollar la misión.
En este proceso, el Celam constituyó un Equipo Continental de Animación del Sínodo, junto con otros organismos y representantes eclesiales. Su tarea fue acompañar a las Iglesias particulares y favorecer el diálogo entre la experiencia continental y el proceso universal.
El obispo señaló que la diversidad de América Latina y el Caribe también ha marcado este recorrido. Las Iglesias del continente tienen historias, culturas y realidades pastorales distintas, por lo que caminar sinodalmente no significa aplicar un único modelo: “Una Iglesia sinodal no significa una Iglesia uniforme”.
Del discernimiento a la implementación
Mons. Estrada puso de relieve la etapa que vive actualmente la Iglesia después de la fase celebrativa del Sínodo: llevar sus frutos a la vida cotidiana de las comunidades.
“¿Cómo pasar de los documentos a la vida?”, fue una de las preguntas planteadas por el secretario general del Celam. La preocupación apunta a evitar que el proceso quede reducido a documentos, encuentros o actividades y lograr que la sinodalidad se incorpore a la vida ordinaria de las Iglesias.
En América Latina y el Caribe se constituyó para ello una Comisión de Animación para la Recepción del Sínodo, que trabaja en líneas de acción destinadas a favorecer la apropiación del Documento Final. Entre las prioridades mencionadas están el acompañamiento a los equipos sinodales nacionales, la elaboración de materiales accesibles, la formación, la promoción de una espiritualidad sinodal y la recopilación de las llamadas “huellas de sinodalidad”.
Mons. Estrada hizo hincapié en que todos los países de América Latina y el Caribe cuentan actualmente con equipos o comisiones episcopales nacionales para la animación sinodal, aunque con énfasis diferentes según sus realidades.
Escucha, corresponsabilidad y renovación de estructuras
La implementación, explicó, se expresa en distintos ámbitos. Uno de ellos es la construcción de una cultura de escucha, diálogo y discernimiento comunitario que involucre a obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas, laicas y laicos.
También señaló la necesidad de revisar el funcionamiento de los consejos pastorales y económicos, tanto parroquiales como diocesanos. La cuestión no es solamente que estos espacios existan, sino que puedan escuchar, favorecer el discernimiento y participar efectivamente en los procesos de decisión.
En este punto mencionó la experiencia de Brasil, donde el proceso de implementación del Sínodo fue vinculado con la elaboración de las Directrices Generales para la Acción Evangelizadora de la Conferencia Episcopal. Para Mons. Estrada, esta experiencia muestra la importancia de integrar la sinodalidad en los instrumentos ordinarios de planificación pastoral y no tratarla como un programa separado.
La exposición también recogió experiencias de distintas Iglesias locales. Entre ellas, las iniciativas de la Diócesis de Pasto, en Colombia, los procesos de consulta y asamblea en Bolivia, y diversas acciones desarrolladas desde el Celam en materia de formación, comunicación y producción editorial sobre sinodalidad.
El desafío de convertir la sinodalidad en cultura
Mons. Estrada identificó la formación, la renovación de las estructuras, la participación efectiva de los laicos y las mujeres, y la superación de resistencias y formas de clericalismo entre los desafíos que todavía enfrenta el proceso.
Sin embargo, situó un reto transversal: sostener el camino en el tiempo. “Lo difícil es convertirla en cultura”.
En su conclusión ante el episcopado canadiense, el secretario general del Celam insistió en que la implementación del Sínodo debe medirse también por las transformaciones que produce en la vida de la Iglesia: si aumenta la escucha, si existe una mayor participación, si los laicos ejercen una corresponsabilidad real, si los procesos de decisión incorporan el discernimiento y si las comunidades se vuelven más acogedoras.
“El gran desafío de esta etapa no es simplemente implementar el Sínodo. Es permitir que el Sínodo transforme nuestra manera de ser Iglesia”, dijo al finalizar su presentación.
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