La misión digital en el camino sinodal

La misión digital en el camino sinodal
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Por: Agustín Podestá*

23 de julio de 2026

 

El proceso sinodal impulsado por el papa Francisco y reforzado por León XIV no solo ha invitado a la Iglesia a reflexionar sobre sí misma, sino también a discernir cómo anunciar hoy el Evangelio en los nuevos escenarios de la humanidad. Entre los diez Grupos de Estudio creados para profundizar cuestiones surgidas durante el Sínodo, el tercero estuvo dedicado íntegramente a un desafío que hace apenas algunos años parecía marginal y que hoy resulta ineludible: la misión de la Iglesia en la cultura digital.

El Grupo de Estudio N.º 3, dedicado a «La misión en el ambiente digital», tuvo la tarea de escuchar, dialogar y elaborar orientaciones sobre un fenómeno que atraviesa la vida cotidiana de millones de personas. Su informe final es el fruto de un amplio proceso de escucha en el que participaron conferencias episcopales, expertos, investigadores, jóvenes y numerosos misioneros digitales de distintos continentes. Este documento es fruto de un verdadero ejercicio de discernimiento eclesial acerca de uno de los ámbitos donde hoy se realiza también la misión de la Iglesia.

La pregunta de fondo es cómo anunciar el Evangelio en una cultura donde buena parte de las relaciones humanas, de las búsquedas espirituales y de la construcción de sentido pasan también por los espacios digitales.

Durante mucho tiempo la presencia de la Iglesia en internet fue pensada principalmente desde una lógica instrumental: utilizar nuevas herramientas para transmitir mensajes. Sin embargo, el camino recorrido por el magisterio de los últimos años —desde Hacia una plena presencia hasta el Documento Final del Sínodo— ha permitido comprender que el desafío es más profundo. El ambiente digital no es solamente un conjunto de tecnologías, sino una cultura, con lenguajes, dinámicas, vínculos y formas de habitar el mundo que configuran la experiencia humana contemporánea.

Precisamente allí radica una de las principales aportaciones del informe. La misión digital no consiste simplemente en producir contenidos religiosos o abrir perfiles en redes sociales. Supone aprender a habitar una cultura, comprender sus códigos, reconocer sus posibilidades y también sus límites, para que el Evangelio pueda encarnarse allí donde las personas viven, dialogan, sufren, buscan respuestas y construyen comunidad.

Este cambio de perspectiva tiene consecuencias pastorales muy importantes. Si el continente digital forma parte de la vida cotidiana de millones de personas, entonces también forma parte del horizonte de la evangelización. No porque la Iglesia deba adaptarse a las modas tecnológicas, sino porque su misión siempre ha consistido en salir al encuentro de las personas allí donde ellas se encuentran.

En este sentido, el informe insiste en que los espacios digitales pueden convertirse en verdaderos lugares de escucha. Muchas personas expresan en ellos sus preguntas más profundas, comparten sufrimientos, buscan acompañamiento o intentan reconstruir vínculos rotos. La misión digital aparece así como una forma concreta de vivir la cercanía, el diálogo y el acompañamiento pastoral propios de una Iglesia sinodal.

Al mismo tiempo, el documento recuerda que el mundo digital tampoco es un espacio neutral. Las brechas de acceso, la desigualdad tecnológica, la concentración del poder en pocas plataformas, la desinformación, la polarización y las dinámicas algorítmicas generan nuevas formas de exclusión. Por eso la misión digital no puede reducirse a una estrategia comunicacional: forma parte también de la dimensión social de la evangelización y de la opción preferencial por los pobres. Hablar de inclusión hoy implica también promover una comprometida y profética inclusión digital para que nadie quede excluido de esta nueva dimensión de la vida social.

Otro de los aportes más significativos del Grupo de Estudio 3 es la importancia otorgada a la formación. Así como los grandes misioneros de otros tiempos aprendieron idiomas, conocieron culturas y comprendieron las tradiciones de los pueblos a los que eran enviados, también hoy quienes anuncian el Evangelio necesitan comprender los lenguajes propios de la cultura digital. No basta con dominar herramientas tecnológicas; es necesario desarrollar criterios de discernimiento, madurez espiritual, capacidad de diálogo y una sólida formación teológica que permita evangelizar sin perder la profundidad del mensaje cristiano.

El informe introduce además una cuestión particularmente novedosa para la vida de la Iglesia: la relación entre misión digital y organización eclesial. Las estructuras pastorales tradicionales se desarrollan principalmente sobre un criterio territorial —parroquias, diócesis, conferencias episcopales—, mientras que la cultura digital funciona a partir de redes que atraviesan fronteras, idiomas y países. Un misionero digital puede llegar, escuchar y hasta acompañar simultáneamente a personas de distintos continentes sin pertenecer jurisdiccionalmente a ninguno de esos territorios.

Esta realidad plantea desafíos inéditos. ¿Cómo acompañar a quienes desarrollan esta misión? ¿Cómo fortalecer su comunión eclesial? ¿Qué formas de discernimiento y corresponsabilidad son necesarias? El informe no ofrece respuestas canónicas definitivas, pero sí una orientación: la relación entre los obispos y los misioneros digitales debe fortalecerse desde una lógica pastoral y sinodal, basada en el acompañamiento, el reconocimiento y el discernimiento compartido.

Quizá ese sea uno de los mayores valores de este trabajo. La misión digital deja de aparecer como una iniciativa individual de personas especialmente hábiles en las redes sociales para ser reconocida como una auténtica dimensión de la misión evangelizadora de toda la Iglesia. Se trata de una llamada a caminar juntos, integrando los nuevos carismas que el Espíritu suscita en este tiempo dentro de la comunión eclesial.

Concluyendo, el informe del Grupo 3 expresa que la cultura digital no constituye un ámbito periférico de la vida eclesial, sino uno de los espacios donde hoy también se juega el anuncio del Evangelio. La misión de la Iglesia continúa siendo la misma; lo que cambia son los areópagos donde hombres y mujeres buscan sentido, construyen relaciones y abren su corazón a la trascendencia.

Habitar esos espacios con espíritu misionero, con capacidad de escucha, con predicación kerygmática, con discernimiento y con una profunda humanidad constituye uno de los grandes desafíos pastorales de este tiempo. El trabajo realizado por el Grupo de Estudio 3 representa un paso importante en ese camino y ofrece orientaciones valiosas para seguir construyendo una Iglesia cada vez más sinodal, capaz de anunciar a Cristo también en el corazón de la cultura digital.

 

* Magíster en Teología con especialización en Historia de la Iglesia (UCA) y Diplomado Superior en Ecología Integral (Red RUCC). Es Director del Departamento de Teología de la Universidad del Salvador, Argentina. Es colaborador del Dicasterio para la Comunicación de la Santa Sede. Coordinador académico de líneas estratégicas del CEBITEPAL-CELAM. Miembro de la Sociedad Argentina de Teología.

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