CEB, sinodalidad y profecía social: un camino de fe y compromiso*

CEB, sinodalidad y profecía social: un camino de fe y compromiso*
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Por: Eurides Alves de Oliveira** 

16 de octubre de 2025

Como Pueblo de Dios en camino, seguimos la senda de la sinodalidad, ahora en la fase de implementación de las conclusiones y compromisos que nos han llegado, en el Documento final del Sínodo sobre la sinodalidad y en las orientaciones de la Secretaría General del Sínodo, para que se concreten en las iglesias locales de todo el mundo.

Los números 47 y 48 del Documento Final tratan sobre la sinodalidad como profecía social, una dimensión importante y necesaria para que la Iglesia asuma su misión en el mundo, con fuerza de transformación social. Una tarea que, en estos tiempos de transición histórica, marcados por grandes desafíos socioeconómicos, socioambientales, políticos, culturales y religiosos, convierte la profecía social en un paradigma, en una praxis urgente y necesaria.

En una época marcada por el aumento de las desigualdades, por la creciente desilusión con los modelos tradicionales de gobernanza, por el desencanto con el funcionamiento de la democracia, por las crecientes tendencias autocráticas y dictatoriales, por el dominio del modelo de mercado sin tener en cuenta la vulnerabilidad de las personas y de la creación, y por la tentación de resolver los conflictos mediante la fuerza en lugar del diálogo” (Documento Final del Sínodo, n. 47), la práctica sinodal surge como una elocuente señal de esperanza profética.

Las Comunidades Eclesiales de Base (CEB), la sinodalidad y la profecía social están profundamente interrelacionadas, formando una forma de ser Iglesia que camina con el pueblo, escucha sus dolores y esperanzas y se posiciona activamente en la construcción de una sociedad más justa. Las Comunidades Eclesiales de Base, siempre que han sabido integrar la defensa de los derechos sociales con el anuncio misionero y la espiritualidad, han sido verdaderas experiencias de sinodalidad…” (QA 96).

La sinodalidad, del griego «sýnodos», significa caminar juntos, lo que se traduce en una forma de ser y actuar en la que todos y todas: laicos, religiosos, sacerdotes y obispos, y también el Papa, están llamados a participar, a escucharse unos a otros y a discernir juntos el camino a seguir, inspirados por el Espíritu Santo. Se trata de un camino de comunión y participación que valora la contribución de cada bautizado en la misión evangelizadora y profética de la Iglesia. La sinodalidad busca superar la visión de una Iglesia jerárquica y vertical, abriendo espacio para un amplio protagonismo laico y para la corresponsabilidad de todo el Pueblo de Dios.

La profecía social brota de la lectura de la realidad a la luz del Evangelio, revelando que la fe no puede vivirse aislada del mundo, sino que requiere un compromiso con la transformación social. Es la denuncia de las injusticias sociales y la defensa de la vida en plenitud. Al igual que los profetas y profetisas de ayer y de hoy, la profecía social es la encarnación de la Palabra de Dios en contextos concretos, especialmente en situaciones de exclusión, dolor y sufrimiento de los pobres y marginados. Es la voz que se alza para cuestionar las estructuras de poder que oprimen, las economías que excluyen y las políticas que no respetan la dignidad humana.

El vínculo entre el camino de las CEB y la vivencia de la sinodalidad como profecía social es visible, son faros de luz para toda la Iglesia. Un referente que debe ser retomado como forma de ser de toda la Iglesia.  

Nacidas en Brasil y en otros países de América Latina en la década de los 70, como resultado de la recepción y la concretización del Concilio Vaticano II, que convocó a la Iglesia a insertarse en el mundo y ser en él un signo del reino de Dios, como un soplo del Espíritu Santo de Dios, las CEB ya nacieron sinodales: como pequeñas comunidades de hermanas y hermanos que se reúnen para leer la Biblia, reflexionar sobre la vida en comunidad y actuar en la sociedad como profetas sociales.

El Documento final del Sínodo afirma: “la forma sinodal de vivir las relaciones es una forma de testimonio ante la sociedad. Además, responde a la necesidad humana de ser acogido y sentirse reconocido en una comunidad concreta. Es un desafío al creciente aislamiento de las personas y al individualismo cultural, que también la Iglesia ha absorbido a menudo, y nos llama al cuidado mutuo, a la interdependencia y a la corresponsabilidad por el bien común” (n. 48). De este modo, no hay duda de que las CEB son, por excelencia, un espacio de sinodalidad, ya que en ellas las decisiones se toman de forma participativa, con el liderazgo de laicos y laicas, y a partir de la escucha de la Palabra y de la realidad local. Es en este ambiente donde los miembros aprenden a «caminar juntos», fortaleciendo la comunión y la corresponsabilidad por la misión de la Iglesia.

La experiencia comunitaria y la profunda conexión entre la fe y la vida impulsan la profecía social de las CEB. Al reunirse en los círculos bíblicos y en los grupos de conversación formativa, los miembros comparten sus dificultades y luchas cotidianas, como la falta de políticas públicas de vivienda, salud, educación, las situaciones de violencia, la degradación ambiental… A partir de la lectura orante y popular de la Biblia, las comunidades se sienten llamadas a actuar, denunciando las injusticias y participando en movimientos sociales, sindicatos y/u otras formas de organización popular. La profecía de las CEB, por lo tanto, no es teórica, sino que está arraigada y encarnada en la vida y la lucha del pueblo, especialmente de las poblaciones empobrecidas y periféricas.

En este tiempo jubilar de la Iglesia, en el que también celebramos el jubileo de los 50 años de los encuentros intereclesiales de las CEB, es momento de afirmar que las CEB son un laboratorio de sinodalidad y profecía social. Caminando juntas como Pueblo de Dios, son una voz que anuncia la esperanza del Evangelio y denuncia todo lo que hiere el Proyecto liberador de Dios. La profecía de las CEB, unida a las luchas populares en favor de la justicia social, la paz y una vida digna, se basa en la Palabra de Dios y en la doctrina social de la Iglesia. Esta experiencia es vital para la Iglesia actual, recordando que la fe, la misión evangelizadora sin el compromiso con la vida de los más pobres, sin la fuerza de la transformación social, es incompleta y, a veces, estéril. La Iglesia sin comunidad se convierte en una estructura vacía, burocrática y sin vida. 

Por lo tanto, es urgente reavivar la vocación/misión de las CEB en la vivencia de la sinodalidad y la profecía social. Como afirma el n.º 117 del Documento Final del Sínodo, “… la parroquia no está centrada en sí misma, sino orientada a la misión y llamada a apoyar el compromiso de tantas personas que, de diversas maneras, viven y dan testimonio de la fe en la profesión y en la actividad social, cultural y política. En muchas regiones del mundo, las pequeñas comunidades cristianas o las comunidades eclesiales de base son el terreno donde pueden florecer intensas relaciones de proximidad y reciprocidad, ofreciendo la oportunidad de vivir concretamente la sinodalidad”. 

Comprometámonos, pues, a asumir la sinodalidad en la práctica cotidiana. La sinodalidad no es solo un modelo interno de organización eclesial. Es una propuesta de vida, un estilo que también puede fecundar la cultura, la política y la economía. Vivida en comunidad, hace de la Iglesia una auténtica profecía social: ¡signo del Reino de Dios que ya está entre nosotros!

* Artículo publicado en el Portal de las CEB: https://portaldascebs.org.br/cebs-sinodalidade-e-profecia-social-um-caminho-de-fe-e-compromisso/.

** Originaria de Aparecida de Goiânia-GO, religiosa de la Congregación del Inmaculado Corazón de María, licenciada en Ciencias Sociales, máster en Ciencias de la Religión, especialista en Gestión Social. Vicecoordinadora de la CRB Regional Manaus – AM/RR, integrante de la Red Un Grito por la Vida y de la Comisión Especial Pastoral de Lucha contra la Trata de Personas de la CNBB – CEPHETH, asesora de las Comunidades Eclesiales de Base (CEB) de la Región Norte I.

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