El camino de una Iglesia sinodal. Memoria, discernimiento y misión

Tercer Sínodo Diocesano de Quilmes — Isabel Iñiguez
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Por: Isabel Iñiguez *

13 de agosto de 2026

 

Introducción

La construcción de una Iglesia sinodal en la diócesis de Quilmes y el discernimiento pastoral en el camino hacia el Tercer Sínodo Diocesano (1976-2026) constituyen una oportunidad privilegiada para releer, desde una perspectiva histórico-teológica, el itinerario pastoral recorrido por esta Iglesia local desde su creación. En este marco, el presente trabajo analiza la experiencia vivida como un proceso de recepción del Concilio Vaticano II, iniciado bajo el ministerio pastoral del primer obispo diocesano, Jorge Novak (1976-2001).

En esta etapa se transita el camino hacia el Tercer Sínodo Diocesano, convocado por el obispo Carlos José Tissera bajo el lema “Iglesia de Quilmes, camina con la alegría del Evangelio”. Más que reconstruir una secuencia de acontecimientos, este artículo procura interpretar teológicamente algunos momentos del proceso eclesial en el que la sinodalidad va configurando un modo de ser Iglesia caracterizado por la participación del Pueblo de Dios, el discernimiento comunitario y la misión compartida. Desde sus orígenes, la diócesis asumió la renovación conciliar inspirada por el Concilio Vaticano II y enriquecida posteriormente por las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, especialmente Medellín, Puebla, Aparecida, así como por el magisterio del papa Francisco y el reciente Sínodo sobre la Sinodalidad.

Metodológicamente, el estudio se inscribe en el campo de la teología pastoral y adopta un enfoque histórico-hermenéutico. A partir de la memoria de los procesos vividos, del análisis de documentos eclesiales y de la interpretación de la praxis comunitaria, se busca comprender cómo la experiencia concreta de una Iglesia local puede constituirse en un lugar teológico desde el cual discernir la acción del Espíritu en la historia. La reflexión se desarrolla desde la interacción entre la experiencia pastoral, el magisterio eclesial y las categorías elaboradas por la teología latinoamericana, privilegiando la relación entre práctica y reflexión crítica. 

Finalmente, el artículo presta especial atención a la dimensión simbólica del proceso sinodal. Las imágenes de la tienda, la carpa y la puerta, inspiradas en la Sagrada Escritura y asumidas como parte de una hermenéutica pastoral, ayudan a las comunidades a interpretar el Evangelio durante el itinerario sinodal y favorecen el discernimiento, la participación y la apertura misionera.

Memoria, discernimiento y misión

Partimos desde la mirada de fe en la práctica pastoral, en todos los ámbitos de la realidad (el ambiente vital), en los contextos, que implica no solo la mirada ad intra, sino la misión ad extra (GS, 3), inserta en los lugares de construcción de la experiencia eclesial. Práctica y contexto vital, pensados como la realidad social donde se vive, se constituyen en lugares teológico-pastorales para transformar la vida y las realidades.

En cada etapa nos hicimos eco de los aportes bíblicos, de la escucha de las bases, de los distintos, de los que piensan diferente. También se tuvieron en cuenta las relaciones desde el pensamiento común y desde el pensamiento más elaborado, desde el lenguaje, las metáforas y la simbología, porque, desde la experiencia latinoamericana, el lenguaje simbólico se encuentra inserto en nuestros discursos. Se puede afirmar que el círculo hermenéutico es una estrategia válida para una interpretación de lo simbólico. Se trata de partir desde lo antropológico para una reflexión sobre la comprensión e interpretación comunitaria.

Construir la reflexión teológica pastoral desde la vivencia de la sinodalidad nos invita a asumir los nuevos desafíos al releer nuestras prácticas en los lugares, desde los “otros” y para una misión incluyente hacia los nuevos horizontes de experiencias liberadoras, igualitarias de los pueblos, para otra sociedad posible con el aporte de la sinodalidad continental en esta última década.

La experiencia del primer Sínodo como proceso (1981-1983): fue un acontecimiento inédito que ha impactado no sólo a la comunidad de Quilmes, Florencio Varela y Berazategui sino a nivel nacional, porque fue planteado en el contexto de la Dictadura militar más cruenta del país (1976-1983).  El primer Sínodo ha permitido recepcionar en la práctica los lineamientos del Concilio Vaticano II, generando una experiencia eclesial muy rica (comprometida en las prioridades plasmadas en los documentos conciliares, Medellín, Puebla y en las urgencias que la realidad nacional y local requerían tratamiento).  Además, porque ha dado respuesta en el marco de poner en funcionamiento no solo la estructura diocesana sino las orientaciones y el modelo eclesial desde sus comienzos, con los cuatro cauces diocesanos: Opción por los pobres, Derechos humanos, Ecumenismo y la Misión.

Después de Aparecida (2007), el pontificado del Papa Francisco impulsó a retomar la renovación del Vaticano II a partir de un proceso sinodal, impulsado en octubre de 2022 con la frase “Ensancha el espacio de tu tienda” (Is 54,2), con el Documento de trabajo para la Etapa Continental del Sínodo sobre la Sinodalidad, que motivó a tantas laicas y laicos a implicarse en el camino sinodal.

Como lo expresa Agenor Brighenti: “El Sínodo de la Sinodalidad, celebrado en Roma (2021-2024) hizo un pasaje del Sínodo de los Obispos hacia una Iglesia sinodal. Empezando con el Sínodo de la Amazonía, primero, como el Sínodo realizado de forma descentralizada, de abajo hacia arriba, a partir de un amplio proceso de escucha del Pueblo de Dios en las Iglesias Locales. De ahí, se ascendió hacia la etapa continental, que desembocó en una etapa universal. Fueron etapas de un Sínodo aconteciendo en partes, en forma procesual. Y de esta etapa universal se hará el camino de vuelta a las diócesis, realimentando el proceso desencadenado, como si la iglesia estuviera en sínodo permanente”.

Desde Aparecida y desde el Magisterio del Papa Francisco, se habló de la urgencia de una “Conversión pastoral de la Iglesia”, en el ámbito de la consciencia eclesial, de las relaciones de igualdad y autoridad, de las acciones de las estructuras de la Iglesia en todos los niveles, aunque todavía no se ha avanzado tanto en esta perspectiva.

El Papa Francisco invita a atravesar el umbral de novedad. En la línea trazada por el Vaticano II y recorrida por sus predecesores, él señala que la sinodalidad expresa la figura de Iglesia que brota del Evangelio de Jesús y que hoy está llamada a encarnarse en la historia, en creativa fidelidad a la Tradición.

El desafío para una Iglesia sinodal es el paso de una Iglesia configurada en el binomio clero-laicos a una configurada desde la comunidad y los ministerios. En la concepción de Iglesia del Vaticano II, hay un único género de cristianos: los bautizados. Del bautismo derivan todos los ministerios, incluidos los ministerios ordenados. El Concilio afirma que hay una “radical igualdad en dignidad de todos los ministerios”; todos se insertan en el seno de una iglesia toda ella ministerial.

Desde la memoria del proceso vivido se buscó orientar el camino de apertura con la simbología: “Ensancha el espacio de tu tienda, la cortina extiende, no te detengas, alarga tus sogas, tus clavijas asegura, porque a derecha e izquierda te expandirás” (Is 54,2-3). Palabras sintonizadas con nuestras realidades que producen significado como lectura, mensaje, consigna, lema y que están siendo trabajadas en las comunidades. No solo arriba había que abrir puertas, sino desde las bases, en los procesos de inclusión para incorporar a los excluidos y excluidas de las vivencias eclesiales, voltear muros, hegemonías de unos pocos, descentralizar los centralismos y transformar los clericalismos. 

El texto de Isaías denota una clave de interpretación a la luz de la Palabra expresada en los contenidos del DEC (10). A partir del ícono de la tienda, ilumina las transformaciones que estamos invitados a hacer: una tienda como espacio de comunión, un lugar de participación y una base para la misión (DEC 11), con una novedad, reconocer el impulso del Espíritu Santo que asiste a la Iglesia en la propuesta de la sinodalidad.

El desafío de una Iglesia de comunión y participación para la misión se expresa en el lema del Sínodo de la Sinodalidad: “Por una iglesia sinodal: comunión, participación y misión” (2021-2023). Una Iglesia de comunión existe cuando las relaciones se dan de forma horizontal en pie de igualdad en dignidad de todos los ministerios que brotan del Bautismo. El modelo de comunión es la Trinidad, el mejor modelo de comunidad. Y como en la Trinidad no hay jerarquía, en la iglesia no puede haber relaciones verticales, poder-dominación, centralismo, autoritarismo. Por lo expresado, podemos resaltar, entonces, los muchos motivos que nos invitan a ponernos en camino para revisar nuestras prácticas cotidianas de construcción comunitaria y nos empujan a proponernos un camino desde el planteo de la sinodalidad.

En la etapa sinodal decanal, en Quilmes, los cinco decanatos, reunidos en asambleas decanales, trataron primero, mediante la “Conversación en el Espíritu” (2023-2024), de afianzar la capacidad de escucha, con el “Shema, Israel” (Dt 6,4-9) y los distintos mensajes. Esto supone escuchar a los otros, ejercitando la cualidad de la atención al que está hablando, escuchar activamente y hablar desde el corazón, para realizar la conversación en el Espíritu y el discernimiento comunitario. En síntesis, escuchar, interpretar, reflexionar con la mente y el corazón “el sentí-pensar” para encontrar la voluntad de Dios; interpretar la fe y los signos de los tiempos, para discernir lo que Dios nos dice a todos (DT,2.2). El Papa Francisco nos aportó una reflexión sobre los dos objetivos implicados en el proceso de escucha: “escucha de Dios, hasta escuchar con él el clamor del pueblo y escucha del pueblo hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama”; como decía también el Obispo Angelelli, “con un oído en el pueblo y otro en el evangelio”.

Desde la simbología y el ejercicio de realizar colectivamente la entrada a un nuevo y profundo proceso eclesial, ensanchamos la carpa en el territorio, en los siguientes ítems:

Ensanchar la carpa en el territorio como “lugar teológico” y el cuidado de la casa común (2022-2023) lo interpretamos como una adaptación de la propuesta del Camino de sinodalidad diocesana, que acompañó los procesos pastorales con más sentido y comprensión de la realidad sinodal. En este sentido, algunos ejemplos manifiestan que todo fue asimilado desde “Ensanchar la carpa” y desde las variadas pastorales; también se realizó el recorrido de la Virgen (según sus advocaciones y fechas conmemorativas) por las zonas, por las casas, en los barrios, visitando y dialogando con las instituciones a partir del vínculo con las organizaciones populares.

Con la consigna “Vamos a ensanchar la carpa”, continuamos la misión desde el acompañamiento de procesos pastorales con mayor comprensión de la realidad, desde una Iglesia abierta al diálogo y a la escucha y desde la presencia comunitaria, el reconocimiento del territorio, con sus barrios y comunidades como espacios donde se manifiesta la fe. Así también, las actividades variadas se realizaron desde la Mesa de articulación interinstitucional barrial, con centros comunitarios, centros juveniles, Cáritas parroquiales y la Pastoral de la salud; en la articulación de emprendedores/construcción; con los Hogares de Cristo y desde las comunidades, por el cuidado de la vida, para seguir trabajando por la dignidad de nuestro pueblo, por la igualdad de oportunidades, por la casa común y el medioambiente. Desde la pastoral social, ensanchar la carpa con militantes socio-políticos-culturales por una vida digna, por la justicia social y desde una mirada profética de denuncia y anuncio por otra forma de vida con mejores oportunidades de trabajo, entre otros.

A fines de 2024, a partir de la Puerta del Año Santo y desde la simbología de la puerta, que sintoniza con algunas referencias de lenguaje y contexto sobre la metáfora, se impulsaron la reflexión y el análisis, como el eco de abrir las puertas del corazón y de las comunidades.

A partir de la Apertura del Tercer Sínodo diocesano y en pleno proceso y desarrollo de las Sesiones con las Asambleas de los sinodales de los cinco decanatos, se continúa con las asambleas decanales con las temáticas que acompañan los debates, la reflexión y el discernimiento. 

Las orientaciones aportadas por los Instrumentos de trabajo sinodales: “Iglesia de Quilmes, camina con la alegría del Evangelio”, se nutren, además, del magisterio del Papa Francisco y de las conclusiones del Sínodo sobre la Sinodalidad, como marco de referencia. Asimismo, con los aportes de la reunión plenaria del presbiterio de diciembre de 2024, de biblistas y de textos de mujeres de las prácticas teológico-pastorales, entre otros, se plantean las temáticas que orientarán el discernimiento en las comisiones del Tercer Sínodo diocesano, como son: las temáticas del clamor de los pobres y de la casa común; de las mujeres; y de la comunicación y redes, entre otras. Este proceso concluirá el 19 de septiembre de 2026, con la clausura, el envío y la presentación del Documento final en el marco de la fiesta diocesana hacia el Jubileo de los 50 años de la fundación de la diócesis.

En conclusión, el breve trayecto permite afirmar que la experiencia de la diócesis de Quilmes constituye un proceso sostenido de recepción del Concilio Vaticano II en el contexto de una Iglesia local latinoamericana. Desde su creación en 1976, la pastoral impulsada por Jorge Novak asumió como ejes constitutivos la opción por los pobres, la defensa de los derechos humanos, el ecumenismo y la misión, configurando una identidad eclesial que encontró en la participación comunitaria y el discernimiento compartido rasgos permanentes de su vida pastoral.

El proceso sinodal que se está desarrollando particularmente en el Tercer Sínodo Diocesano no representa una ruptura con aquella tradición fundacional, sino una profundización de un estilo eclesial que hoy encuentra un renovado impulso en el magisterio del papa Francisco y en el Sínodo sobre la Sinodalidad.

Uno de los aportes más significativos de esta experiencia ha sido la articulación entre discernimiento espiritual, participación comunitaria y compromiso con la realidad social. La escucha recíproca, la conversación en el Espíritu y la construcción de espacios de diálogo están favoreciendo el compromiso de plantearnos prácticas pastorales capaces de integrar la diversidad de ministerios, carismas y experiencias presentes en la Iglesia local. Al mismo tiempo, la inserción en el territorio va reafirmando que la misión se desarrolla en diálogo permanente con los clamores de los pobres, el cuidado de la casa común y los desafíos culturales de nuestro tiempo.

Asimismo, el análisis realizado pone de manifiesto la importancia de las mediaciones simbólicas en la construcción de la experiencia sinodal. Las imágenes de la tienda, la carpa y la puerta no constituyen únicamente recursos pedagógicos, sino expresiones de una hermenéutica pastoral que orienta el discernimiento comunitario, fortalece la identidad eclesial y anima la apertura misionera. Estos símbolos han permitido traducir en prácticas concretas la invitación a ensanchar los espacios de participación, acoger la diversidad y fortalecer los vínculos entre la Iglesia y el territorio.

Finalmente, somos invitados e invitadas a continuar profundizando sobre los procesos de recepción de la sinodalidad en las Iglesias locales latinoamericanas. La experiencia de la diócesis de Quilmes muestra que la renovación impulsada por el Concilio Vaticano II permanece abierta y que el camino sinodal constituye una oportunidad para fortalecer una Iglesia más participativa, corresponsable, misionera y comprometida con la construcción de una sociedad fundada en la dignidad humana, la justicia social y el cuidado de la creación. Desde las experiencias de las Iglesias locales, este camino adquiere mayores posibilidades de contribuir a la construcción del Reino.

 

*Isabel Iñiguez es licenciada en Teología Pastoral por la UCA (Buenos Aires, Argentina), coordinadora del Equipo de Amerindia Argentina y asesora del CEFORBIQ (Centro de Formación Bíblica de la Diócesis de Quilmes). Es secretaria de la Comisión Decanal de Quilmes y sinodal del Primer y el Tercer Sínodo de la Diócesis de Quilmes.

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