“Caminar juntos” es clave para construir una cultura del cuidado en la Iglesia

“Caminar juntos” es clave para construir una cultura del cuidado en la Iglesia
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La sinodalidad y la cultura del cuidado están estrechamente relacionadas porque ambas requieren aprender a escuchar, trabajar en comunidad y reconocer que las personas se necesitan unas a otras. Esta visión fue compartida por el Hermano Jesús García OFMCap y Nancy Loredo, secretaria ejecutiva de la Comisión de Prevención y Cultura del Cuidado de la Conferencia Episcopal Boliviana (CEB).

Durante el encuentro, que reunió a personas provenientes de distintas jurisdicciones eclesiales de Bolivia, García explicó que uno de los principales aprendizajes en torno a la cultura del cuidado es precisamente la necesidad de trabajar juntos. Para el religioso, la colaboración permite reconocer las propias debilidades, apoyarse mutuamente y encontrar nuevos caminos.

“Es mucho mejor trabajar juntos, caminar juntos para ayudarnos cuando tenemos debilidades, para reforzarnos cuando necesitamos aclararnos y sobre todo para saber vislumbrar caminos nuevos”, compartió.

Cuidar las relaciones sinodales

El Hermano Jesús García advirtió que la fragmentación y el trabajo aislado pueden terminar afectando la vida de las comunidades. Cuando no existe cuidado en las relaciones, incluso iniciativas que buscan hacer el bien pueden terminar ofreciendo un testimonio contrario a la fraternidad que propone el Evangelio.

“En muchas ocasiones, por no tener ese cuidado en nuestras relaciones sinodales, acabamos siendo un antitestimonio”, señaló.

Manifestó que la cultura del cuidado debe involucrar a los diferentes ámbitos de la vida eclesial, desde la prevención y la escucha a las víctimas hasta el asesoramiento, la atención terapéutica, el acompañamiento jurídico, psicológico y espiritual.

Para García, ninguno de estos servicios puede desarrollarse de manera aislada. “Siempre necesitamos trabajar en conjunto”, sostuvo, al referirse también a la relación entre quienes desempeñan responsabilidades dentro de las estructuras eclesiales y quienes ofrecen su colaboración.

La interdependencia como aprendizaje

Uno de los conceptos principales para García es la interdependencia. El religioso explicó que el proceso formativo ha permitido reconocer que el cuidado requiere una red de personas y servicios que puedan sostenerse mutuamente.

“Nos necesitamos unos a otros”, reiteró. Esta interdependencia, explicó, permite avanzar hacia una Iglesia en la que las relaciones estén atravesadas por el cuidado y donde las distintas capacidades puedan ponerse al servicio de una tarea común.

Para García, esta manera de relacionarse también tiene una dimensión evangelizadora. “Juntos y caminando a la vez podremos seguramente ser signos del Evangelio hoy y para la gente que tanto lo necesita”, expresó.

En ese sentido, formuló una invitación a asumir una nueva forma de servicio eclesial: “Vale la pena, por lo tanto, convertirnos en misioneros sinodales del cuidado”.

Escuchar para caminar juntos

Nancy Loredo situó esta reflexión en el corazón de la experiencia sinodal. Desde su perspectiva, la sinodalidad implica una escucha plena del otro y la disposición a caminar juntos en búsqueda del Reino de Dios.

“La sinodalidad como una experiencia de la escucha plena hacia el otro y del aprender a caminar juntos en sintonía por lo que es el Reino, nos interpela mucho en la lógica de construir una cultura sana, segura, que protege, que cuida”, explicó.

Loredo relacionó esta tarea con la manera en que se construyen las relaciones dentro de las comunidades. Un entorno sano y seguro, señaló, necesita espacios de buen trato, escucha y encuentro, donde cada persona sea reconocida en su dignidad.

En este sentido, subrayó que la mirada cristiana sobre el otro parte de reconocer en cada persona “la imagen y semejanza de Dios” y, por tanto, su igual dignidad humana.

Más que oír: comprender al otro

Para la secretaria ejecutiva de la Comisión de Prevención y Cultura del Cuidado de la CEB, la escucha constituye un punto de partida fundamental. Sin embargo, aclaró que “no podemos entender esto si no partimos desde la experiencia principal de escuchar, no necesariamente de oír”. Escuchar, explicó, implica comprender y estar dispuesto a salir de la propia zona de confort para acercarse a aquello que la otra persona siente y piensa.

Esta actitud, añadió, permite que la sinodalidad no quede reducida a una metodología, sino que se traduzca en una manera tangible de vivir las relaciones dentro de la Iglesia.

“La sinodalidad nos invita a vivir una comunidad eclesial que camina juntos en esta experiencia pastoral de transformación eclesial y de transformación social”, sostuvo Loredo.

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