
Autor: Eduardo de la Serna
La Iglesia debería siempre, en todo momento, sean de crisis o de renovación, mirar sus momentos fundacionales para buscar ser la Iglesia que Jesús quería.
Jesús se presenta “en camino” con los suyos; camino que ciertamente tiene una dirección y una meta, pero que no camina solo. Pablo no se siente aislado ni de su equipo apostólico ni de sus comunidades; por eso pretende una comunidad horizontal, donde incluso sabiendo que tendría autoridad para “ordenar” prefiere “exhortar”, porque esos son los caminos del amor.
Un sínodo se trata de “caminar juntos”, pero ciertamente no se trata de cualquier meta, ni de cualquier comunidad de peregrinos. No se trata de que determinadas cosas se decidan por “mayoría”. Se trata de una comunidad de fe, que pretende dejarse conducir por el Espíritu Santo. Una comunidad que tiene una meta. La meta definitiva es el encuentro de todos con Dios que es comunidad; la meta circunstancial se trata de buscar juntos el mejor camino para ser fieles al sueño de Dios para nuestro tiempo y nuestro espacio (= reinado de Dios). Por eso es imagen frecuente en los Evangelios, por eso es el modo que Pablo busca vivir y compartir con sus comunidades.
La Iglesia, pueblo de Dios, conducida por el Espíritu Santo, ha de buscar escuchar siempre su voz, que sopla donde quiere, para encontrar siempre caminos nuevos para caminar juntos. No se trata de una moda contemporánea; se trata sencillamente de ser Iglesia, de ser “la Iglesia que Jesús quería”.
