La sinodalidad no solo puede vivirse en las comunidades presenciales, sino también en los entornos digitales. Ese fue el principal mensaje del webinar dedicado a reflexionar sobre la presencia de la Iglesia en las redes sociales, donde comunicadores, teólogas y misioneras digitales coincidieron en que el mundo digital se ha convertido en un verdadero espacio de encuentro, escucha, discernimiento y evangelización.
El encuentro, inaugurado con un mensaje de monseñor Lucio Ruiz, secretario del Dicasterio para la Comunicación, propuso una mirada pastoral sobre la cultura digital como un nuevo territorio misionero. “Hoy nos toca a nosotros escribir este nuevo capítulo misionero”, dijo, al recordar que la Iglesia está llamada a anunciar el Evangelio aprendiendo “el lenguaje, las costumbres, los tiempos y la narrativa” de la cultura digital para que el mensaje llegue al hombre y la mujer de hoy.
Durante el webinar se insistió en que la misión digital no consiste únicamente en producir contenidos, sino en construir relaciones auténticas desde la lógica de la sinodalidad: escuchar, discernir y caminar juntos.
La escucha, punto de partida de la sinodalidad
Durante el encuentro se hizo hincapié en que toda experiencia sinodal comienza con la escucha. Desde la Escuela de Sinodalidad se subrayó que el desafío consiste en “partir desde la escucha y del discernimiento”, reconociendo nuevas vocaciones y otorgándoles el lugar que les corresponde dentro de la Iglesia en el nuevo contexto cultural.
La comunicadora Patricia Morgante invitó a comprender que las redes más allá de las plataformas tecnológicas, como una prolongación de las relaciones humanas.
“Nosotras somos redes”, dijo, explicando que las redes sociales funcionan porque reproducen la manera en que las personas se relacionan y cooperan. Desde esa perspectiva, planteó preguntas fundamentales para toda presencia digital: “¿Qué quiero compartir?, ¿qué dones quiero hacer florecer?, ¿qué movimiento virtuoso quiero generar?”.
La reflexión estuvo atravesada por conceptos propios de la comunicación sinodal como la comunión, la cooperación y la empatía, entendida esta última como una actitud indispensable para habitar humanamente los espacios digitales.
Del Sínodo Digital al nacimiento de comunidades internacionales
Verónica Brunkow, compartió su testimonio y relató cómo su camino en la misión digital comenzó durante la pandemia y posteriormente la condujo a participar activamente en el Sínodo Digital.
Tras integrarse a una red de evangelizadores digitales, fue convocada junto a otros 250 misioneros de distintos países para participar en la escucha sinodal. Más tarde colaboró en el análisis de las más de 150.000 respuestas recogidas en la consulta digital.
Los resultados la sorprendieron: el 50 % de quienes participaron eran católicos, el 40 % personas alejadas de la fe y el 10 % agnósticos.
“Ese fue un terreno sagrado”, recordó, al constatar que la misión digital logra llegar a las periferias existenciales y entrar en diálogo con personas que normalmente no participan de espacios eclesiales.
Pero el mayor fruto del proceso fue el nacimiento de auténticas comunidades sinodales. A partir del Sínodo Digital comenzaron experiencias de discernimiento comunitario mediante reuniones virtuales en pequeños grupos, momentos de oración compartida y encuentros internacionales que fortalecieron los vínculos entre misioneros digitales.
Aquella experiencia desembocó primero en un encuentro de 550 participantes durante la Jornada Mundial de la Juventud en Lisboa y posteriormente en el Jubileo de los Misioneros Digitales e Influencers Católicos, que reunió en Roma a cerca de mil personas.
Según explicó Verónica, estos procesos dieron origen a una comunidad internacional basada en el “compartir de bienes” y el “compartir de dones”, experiencia que luego comenzó a replicarse en diócesis de Filipinas, Colombia y Argentina, donde los misioneros digitales pudieron dialogar directamente con sus obispos.
Redes que custodian vidas
La hermana Norma Olaeta, STJ, compartió diversas experiencias que muestran cómo las plataformas digitales pueden convertirse en verdaderos espacios de acompañamiento humano. Entre ellas destacó un programa de acompañamiento al duelo que combina oración diaria, seguimiento personal y encuentros comunitarios por videoconferencia.
“Es un espacio que custodia vidas”, señaló, al explicar que estos procesos permiten generar vínculos profundos, confianza y acompañamiento incluso en situaciones de gran vulnerabilidad.
La religiosa recordó que la pandemia mostró la capacidad de la Iglesia para reinventar sus formas de encuentro y mantener vivas la oración, la formación y la comunión a través de los medios digitales.
El webinar concluyó con una invitación a compartir buenas prácticas sinodales para enriquecer el proceso de implementación del Sínodo, reafirmando que la escucha, la comunión y el discernimiento compartido también pueden florecer en los entornos digitales, donde la Iglesia está llamada a escribir una nueva página de su misión evangelizadora.
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