Formar para no quedar fuera: Sinodalidad, alfabetización digital e inteligencia artificial

Formar para no quedar fuera: Sinodalidad, alfabetización digital e inteligencia artificial
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Por: Alberto Embry*

20 de agosto de 2026

 

La recepción del Sínodo quedará pastoralmente incompleta si nuestras comunidades no responden a una de sus solicitudes más insistentes: formar al Pueblo de Dios. No basta multiplicar reuniones, documentos o estructuras participativas si muchos fieles permanecen fuera de los nuevos lenguajes donde hoy se informa, se aprende, se dialoga, se evangeliza y también se manipula. En este momento histórico, formar sinodalmente exige incluir una alfabetización digital seria, progresiva y comunitaria.

El Documento final de la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo pidió una formación “integral, continua y compartida”, orientada a la apertura, el encuentro, la colaboración, el discernimiento común y la lectura teológica de las experiencias concretas.1 Esta afirmación tiene consecuencias inmediatas. La formación cristiana ya no puede limitarse a transmitir contenidos doctrinales, litúrgicos o pastorales por medios tradicionales. Debe capacitar a los fieles para habitar responsablemente la cultura en la que realmente viven, y una de esas culturas es la digital.

En América Latina, esta urgencia posee una dimensión de justicia pastoral. La brecha digital puede convertirse en una nueva periferia eclesial. Quien no sabe usar un correo electrónico, ingresar a una reunión virtual, consultar una fuente confiable, distinguir una noticia falsa, proteger sus datos personales o participar en una plataforma formativa, queda fácilmente excluido de procesos comunitarios que, en teoría, buscan ser participativos. Por eso, alfabetizar digitalmente también es cuidar la dignidad del Pueblo de Dios.

El Sínodo reconoció que la cultura digital transforma la percepción del espacio y del tiempo, las comunicaciones, las relaciones interpersonales y también la vivencia de la fe.2 Si esto es cierto, entonces toda parroquia, diócesis, comunidad religiosa, movimiento y centro de formación debería preguntarse cómo acompañar a su gente desde lo más básico: uso responsable del celular, búsqueda de información, manejo de documentos, videollamadas, seguridad digital, privacidad, protección de menores y lectura crítica de contenidos.

Pero el desafío ya no termina allí. La inteligencia artificial ha entrado en la vida cotidiana con una velocidad que muchas comunidades aún no han discernido. Puede ayudar a preparar materiales catequéticos, traducir textos, resumir documentos, organizar programas, generar esquemas pedagógicos, acompañar procesos administrativos y ampliar el acceso a recursos formativos. Sin embargo, también puede producir superficialidad, dependencia, desinformación, plagio, manipulación emocional o respuestas aparentemente correctas que carecen de verdad, contexto y discernimiento eclesial.

Por eso, la educación tecnológica no debe ser solo capacitación instrumental. Debe ser formación espiritual, ética y pastoral. Antiqua et nova recuerda que el uso de la inteligencia artificial debe orientarse al respeto de la dignidad humana, al bien común y al desarrollo integral de la persona y de la sociedad.3 El informe sinodal sobre misión digital lo expresa con gran claridad: las herramientas de IA pueden ayudar en algunas tareas, pero la misión de la Iglesia debe permanecer arraigada en aquello que solo los seres humanos pueden realizar: discernir, amar, acompañar y orar.4

La propuesta es concreta: necesitamos itinerarios de formación digital para el Pueblo de Dios. Primero, alfabetización básica para quienes han quedado rezagados. Luego, formación crítica para catequistas, agentes pastorales, ministros ordenados, religiosos, religiosas, líderes comunitarios y educadores de la fe. Finalmente, discernimiento ético sobre inteligencia artificial, para usarla al servicio de la evangelización sin delegar en ella la responsabilidad humana, pastoral y espiritual.

Una Iglesia sinodal forma para que todos puedan participar. Formar para no quedar fuera significa asumir que la comunión también requiere acceso, lenguaje, criterio y acompañamiento. Si la cultura digital es hoy un campo misionero emergente, la alfabetización tecnológica del Pueblo de Dios ya no puede esperar. Allí donde la Iglesia enseña a discernir, también abre caminos de participación. Allí donde acompaña a los más rezagados, la sinodalidad deja de ser discurso y comienza a convertirse en justicia pastoral.

 

* Teólogo con más de 25 años de experiencia en formación bíblica, liderazgo pastoral, ecumenismo y reflexión teológica aplicada a los desafíos contemporáneos. Su trabajo integra exégesis bíblica, teología ecuménica, cultura digital e inteligencia artificial. Su enfoque busca dar forma concreta a una Iglesia en salida mediante el diálogo interdisciplinario, la innovación pastoral y una lectura crítica de los signos de los tiempos.

1 XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, Por una Iglesia sinodal: comunión, participación y misión. Documento final, 26 de octubre de 2024, nn. 143-144.

2 Ibid., nn. 113, 149.

3 Dicasterio para la Doctrina de la Fe y Dicasterio para la Cultura y la Educación, Antiqua et nova: Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana, 28 de enero de 2025, nn. 6, 48, 80-84.

4 Grupo de Estudio n.º 3, La misión en el ambiente digital. Informe final, texto original: inglés; Traducción de trabajo, 3 de marzo de 2026, parte II, 1.B.

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